Imagino o, mejor dicho, en Bolivia estamos (como desde el 2002) en un ritmo constante de inflexiones políticas que ya es difícil distinguir entre las intensidades de una u otra, solamente en este año: el 2008, estaríamos hablando del 4 de mayo, del 10 de agosto, 11 de septiembre y 20 de octubre.
Sin embargo hace rato ya que vienen pasando un raudal de eventos a nivel latinoamericano que inflexan radicalmente las esferas políticas de nuestros vecinos que no son -para nada- poca cosa. Pensemos, por ejemplo, en la reciente polémica levantada en el Perú sobre la destitución de uno de los más cercanos políticos/acompañantes no sólo del APRA, sino también del presidente García en ésta y su anterior gestión, el ex primer ministro Jorge del Castillo, sustituído por un “izquierdista independiente muy reconocido por su labor al frente de la región de Lambayeque y por su talante dialogante” el actual primer ministro de Perú: Yehude Simon. Da para pensar el hecho de que García encontrándose en su peor momento – en términos de popularidad- afronte de esta manera el momento posterior al escándalo propiciado por la concesión de lotes de exploración petrolífera. Yehude, a decir de muchos, es una clara opción presidenciable en un Perú cansado de una dinámica política que no logra renovarse hace buen rato, claro, obviando la terrible ¿aparición? de Humala en el medio. ¿Cómo estará signada la próxima era política en el Perú luego de García? ¿es que se viene una renovación?
Transversalmente está la situación electoral de Estados Unidos en la que tengo muchos amigos apostando por la opción Obama que es a la que, a regañadientes apoyo, por una razón mayor que el maestro Silvio ha sabido ilustrar con sabiduría “para bien de su pueblo y para que el acto de ganar un afroamericano sea una contribución a ese mundo nuevo que prometen”; sin embargo siendo pesimista me da la leve impresión de que, aún así, McCain podría imponerse, prefiero esperar, mejor dicho, esperanzar.
Por otro lado, en Chile, acabamos de vivir una de las inflexiones más potentes en la etapa democrática contemporánea de este país el anterior domingo, si bien las tendencias eran esperadas, la sorpresa con mayores matices llegó nomás.
¿Qué ha pasado? Básicamente
Ahora claro hay mil y una matemáticas que se pueden hacer respecto a los concejales, las comunas “clave”, los alcaldes y los números reales de funcionarios públicos a los que acceden los partidos políticos tras esta última elección. Lo que es irrefutable, en todo caso, es que la inflexión de la era política chilena de la recuperación de la democracia tiene fecha, la del anterior domingo, y su signo pareciera apuntar a un ascenso en votación del caudal electoral dirigido hacia la derecha.
En la comuna en la que vivo, Santiago Centro, el alcalde será, en un corto tiempo más, un militante de
Menos mal que me devuelvo a mi casa pronto.


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