"La televisión destruye sistemáticamente
la diferencia entre lo normal y lo anormal,
porque en sus parámetros lo normal
carece en sí de interés suficiente
y siempre habrá que enfrentarlo a una alternativa.
Su criterio no es la difusión de los valores y los principios
sino provocar el mayor impacto"
(R. Spaermann)
El título del post trata de reflejar lo único que realmente deberían compartir el periodismo y el terrorismo, ese simple sufijo que da cuenta de la adhesión cualitativa que por naturaleza cada uno detenta.
Hace tiempo ya que el periodismo se encuentra más allá del sufijo que naturalmente comparten con el terrorismo y ha optado por tomarle, poco a poco, “la cualidad” a algo de lo que naturalmente estaba desligado generando, en nuestro país y en el mundo, lo que conocemos como el periodismo del terror o terrorismo mediático. A la par, la democratización del acceso a los medios de información ha planteado al periodismo ante otra más de sus disyuntivas históricas ¿es el periodismo una profesión?¿es un oficio?¿es un derecho?¿es un ejercicio de ciudadanía?
Supongamos que, velando por la salud de nuestro enfermo asumimos que, efectivamente, el periodismo es d) otros, y también e) todas las anteriores. Así, nuestro panorama es prometedoramente teórico, altamente pragmático, de gran amplitud democrática y hasta comunicacionalmente progresista.
Pero no goza acaso, también, colega, de los mismos atributos y nobles valores el cuestionamiento del estado de la comunicación, digamos, ¿desde el año 2000 en adelante? ¿la comprensión del sistema de medios que se instituye desde 1985 y que permite abrirse pasos a la democracia, mismos pasos que luego va cerrando tras la oligopolización de los medios?
Entonces, ¿qué hacer cuando son los colegas los que se empecinan a la non-grata labor de intervenir por un terrorista? Y cuando hablo de defensa no me refiero a la forma brutal e ilegal en la que el señor Melgar fue detenido, no. No me refiero a la forma en que algunos gremios actúan guiados más por principios de asociación corporativista-regional que por principios comunicacionales, no. No me refiero, tampoco, al hecho de que sean precisamente quienes controlan las entradas y salidas de las voces quienes breguen, ahora, por algún principio de apertura, no. No me refiero, siquiera, al abuso cansino que se ha hecho de la idea de libertad de expresión, no. Ni me refiero, tampoco, a la tenue, casi inexistente frontera entre libertad de prensa y libertad de empresa.
Me estoy refiriendo al cotidiano suceso de que la intervención mediática no es, ni será a través de marchas, ni de bancadas políticas, menos de gremios asociados, peor movimientos sociales que reivindiquen ciertos derechos que nos estamos rifando día a día en la labor comunicacional. Quienes buscan proteger “su” libertad de expresión son conscientes que tienen las mejores armas de todas. Y las usan, nos confunden, nos marean, no requieren ir más allá.
El tema recurrente en los últimos titulares no compete a la libertad de expresión.
Pd. Cabe aclarar que tras la conocida detención para algunos, secuestro para otros del señor Melgar los cargos que debe hacer frente son los de “terrorismo, alzamientos armados contra la seguridad y soberanía del Estado, sedición y atentados contra la seguridad de los servicios públicos”; el terrorismo mediático no es, aún, un hecho delictivo penado por ley en nuestro país.


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