miércoles 20 de agosto de 2008




"Modestamente,

la televisión no es culpable de nada.

Es un espejo en el que nos miramos todos,

y al mirarnos nos reflejamos"





(J. de Armiñán)





El día de ayer, en un conflictivo escenario social politizado, los periodistas y camarógrafos de muchos medios de comunicación (amarrillos, rojos, verdes y azules) han sido violentados en su labor. La ANP está, con razón, preocupada ya que estos hechos se están convirtiendo en la norma en vez de ser la excepción. Hace poco Raúl Peñaranda, en una entrevista, dió cuenta de la “polarización de los medios”, las alertas analógicamente, advierte –y concuerdo- son homologables a nuestra realidad. Un extracto de algo que escribí sobre el tema “causales de una crisis de representación mediática”, el año pasado:

“Podemos sugerir que la libertad de expresión ha mutado en tanto su promesa de libertad se constituye, ahora, como realidad de ocultamiento y censura. Hoy, la libertad de expresión ha mutado hacia la libertad de empresa y más que abrirse a la pluralidad de voces que conforman y demandan una democracia, se está cerrando, cumpliendo más la función de un dispositivo de regulación de conflicto, un administrador de entradas y salidas que permite el ingreso al espacio público mediatizado solamente a aquellos que comporten el orden o que hagan preguntas, para las cuales el régimen político tenga ya respuestas de forma anticipada.

Más allá de conocer que la política esté mediatizada (en tanto el sistema comunicacional se plantea, actualmente, como eje gravitacional de la misma) es importante también dar cuenta de que los medios se han politizado. Lo cual produce una primera inflexión en el campo de la comunicación política y una segunda inflexión en el campo de la libertad de expresión. Es importante distinguir que, cuando hablamos de politización, nos estamos refiriendo a la toma de posición política en el centro del debate sobre algún determinado tema, este puede ser hacia algún grupo de poder (político o económico) que busque tener incidencia (o que ya la tenga) en el ámbito de la política.

En términos normativos el planteamiento se hace mucho más claro, si la crisis de representación política es un problema que afrontan las democracias (que no el único) y que se entiende/estudia en el campo de la comunicación política, la crisis de representación mediática no está exenta de ser discutida en este campo.

Entonces, ¿qué entendemos por crisis de representación mediática? Retornemos a la concepción que presentamos en un principio, de que toda comunicación es política y viceversa, esto no debería extrañarnos. Y, así es, el asunto está en que todo medio apunta a un fin político, no está exento de generar una opinión (a veces más, a veces menos evidente), el problema, entonces, se denota en tanto la libertad de expresión era esta promesa de pluralidad de voces múltiples, sin embargo, la sociedad de consumo, en la cuál los medios han jugado un papel importante y se desenvuelven más en este espacio económico que en el político-democrático, ha secuestrado a la libertad de expresión, encaminándola a sus beneficios y generando las dos principales aporías de dicha libertad: la primera, que si bien se la configura como un dispositivo democratizador, en su nombre se (de) generan, precisamente, espacios no democráticos; y la segunda, la libertad que pretende defender se limita al acceso a la publicidad (lo que se hace público) mediática, es decir al sistema de medios.”







Quino, obvio









Por si este post no está con excesiva "mediatitis" aún, debo, DEBO, reproducir un artículo de un buen amigo, ya que con el proceso ratificatorio quedé a medias, me quitó las palabras de la boca, al menos sobre estos actores. A ver si luego saldamos la deuda...


Medios, miedos y votos

Por: Claudio Rossell Arce

Aunque al momento de escribirse este texto todavía no se conocen los resultados del Referéndum del pasado domingo al 100 por ciento, es un hecho que la votación ha producido muchos vencedores, comenzando por el Presidente y el Vicepresidente de la República, que ostentan una legitimidad histórica no sólo para el país sino para el continente, según lo prueban los sorprendidos, entusiasmados y hasta azorados comentarios que pueden leerse en la prensa extranjera; asimismo, algunos prefectos opositores también tienen mucho que celebrar, aunque esto signifique que en la euforia olviden darse cuenta de que no es lo mismo una votación departamental que una nacional.

Queda pendiente, aunque a algunos medios de comunicación les provoque tanto escozor que preferirán no hacerlo, una cuidadosa lectura de la geografía electoral, pues las posibles interpretaciones al resultado de la votación no se agotan en los porcentajes nacional y departamental, sino que más bien habilitan una cuidadosa interpretación a partir de observar cómo votó la ciudadanía en las provincias, pues más allá del conocido argumento de que la población rural apoya decididamente al actual gobierno (¿por qué será?), estos resultados también marcan la pauta de la gobernabilidad en las prefecturas, que algunos sueñan ver convertidas en feudos (en el sentido estricto de la palabra) cuyos castillos son custodiados por fieras uniones juveniles…

Mientras tanto, es posible hacer algunas reflexiones sobre lo que se pudo ver, leer y escuchar el día del referéndum a propósito de la votación y sus resultados.

Primero, ha quedado claro que los efectos de la propaganda tienen límites. Incluso en los escenarios más oprobiosos, como aquella ciudad en la que el disenso y la opinión crítica son castigados con el repudio público, el desempleo y la abierta amenaza terrorista, hay porcentajes importantes de gente que o no abandona sus ideas a pesar del martillo (físico o simbólico) que les amenaza o, sin decirlo en púbico, expresa su rechazo a la mentira orquestada en cuanto puede hacer efectivo su voto. Por cierto, la reflexión es válida para ambos bandos en pugna.

Esto nos lleva a una segunda reflexión: es demasiado temeraria la hipótesis de que “la gente se cansa” de ir a votar, y el índice de participación ciudadana el 10 de agosto es la prueba contundente de que la “madurez democrática” de la gente es más que un eslogan. Cabe, en todo caso, la posibilidad de suponer que quienes sí se cansan son aquellos que le tienen pavor al nuevo rostro de la democracia, que hace ya años dejó de ser “representativa” para convertirse de a poco en “participativa”. Finalmente, no debe olvidarse que el voto es una forma más de la libertad de expresión, y es difícil imaginar a una sola persona renunciando voluntariamente, por cansancio, a este derecho.

Dicho esto, resulta inevitable referirse a los canales por los cuales se difunde tanto la propaganda como la falacia del cansancio con el voto: los medios de comunicación. Si bien desde una lectura cínica es posible considerar aceptable, cuando no correcto, el que los medios (o sus operadores, más bien) tomen partido, los excesos que cometen los sitúan más cerca del ridículo que del servicio social. Por grande que sea la tentación, evitaremos citar ejemplos de lo afirmado, baste con recordar los apocalípticos titulares de más de un periódico el día del referéndum. Asimismo, las lecturas que se hicieron al calor de la sorpresa o el azoro al conocerse los resultados del “conteo rápido” muestran una perversa predilección por la confrontación (o la desintegración nacional, en algunos bien conocidos casos) antes que por la búsqueda de posibilidades de acuerdo o, cuando menos, acercamiento.

Puestas así las cosas, se puede decir que hay esfuerzos que, vistos en perspectiva, resultan excesivos en relación con sus resultados.



 
posted by La Vero Vero at 7:12 AM |


6 Comments:


At 20 de agosto de 2008 7:40, Blogger La Vero Vero

Habitantes de la Resistencia: espero sepan disculpar el ataque crónico de mediatitis y el desorden del post (hoy encendimos la tele y hasta blogger se enojo, por lo visto)

Responderé pronto a sus comentarios.

Abrazos

 

At 20 de agosto de 2008 10:04, Blogger Pedro

El verdadero rostro del “triunfo” masista en el referéndum
Pedro Portugal M.
www.periodicopukara.com

“El referendo revocatorio del 10 de agosto en Bolivia, contrario a algunas interpretaciones triunfalistas, es una clara derrota del gobierno que no solo refuerza la división de facto del país, sino que le concede a la subversión separatista un halo de legalidad que antes no poseía.” Quien recientemente escribe lo anterior no es ningún despistado servidor de la oligarquía medialunera. Se trata de Heinz Dieterich, el teórico del Socialismo del Siglo XXI.
Y es que la “victoria” de Evo Morales despierta sentimientos encontrados entre sus mismos simpatizantes. Están quienes infantilmente enrostran a la cara de quienes expresan dudas sobre el gobierno del MAS, el 67 % de votos favorables a su presidente. Para estos pipiolos la victoria del SI en su referéndum la experimentan como un triunfo personal, en una apuesta existencial que no quiere poner en duda la certidumbre de su anhelo. Pero están también quienes, de manera circunspecta o angustiada, perciben detrás de ese soberbio triunfo retos y compromisos difíciles de resolver y salvar.
En realidad, el triunfo en un referéndum (y en cualquier votación) no consiste en la cantidad aritmética de votos, sino en la posibilidad de aplicar políticas que esa dicha cantidad puede permitir y validar. ¿De qué sirve tener mayoría de votos si las cosas siguen como antes, o aun peor?
Antes teníamos una administración paralizada. Ahora tenemos un gobierno pasmado. Previo el referéndum, en Sucre golpearon y humillaron a indios quechuas. Después del referéndum, en Santa Cruz humillaron y golpearon a autoridades policiales. En ambos casos el gobierno estuvo presente solamente por detrás, farfullando órdenes e instrucciones a las víctimas.
La razón profunda de esta tragicomedia es que el gobierno del MAS y de Evo Morales carece de doctrina y de políticas, pero abunda en lemas y en poses. Hasta ahora los ganadores de las elecciones del 2005 “no pueden creer que sean gobierno”, tal como cándidamente lo confesó una vez Evo Morales. Lo dramático en todo esto es que el pueblo que lo apoya tampoco se da cuenta cabal de esta perplejidad (y de la inacción que la acompaña)… por lo menos hasta ahora.
Esta situación está ejemplarizada con lo sucedido la noche del domingo, cuando se supieron los primeros resultados del referéndum. En la plaza Murillo de La Paz, los militantes masistas concentrados coreaban a su presidente: “mano dura”. Éste, en su discurso, empezó agradeciendo a las autoridades, entre ellas a las “autoridades departamentales” (curioso auto bochorno de la autoridad presidencial). Prestando oídos sordos a los gritos de “mano dura”, Evo convocó al diálogo a los prefectos. Señal pacificadora, que fue seguida de otras señales ofensivas y de algunas más imprecisas, para terminar con dos gritos (no uno, ni tres) de “Patria o Muerte”. ¡Una ensalada de mensajes, para que cualquiera las interprete según su buena conciencia!
Lógicamente, a esta inconsistencia de palabras debían seguir incoherencia de acciones. Los Prefectos no asistieron una primera convocatoria. Fueron después, pero el Presidente no estaba para recibirlos. Finalmente, los “gobernadores” abandonaron las discusiones, pues lo que se les ofrecía eran incoherencias adecuadas solamente para nuestros actuales gobernantes del Palacio Quemado.
Ahora tenemos en cinco de nueve departamentos un paro de 24 horas y —con mayor riesgo que antes del referéndum— oscuros presagios de enfrentamientos y divisiones.
Existe además otro elemento que debería preocupar a nuestros gobernantes, en vez de llenarlos de fatuo orgullo. La extraordinaria votación que tuvieron en los ámbitos rurales, en El Alto y en las regiones indígenas (particularmente quechuas y aymaras) es en realidad un dogal que las clases populares y los pueblos originarios están urdiendo en torno del cuello de nuestros actuales gobernantes. De esta manera, sin tener intención de hacerlo, el actual gobierno está acelerando la educación política de amplios sectores de la población para que, llegado el momento, actúen por cuenta propia, como sucedió en 1899.
Así, la demagogia del actual período, que utilizó una supuesta legitimidad indígena para manejar con los instrumentos coloniales de siempre a las “masas”, en la perspectiva de desequilibrar un “empate” por el poder, puede acelerar la verdadera transformación, el pachakuti. Este pachakuti deberá ser verdaderamente dirimitorio; es decir, no reproducirá las perversiones políticas impregnadas en la estructura de este país por su naturaleza colonial, sino será (en la terminología de Blithz Lozada) un pachakuti primordial, portador de legítima reivindicación histórica para las naciones originarias y de sentido y esperanza para la nación boliviana, en una perspectiva de verdadera innovación, grandeza y unidad nacional.

 

At 20 de agosto de 2008 12:58, Anonymous Franco

Vero: hace rato que no paso a visitarte, que gran lectura la tuya seguida por la de Claudio. Yo no sé que, y en tan poco tiempo, ha pasado con el gremio, la pena es que los platos rotos lo pagan los compañeros de a pie que son víctimas de lo que nuestros anhelos comunicacionales se han vuelto, un mercado donde quien más vende (lo que sea) tiene más rating. Me da mucha pena por los colegas pero me alegra saber que estamos algunos todavía en la autocrítica dando batallas. Antes los medios eran nuestra esperanza de hacer comunicación ahora son nuestra pesadilla de incomunicarnos.

Un beso

 

At 20 de agosto de 2008 18:33, Blogger Lorenzo Choquehuanca Müller

Me gusta tu frase: "aquella ciudad en la que el disenso y la opinión crítica son castigados con el repudio público, el desempleo y la abierta amenaza terrorista" ¿de qué ciudad hablas: Santa Cruz, El ALto, La Paz, Cochabamba?. En todas esas pasan esas cosas, aunque esa intolerancia a veces es promovida por la oposición y otras por el oficialismo.

 

At 20 de agosto de 2008 19:50, Anonymous Pablo

De paso por aqui y veo que tienes unas lindas ovejitas. :) Saludos.

 

At 16 de septiembre de 2008 17:45, Blogger La Vero Vero

Pedro: estimado, no concuerdo en lo más absoluto con la opinión de Heinz Dieterich, menos creo que el proyecto del MAS se haya (o esté) acercando al proyecto del Socialismo del Siglo XXI que, quizás, podría funcionar en países como Venezuela. De todas formas bienvenidos sean siempre los aportes de tu periódico en este espacio. Saludos.

Franco: Que dura sentencia la tuya, quisiera poder desmentirte y decirte que no es cierto lo que mencionas, lastimosamente no puedo, en algún momento lo sugerí apelando al buen Agamben: hoy nos separa lo que ayer nos unía. No faltes a tu cita por acá, es siempre súper grato leerte. Un abrazo.

Lorenzo: Efectivamente podría habla de cualquier, así comop podría hablar de cualquier lado. En este caso compartimos la mirada. Saludos

Pablo: Ojalá nos desovejáramos todos, pronto, jé. Saludos