Las imágenes fueron no solo elocuentes sino, además, desgarradoras. De entrada un pseudo-humano jactándose (por teléfono) de haber matado a un árabe, posteriormente se dirige –en un acto de flagrante cobardía- a tocarle el pecho a una ecuatoriana (menor de edad), luego sin más…bueno, con más (más insultos, agresiones verbales y calificativos) le pega una bofetada y una patada en el rostro. El argentino (acusado de impasivo en el acto) consuela a la muchacha señalandole la cámara pues las imágenes no solo darían la vuelta al mundo sino que en cualquier lugar del mismo, son prueba evidente de que se puede ajusticiar a la víctima. En cualquier lugar, parece, menos en la hermosa Barcelona. Aunque pensándolo bien quien sabe ya si en cualquier lugar…
Cuando se determinó la identidad del remedo de humano que agredió a la muchacha ecuatoriana todo parecía apuntar a que el hecho que indignó al mundo tendría un final ejemplar. Sergi Xavier Martín Martínez, recuerde bien este nombre: Sergi Xavier Martín Martínez no solo está en libertad sino que se ha dado el lujo de reírse de la opinión pública, de los medios de comunicación, de la sociedad, del mundo. Dos días después de haber propinado la golpiza a la menor de edad ecuatoriana se vió asediado por variopintos periodistas que buscaban conocer más sobre el hecho; luego de haber espantado a los primeros a manotazos cayó en cuenta de que podía lucrar con el hecho, llegando a cobrar hasta 2 mil euros por entrevista, saliendo de su casa sonriente y cerveza en mano, para ser captado por las cámaras locales y mundiales.
En tanto la fiscalía y el tribunal supremo catalanes se tiran la pelota por la libertad otorgada a Xavier tras su primera declaración, él sigue por las calles de Barcelona, dando entrevistas, enriqueciéndose con ello, contando su trágica historia de abandono materno, padre alcohólico, desempleo…lo cual no solo la llevó a golpear a la muchacha ecuatoriana sino, seguramente, también al robo con violencia que figura en sus antecedentes. Pero, por supuesto, nada era culpa de Xavier, él estaba borracho: decena y media de cervezas, varias cubatas y un toque de éxtasis.
El informe del juez dictamina que Xavier pellizcó en el pecho a la víctima, pero no hay un delito contra la libertad o la indemnidad sexual, como tampoco lesión psíquica en la víctima, al final, ella solo tiene un poco de miedo, debe acudir acompañada a su centro de enseñanza y tiene problemas para conciliar el sueño antes de cumplir sus 18 años. Nada grave. Y un pellizco, pero si solo fue un pellizquito. Las agresiones verbales ni se las menciona.
Queda latente la imagen para los inmigrantes latinos, los inmigrantes todos en Europa (y, por supuesto en todo el mundo) y la recomendación, no esperen mucha protección en la “madre patria” (que después de todo medio madre desnaturalizada había sido) mejor pongan en la maleta un casco. Después de tal bochornoso episodio para la humanidad parece ser que lo único seguro que tendremos al otro lado de la frontera es el casco.


Concienciobediencia






