martes, 4 de octubre de 2011

Breve manual para combatir el desencanto


Sobre lo que ocurrió el 25 de septiembre se está especulando mucho y protestando más. La oleada de renuncias de nivel ejecutivo que se desencadenaron tras la renuncia de la ex – Ministra de Defensa, Cecilia Chacón, fueron aplaudidas por la opinión pública y rápidamente instrumentalizadas por la derecha y la oposición desarticulada que, en la última semana, eufóricos/as se han dedicado a cosechar los restos de lo que los errores gubernamentales han ido resquebrajando dentro del proceso.


Desencantados y desencantadas ha habido siempre. Desde algunos/as radicales que se alejaron del gobierno del presidente Morales en su primera gestión, pasando por quiénes aflojaron ante el boicot que los cívicos y la chata oposición pusieron en marcha durante la Constituyente y que se tuvo que remontar en cuestión de semanas; hasta quiénes se desmarcaron tras el fracasado gasolinazo del pasado diciembre.


La marcha por la preservación del TIPNIS se constituye, seguramente, en el mayor gatillador de desencantados/as del gobierno, desde que éste –antes del gobierno del Presidente Evo- se inició. El hecho dispara desencantados/as no sólo por el indignante atropello a los derechos humanos que se presenció en el puente de Chaparina contra los/as marchistas indígenas sino, sobre todo, porque da cuenta de que –como varios/as presagiaron y aunque el gobierno lo quiera negar- el enemigo está en casa.


Por un lado, al menos 5 renuncias de nivel ejecutivo públicas y otras varias que no fueron públicas constituyen, con seguridad, uno de los bloques más simbólicos de la crítica que se le está haciendo a este gobierno sobre el rumbo de timón para el proceso por el que ha optado en los últimos meses y que, definitivamente comparto.


Es posible que, “TIPNIS” de por medio, estemos asistiendo al nacimiento de un nuevo bloque externo al gobierno que debiera apostar por la rearticulación ideológica y seguimiento a las decisiones gubernamentales y, sobre todo, a la agenda de desarrollo constitucional así como su implementación, en resguardo –claro- de la continuación del proceso constituyente.


Por otro lado, luego del 25 se han articulado corrientes internas varias que estarían apostando por dar la batalla desde dentro del aparataje estatal. Es posible que en este caso, estemos asistiendo a la ampliación de una línea crítica (ya existente) dentro del gobierno que, en caso de querer ser escuchada tendrá que asumir como tarea urgente hacer cada vez más ruido en Palacio de Gobierno.


Con seguridad la dispersión del desencanto se constituye en una meta para la cual el camino se hace cada vez más corto, rápido y, por tanto peligroso para la continuidad del proceso; pues no necesariamente lo garantiza.


No obstante, otras vías de rearticulación son posibles, se trata de aunar voluntades, (auto)reconocernos y rápido retomar las agendas pendientes de los años 2000, 2003, 2006 y, finalmente 2009. Esa es la tarea, esa la forma y -parafraseo en clave de género-generación- “!No así! Acordamos con el pueblo hacer las cosas de otra manera”.


Claro que las hay. Hay señales-pistas para retomar el camino, ganarle la batalla al desencanto, retomar lo que en justicia nos pertenece y –de taquito- hacerles saber a quiénes están optando por la vía del desastre, que los reconocemos.


1 comentarios:

Santiago dijo...

Me quedo con tu cierre. El "aunamiento" en claves que nos trasladen a máximas más altas que la confrontación debiera ser el camino. Aunque creo que este paradigma es un completo alienigena para la generación que vivió los setenta y ochentas. Creo que la cuestión es generacional.

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