miércoles, 26 de enero de 2011

Receta contra la (indi)gestión


La ilustración es de Abecor
(Gracias de corazón, Abel)




El título que precede estas letras podrá parecerle hasta alevoso, pero el sentimiento no lo es. Me refiero a que la expectativa del primer año de gestión del Presidente y su gobierno en el marco del nuevo Estado Plurinacional superó con creces los resultados de los que ayer se dio cuenta por parte del Ejecutivo, en términos de gestión.


Y no quiero dar cuenta de una simple agriedad, hablar de un mal sabor de boca, sino referirme clara y precisamente a una (indi)gestión de la política. Asumida, vivida y sentida por la ciudadanía en pleno. Ya que andamos en ello, podría apostar, incluso, a que ni los más acérrimos politoadictos (o politohólicos, como sea) sufren también de una –quizás menor, pero también real- (indi)gestión política, un exceso, una sobredosis. Lo sé, porque soy una de ellas y, a la vez, una de las tantas bolivianas indigestadas.


No se puede hacer gestión (o cubrir su ausencia, quizás) a plan de ejercicio pleno y duro de política. No se puede, pues, ejercerla y endurecerla a plan de combinarla con la justicia, a veces exitosamente y otras, no tanto. No se puede, entonces, transmutar la otrora politización de la justicia en judicialización de la política, sin más, sin tránsitos, sin respiros, sin treguas. No se puede porque cuando un país vecino asila a un impresentable y presunto corrupto a título de perseguido político, mientras acá se queda un funcionario electo dando cuentas por cuatro papeles membretados, no pierde sólo el gobierno, perdemos todos.


Las palabras y los hechos. El discurso y las acciones. La política y la gestión.


Nos lo enseño, Johanna Arendt, la palabra se utiliza para patentizar y mostrar; sólo los hechos a posteriori del discurso tienen la capacidad de revelar la acción y por lo tanto validarlo, fortalecerlo y mantenerlo en vigencia. En suma, sólo la palabra-acción es condición de posibilidad de que lo político sea su propio relato.


Y esto no porque la política no sea necesaria para gobernar, tampoco porque el gobierno no tenga impecable maestría en su manejo, sino simple y llanamente porque los gobiernos pueden utilizarla para acceder al poder pero no como único recurso para mantenerse en él.


Y es que este primer año de gobierno -sí, el que concluyó ayer- se constituía como inequívocas 365 oportunidades de proponer fuertes señales respecto a la fortaleza de la legitimidad (una constante en la anterior gestión) del gobierno del compañero Evo o, en su caso, la continuidad de los pretendidos años de reelección a los que han señalado aspirar.


Como un secreto a voces se sabe que el peor enemigo que afronta el gobierno de Evo Morales es la desesperanza. Desesperanza en el proceso político, desesperanza en el futuro de la sociedad, desesperanza en el manejo económico (o síndrome post-gasolinazo nivelación). Es decir, desesperanza en el mañana.


A modo de sana-sana a la (indi)gestión de un año, sugiero apuntar como receta cinco señales, necesarias para la gestión que hoy comienza, dirigida especialmente para aquellos/as que, como yo, sienten que saben donde pertenecen, pero a veces, por la circunstancia, lo dudan o, peor, lo olvidan. Van.


Señal 1, el dato: Que, a pesar del hecho real de que es el compañero Evo quien lidera este proceso de refundación estatal siendo la posibilidad de que esto cambie, realmente, muy remota; y del hecho -también real- de que su legitimidad y aprobación han sido emblemáticamente altas y duraderas en la historia del país; éstas no están talladas en piedra. La legitimidad del “primero” y, quién sabe, también del “segundo” son capital necesario para la continuidad del proceso de refundación estatal.


Señal 2, la duda: ¿Hasta cuándo o hasta dónde se posterga el cambio del cambio? Específicamente, el trueque de algunos que, siniestramente, manejan hoy el poder soslayando el sentido que todos le otorgamos a un proceso que es también nuestro, por aquellos quiénes, sinceramente, están dispuestos a apostar por su reconducción.



Señal 3, la certeza: Simple, concreta. De que este es el camino y de que es responsabilidad de quienes decidimos transitarlo, evitar que se torne perverso.



Señal 4, el cachito de esperanza: Ese incólume que resiste y susurra, que pese a todo pronóstico y todo nubarrón, “Otro mundo es posible” y, otra Bolivia, también.



Señal 5, el compromiso renovado: Sugerido, claro, por el Aprendiz de Brujo, de que, en esta ruta elegida “quedamos los que puedan sonreír, en medio de la muerte, en plena luz”.


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Columna publicada el 23 de enero de 2011 en el Suplemento IDEAS de Página Siete


5 comentarios:

La Vero Vero dijo...

Díganme si el gran Abecor, no hizo un dibujo que me rompe el alma y que, además, dice en dos trazos lo que yo intento en 4500 caracteres.

Gracias, Abel!

xeduarda dijo...

Sin recovecos ni maquillajes. Y en tu tercera certeza se pasean las respuestas para saber por dónde empezar a caminar. Gracias!

Tatiana Paz Mendez dijo...

Es bueno saber que no pierdes las esperanzas, bueno que tan bajo pueda caer Boliva para que puedes decir "
me equivoque"?

La Vero Vero dijo...

Xeduarda: Querida, que lindo saber que estas letras encuentrasn espejos en su andar. Un abrazo.

La Vero Vero dijo...

Tatiana: Ojalá las realidades dependieran de voluntades/opiniones personales.

Ello no quiere decir que no se crea, apueste y renueve el camino apostado, todo el tiempo. La autocrítica es parte de saberse parcialmente equivocado. Si para ti es blanco o negro, está bien. Para mi no lo es. Saludos.

Tuiteando ando

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