domingo, 4 de octubre de 2009

Canción para Mercedes



Se van los mejores. Se queda su voz, su canto. Y nada más. Porque, de a poquito, nos vamos quedando cada vez más solos. Solos, solitos. Huérfanos. "Un beso mi negra, un beso a tu pueblo, un beso a Argentina".






CANCION PARA MERCEDES

Letra y Música Alí Primera.


Voy a lanzar al aire
una canción para que vaya
cabalgando en el polen
tropical de nuestra selva

Remontará los Andes
hasta llegar a la Pampa
para besar la frente
de una mujer legendaria

Una canción que el viento
me maduró en el alma
con retazos de noche
con pedazos del alba

Una canción humilde
que a fuerza de esperanza
fue recogiendo plumas
hasta completar sus alas

Voy a lanzarla en nombre
de la Patria americana
que en floración enorme
se le pone lindo el vientre

Voy a ponerle cuerdas
de combate a mi guitarra
y cantar amoroso
una canción para Mercedes

Ella es la negra buena
y la madre cantora
y la voz transhumante
de la Argentina que llora

Madres en romería
en la Plaza de Mayo
llevan al hijo ausente
en el rostro dibujado

Voy a cantarla en nombre
del alegre guitarrero
lanzar la boleadora
del gaucho que canta y sueña

Para evocar la furia
ancestral de Martin Fierro
le cantaré a Mercedes
porque adentro, ella la lleva

Voy a pedir permiso
al dolor de mi garganta
y pedirle a Pepe
que me afine la guitarra

Beberme el "vino triste"
de Armando y su vendimia
cantar para Argentina
cantar para Mercedes

Cantarle a su ternura
y también a su rabia
cantarle a la hermosura
con que su voz se desgrana

Un beso mi negra
un beso a tu pueblo
un beso a Argentina


7 comentarios:

La Vero Vero dijo...

Aprender de Mercedes Sosa

La Negra argentina y la Argentina negra

http://www.perfil.com/contenidos/2009/10/04/noticia_0003.html

Por Edi Zunino

Se formó en un país de odios, proscripciones, censuras, exilios y crímenes políticos.

Fue la voz emergente del Movimiento Nuevo Cancionero, creado en 1963 para “combatir” el paisajismo conservador del folclore chalchalero desde la sublimación de la problemática social.

Maduró abrigada por las potentes entretelas culturales del Partido Comunista.

Lo tuvo todo (incluso éxito internacional, muy buen dinero y una viudez prematura que tardó añares en superar) como para encerrarse en los dogmas que apuntalaron su chapa de única desde la clandestinidad, resentirse y dedicar esa garganta descomunal a marcar la diferencia con el resto. Pudo calzarse los laureles. Ser una excéntrica prima donna.

Pero no.

Con inusual heterodoxia, Mercedes Sosa prefirió ser puente a ser muralla.

Bendijo los sintetizadores allí donde mandaba el bombo legüero. Le puso láser al imperio del vino tinto en damajuana. Charlies a la chacarera. Pavarottis al sapukai. Shakiras a Violeta Parra. Goyeneches a la purretada. Quilapayunes a Soledad. Ateos a la Misa Criolla.

Tal vez haya sido por puro miedo a caerse de esos pies diminutos. O a que el Carnegie Hall se le subiera a la cabeza de Negra tucumana. Acaso haya sido la sobreprotección de su hijo Fabián. O el haber entendido antes que nadie la natural pluralidad de los artistas brasileños. Hasta es muy probable que no importe en absoluto por qué, pero Mercedes Sosa se convirtió, en los hechos y en la piel mucho más que en los discursos y las definiciones doctrinarias, en una obsesiva promotora de uniones impensadas. Políticamente incorrectas. Revolucionarias, si se quiere.

Algunos precios pagó en su búsqueda de “pájaro libre de libre vuelo”. Muchos de sus viejos camaradas jamás le perdonaron que se acercara al “reformista” de Raúl Alfonsín cuando volvió la democracia. Muchos alfonsinistas le reprocharon que apoyara al “frívolo y ex colaboracionista” de Palito como gobernador de su provincia, cuando el autor de La felicidad enfrentó en las urnas al chacal Antonio Bussi. En 2003 respaldó la candidatura de jefe de Gobierno porteño de Mauricio Macri, quien al final perdió contra el ex comunista Aníbal Ibarra. Seguramente habrá quienes aún le cuestionan con vehemencia que se haya acercado tanto al matrimonio Kirchner en estos años. Pareciera ir llegando la hora (esta columna se terminó de escribir ayer a las cinco de la tarde) de dejar a un lado los circunstanciales apasionamientos y aprovechar las enseñanzas de cada uno en lo que, sin lugar a dudas, sabe hacer.

Ya que no vamos a cantar nunca como la Negra argentina, por ahí estaría bueno bajar un cambio y ponerse a pensar que en el otro no hay siempre un enemigo. Que lo diverso puede no sólo convivir en armonía, sino también ser el trampolín hacia un éxito rutilante valorado por todo el mundo. Que las monocromías embrutecen y, encima, enojan. Que la Argentina negra, donde la crispación posterga todo el tiempo el diálogo, sólo fabrica polarizaciones falsas y pérdidas de tiempo. Hace mucho que venimos fracasando como solistas, che.

NiNoSkA NoGaLeS dijo...

con un nudo en el corazón trato de digerirlo.. se ha trasaladado, pero duele el desapego a su partida... se nos fué...
=(

boris miranda dijo...

Te saqué un pedacito de post, ya verás para qué.
Abrazos.

La Vero Vero dijo...

Cronopiando
A Mercedes Sosa


Koldo Campos Sagaseta


¿Flores...?
Flores para los muertos, fragancia de flor muerta para unos ojos muertos que ya no pueden ver.

¿Rezos...?

Rezos para los muertos, plegaria de amor muerta para unos labios muertos que ya no pueden ser.

¿Llantos...?

Llantos para los muertos, fulgor de vida muerta, para unos pasos muertos que no podrán volver.

Para ti Mercedes Sosa, la memoria agradecida, la voz enamorada, la mano abierta,

sólo el eterno beso de la vida.

Y en vez de flores, alas; en vez de rezos, aire; y en vez de llantos, risas.

La Vero Vero dijo...

MERCEDES

Por Jorge Drexler

Duerme, duerme, Negrita,
que tu voz está en el campo,
en la ciudad, en el canto
rodado de aquel arroyo,
en la almohada en la que apoyo
mi cabeza desvelada,
en mi vaso, en la enramada
y en las radios de los coches.
Tu voz la guarda la noche
muy, pero muy bien guardada.

(“Décimas para Mercedes”, poema escrito en Madrid por el cantautor uruguayo para despedir a la cantante argentina.)

La Vero Vero dijo...

Por Silvio Rodriguez

Quizá la había visto antes en Cuba, pero siempre me ha parecido que conocí a Mercedes Sosa en el estadio de béisbol de Santiago de los Caballeros, en la República Dominicana, una noche de diciembre de 1974. Ella se incorporaba a "7 días con el pueblo", un festival de canción comprometida que se venía celebrando desde hacía dos o tres jornadas. Aquella noche las luces del estadio parecían romper la oscuridad y el pueblo reclamaba a sus cantores.

En el pequeño espacio en que nos apretábamos los que esperábamos turno, me las arreglé para ubicarme al lado de ella, presentarme y decirle lo que la admiraba. Por último, azorado de mi propia locuacidad, tuve la mala pata de brindarle un trago, que rechazó arrugando la nariz. Mal comienzo, me dije.

La recuerdo otra noche, también recién llegada, en este caso a Cuba, para más señas en Casa de las Américas, ella junto a nuestra amiga común, Haydee Santamaría. Fuimos un grupito de cantores a recibirla, a gozar del privilegio de tenerla cerca por un rato. Por entonces la acompañaba un asombroso guitarrista que llamaba Pepeto, el que lamentablemente no mucho
después falleció. Entre Mercedes y Pepeto, más que conjunción, había un estado de gracia.

La recuerdo también en Managua, en un Festival por la paz. Estaban Alí Primera, Chico Buarque, Isabel Parra, Daniel Viglietti, los hermanos Mejía Godoy y muchos más. Pocas veces como aquel día tuve un flujo de comunicación tan intenso con Mercedes. Fue algo extra verbal, una empatía poderosa que ocurrió entre ella y yo. Alguien que pasaba nos hizo un par de fotos que recogen un poco el momento. Siempre que las veo me estremezco.

A principios de los años 80 me designaron para presentarla en Varadero, en uno de los dos festivales de la canción que dirigió la Nueva Trova. Y a mí, que tanto me corto en esos lances y que salgo sin guión, se me ocurrió decir que se trataba de alguien cuyo nombre era oro en la historia de la canción latinoamericana... Me acuerdo que mientras la ovacionaban yo me bajé de allí con la sensación de haber dicho una estupidez, por comparar a Mercedes con el también llamado vil metal.

Hoy, con el dolor de la pérdida presente, lejos de aquel agitado Varadero, me doy cuenta de que dije lo correcto. Mercedes -como Yupanqui y Violeta- es oro sustancial de las raíces de Los Andes, tesoro de nuestro patrimonio sin
tiempo.

Bienaventurada es Mercedes Sosa.

--

La Vero Vero dijo...

Nino: Fue una semana jodida, no? Negra, triste. "Si se calla el cantor" Nosotros seguimos, nosotros nos quedamos. Un fuerte abrazo, amiga.

Boris: Compay, vos saca nomás ya sabes, nada más que no ví donde ni para qué, espero me avises, muy falsas promesas andamos, che. Abrazo.

Tuiteando ando

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Sarelisa, las almas gemelas. Los cuentos compartidos. Ellas. Nosotras.

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Habrá palabras para la nueva historia y es preciso encontrarlas antes de que sea tarde.

Ángel González

Histérica

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Los 4 siglos que duró la inquisición fueron llevadas a la hoguera 8 millones de personas, la mayoría mujeres. Lo que da un total de 55 personas ejecutadas diariamente durante sólo 400 años. Si la inquisición me hubiera juzgado sería por hereje, apóstata, materialista, libertina, sediciosa, cismática, blasfema, presbilesbiana, testícula de Jehová, antiperonista, rebelde, pertinaz, contumaz y puta.

Liliana Felipe

Memoria Vigilante

Memoria Vigilante

Y los ratones hicieron una alianza y la serpiente de cascabel le puso el cascabel al gato.

Jairo Aníbal Niño