lunes, 21 de febrero de 2011

Mediocracia de Alta Intensidad

El año pasado, IDEA Internacional emprendió un proyecto denominado "Medios de Comunicación y democracia en contextos de cambio". Esta institución había entendido una vital mutación que estaba sucediendo ante nuestros ojos y decidió apostar por su indagación, su deconstrucción. Y la primera publicación que marca el horizonte para esta indagación se llama Mediocracia de Alta Intensidad. Debo decir que seguí de cerca y acompañé en todo momento esta linda aventura. Por ello, la entrevista que acá publico no es otra cosa que un entrañable bandera a la utopía, para seguir caminando por una mejor y mayor comunicación para la democracia intercultural.

La que salió publicada en IDEAS del periódico Página 7, del 20 de febrero está editada así que, para quiénes gusten, va la entrevista completa.



¿Qué es, qué ofrece, el libro “Mediocracia de alta intensidad”? A decir de su autor, el comunicólogo boliviano José Luis Exeni R., se trata de “un paseo compartido por el bosque mediático. Para divisarlo como paisaje. Pero también para explorar, abono/hacha en mano, algunos de sus árboles más emblemáticos. Se trata, pues, de una incitación”.

La exploración propuesta incluye el repaso de la sensible relación entre comunicación política y democracia, un vistazo al contexto regional en tensión entre grandes medios de difusión y gobiernos progresistas, un paneo del marco normativo en Bolivia, una pequeña marcha por la calidad de la información periodística, un balance de la autorregulación, el ineludible qué hacer y algunas conclusiones.

Mediocracia no como gobierno de los mass media, sino como gobierno cercado por la mediatización. De alta intensidad porque “habita-altera, sin tregua, la agenda nuestra de cada día”.

El supuesto es que la acción mediática, sobre todo en contextos de cambio, tiene especial protagonismo en la disputa por la construcción democrática. Más aún en procesos de refundación estatal como el boliviano. Acción mediática a través de las agendas informativa y de opinión. Pero también acción mediática directa.


¿Por qué “Mediocracia de Alta Intensidad”?

La idea de mediocracia tiene que ver con un supuesto que en mi criterio es un supuesto errado, y es que estaríamos asistiendo a la idea de una suerte de gobierno de los medios, por eso mediocracia, en el libro, tiene que ver –y este sí es un dato importante- con el protagonismo cada vez más grande que tienen los medios y su incidencia cada vez más relevante en relación a los procesos democráticos. Se trata de un juego de palabras que tiene que ver con esta idea de gobierno de los medios o, más bien, la incidencia de los medios sobre la democracia.



¿ Señalas en el documento que “la promoción de la democracia sostenible y el mejoramiento de la calidad de la gobernabilidad democrática requieren (…) garantizar los derechos a la información y a la comunicación de la ciudadanía”. ¿Cuál es la ruta crítica en la que la garantía de los derechos comunicacionales afecta directamente a la calidad de la democracia intercultural?

Bueno, en el caso boliviano tenemos un desafío. Primero estamos antes un proceso de refundación del Estado que es un proceso complejo y como parte de este reto de construcción de una democracia intercultural, creo que el ejercicio de los derechos a la comunicación y a la información es sustantivo, podemos decir que difícilmente podremos avanzar más allá de las normas en prácticas democráticas y sobre todo en una cultura política intercultural si es que no garantizamos que, la comunicación sobre todo, sea un componente fundamental en términos de abrir espacios de diálogo o de impulsar mecanismos de deliberación, de establecer aspectos de transparencia y de acceso pleno a la información, de garantizar una participación informada de la ciudadanía en democracia y en los procesos electorales. Entonces creo que hay una imbricación muy fuerte que tiene que ver con el reconocimiento de que así como hay demodiversidad –o sea diversas formas de democracia, no hay un modelo único- también existen diferentes formas y prácticas de comunicación que tienen que ver con distintos ámbitos, distintos sectores que hacen a la riqueza de lo que bien podría denominarse una comunicación plural para una democracia intercultural, que a su vez se enmarcará en un Estado Plurinacional autonómico.



El documento ha sido elaborado en el marco de un proyecto impulsado por IDEA Internacional denominado “Medios de comunicación y democracia en contextos de cambio” ¿Cómo se encuentra esta relación?

Efectivamente una de las preocupaciones de este proyecto, impulsado por IDEA, tiene que ver con explorar e indagar si es que la relación –siempre difícil, sensible, muchas veces conflictiva- entre actores políticos y mediáticos cambia o no, en contextos de cambio como el que tenemos en Bolivia. Y el dato que tenemos como resultado de esta exploración es que efectivamente hay importantes mutaciones, podemos decir así, en esta relación.



En el libro te animas a hacer algo que pocas personas que trabajan en comunicación hacen: abrir el debate sobre la necesidad de un marco regulatorio para el ámbito informativo y comunicacional. ¿Cuál es el estado actual de esta normativa?

Bueno, muchos especialistas, estudios y relevamientos de datos que se han hecho sobre este tema coinciden que en Bolivia tenemos una legislación dispersa, incoherente, disfuncional, incompleta y anacrónica que no se cumple. Este diagnóstico nos está planteando que si es que tenemos tanto vacío, tanto déficit en relación a normativa en esta materia, parece evidente que lo que corresponde es más bien avanzar hacia un marco regulatorio amplio, que dé cuenta de nuevos procesos comunicacionales o informativos, de cómo debería ser la comunicación en un nuevo momento constitutivo en el país, qué hacer con las NTIC. Creo que si queremos ser sinceros respecto al estado de esta situación, uno de los temas que debemos discutir es como avanzamos en un marco normativo amplio, democrático y democratizante para garantizar, en este momento, los derechos a la comunicación y a la información, estos son algunos de los temas que se abordan en el libro, a partir de un diagnóstico justamente sobre este asunto.

¿Y el estado de la autoregulación?



Bueno, el otro dato importante de la exploración tiene que ver con el reconocimiento importante de que Bolivia, en democracia, tiene una muy amplia y muy importante experiencia y tradición en términos de autoregulación: tenemos muchos códigos de ética, hemos tenido una experiencia muy importante e inédita de un defensor del lector de muchos diarios, ya existen estatutos de redacción en algunos diarios, hay un consejo nacional de ética no sólo del sector empresarial sino también de los propios gremios de profesionales y periodistas; entonces lo que planteo en el libro es que la autoregulación es una opción inteligente y hay que alentarla y hay que impulsarla. Pero también es asumir plenamente –y acá hay un debate con algunos colegas- que la autoregulación por sí sola no es suficiente, esta afirmación de que la ética, es decir la autoregulación, no sustituye al derecho, es decir a la regulación, creo que es fundamental; entonces la propuesta que se hace es avanzar de manera conjunta y complementaria en mecanismos de regulación y en mecanismos de autoregulación, porque no son excluyentes.



Dedicas todo un capítulo a dar cuenta del estado de la cuestión en América Latina. ¿Por qué?

Porque creo que asistimos en los últimos años a un momento privilegiado en el cual se han vuelto a discutir estos temas; luego de esas discusiones riquísimas, intensas, amplias que hubo en la década de los 70 sobretodo, del siglo pasado, impulsadas por la UNESCO y con liderazgo latinoamericano, esa experiencia que terminó abortada y fue una experiencia sin los resultados deseados. Creo que en los últimos años en América Latina se están volviendo no sólo a discutir estos temas y a dar avances sustantivos en términos de normativa misma, ahí tenemos: la ley de servicios audiovisuales aprobada recientemente en Argentina, un proyecto de Ley Órganica de Comunicación en Ecuador, una propuesta de normativa en Uruguay, ya la decisión de hacer lo mismo en Brasil, un equipo que está trabajando hace mucho tiempo en México, otras propuestas de democratizar los medios en relación a procesos electorales en Perú, entonces hay contexto regional favorable para replantear el tema nuevamente, en pleno siglo XXI.



En todo el recorrido que realizas atraviesas también por el complejo campo del desempeño periodístico, específicamente la “calidad de la información periodística” ¿Cuál es el balance en este ámbito?

Aquí hay un balance que puede verse en dos aspectos, si lo asumimos desde una lógica autocrítica, creo que coincidiendo con importantes premios nacionales de periodismo del país, a la hora de hacer un balance sobre el desempeño periodístico, deberíamos decir de manera muy clara que estamos mal, que no estamos haciendo de manera suficientemente seria y responsable nuestro trabajo. Pero, al mismo tiempo, la otra cara de esto es que efectivamente hay una activa participación de los medios y desde el periodismo en la vida democrática y la gestión pública en términos de fiscalización, en términos de hacer seguimiento a la agenda público política, de vigilar el desempeño de los actores gubernamentales o estatales que siempre es relevante y es muy importante porque contribuye a que la sociedad sea parte de estas cuestiones más allá de su ámbito privado o cotidiano, entonces yo creo que asumiendo la relevancia fundamental del periodismo, yo creo que es importante destacar que esta ante un desafío ante sí mismo que tiene que ver no sólo con la autoregulación, sino con el ejercicio mismo, en términos de calidad, de responsabilidad, para ser parte de este proceso en otras condiciones que contribuyan de mejor modo a la democracia.



Bajo este panorama ¿Cuáles son, entonces, las acciones urgentes para habitar en una sociedad en la que se garanticen los derechos a la información y a la comunicación?

Primero el desafío de la regulación, es decir avanzar en un marco normativo general y, en su momento, especializado para garantizar el ejercicio de los derechos a la comunicación y a la información en sus diferentes ámbitos de regulación y esto tiene que ver no sólo con el desafío de rescatar el ideario de las políticas nacionales de comunicación, sino también de manera específica con normas que puedan ser construidas de manera participativa y democrática.



De manera complementaria, está el desafío de la autoregulación que, reitero, es un desafío inteligente, siempre y cuando no se convierta en una trinchera para evitar la regulación sino en la medida que sea un aspecto complementario que refuerce el ejercicio de los derechos y permita y garantice, de algún modo, impulsar la responsabilidad en el manejo de los medios y en especial en el periodismo, la autoregulación es fundamental e imprescindible.



Tercero, creo que hay que alentar algo que ha tenido muy buena experiencia con el Observatorio Nacional de Medios, pero que habría que ampliarla a toda la sociedad, de manera que la ciudadanía pueda tener espacios y mecanismos de mayor participación en los procesos comunicacionales e informativos, y mayores posibilidades de hacer un seguimiento cercano, estrecho, documentado de lo que están haciendo los medios; un poder tan importante como el de los medios de comunicación no puede estar exento de mecanismos de transparencia y rendición de cuentas.



Y, por último, creo que la apuesta más sustantiva tiene que ver también con avanzar en el fortalecimiento, o en su caso creación de la comunicación pública, creo que en la medida en que podamos avanzar en una comunicación que sea gestionada desde la propia sociedad, desde los propios actores sociales, desde los públicos vamos a generar realmente mecanismos de democratización de la comunicación y la información que sean parte de un proceso de democratización más amplio de la sociedad.



Entonces, la articulación de estas cuatro propuestas: regulación, autoregulación, veeduría ciudadana y comunicación pública, cada una con sus propios desafíos, quizás podría constituir una apuesta importante para realmente garantizar el ejercicio de los derechos a la comunicación y a la información, más allá del mandato constitucional, pensando en garantizar prácticas comunicacionales democráticas y democratizantes.

lunes, 7 de febrero de 2011

¿Está el MSM perdido?

Al comenzar la anterior semana leía un artículo acerca del confuso rol que juega el MSM en el panorama actual. Tras tratar de comunicarle a quien escribió ese artículo que me parecía que las herramientas de análisis que utilizaba eran limitadas y por tanto, limitaban la visión que podía tener sobre el MSM, terminé dándome cuenta, un poco en serio y un poco en chiste, que todos teníamos una visión limitada; pues seguíamos midiendo el escenario político en términos de oposición-oficialismo, lo cual no está mal, cientos de años respaldan esta forma de leer la confrontación política. No obstante -pensé- un nuevo escenario política requería tratar de ir un poco más allá para saber si realmente es el MSM el confundido o somos nosotros. Creo que me quedo con la segunda opción.


Producto de todo esto que les narro previamente, nace otra columna de domingo, que salió publicada ayer (06.01.2011) en el suplemento IDEAS de Página 7.





La ilustración es de Abecor



Habrá usted advertido, estimado/a y dominguero/a lector/a que en las últimas semanas se han realizado estimables esfuerzos de parte de actores políticos y mediáticos con el objetivo de introducir en la agenda de información-opinión una ¿prematura? temática.



Se trata, pues, de
la apresurada voluntad de establecer, de cara a las elecciones del 2014, un potencial tablero político, con sus respectivos actores y sus infaltables polaridades; sobre una base/lógica bicolor que, como sabemos, será de conveniencia general de los actores que vayan a pugnar por nuestra preferencia electoral.

Remitámonos a un pequeño inventario de los lugares que se le ha atribuido al MSM en este último tiempo.

Varios voceros del partido de gobierno se han encargado de manifestar que el “MSM es un partido de derecha”, el mismísimo compañero Presidente ha declarado el alguna ocasión que “(…) Felizmente la derecha ahora tiene una cabeza visible que es Juan del Granado”. Un diario orureño señaló que “(…) el Vicepresidente Alvaro García se encargó de acomodar a Del Granado y los tradicionales adversarios regionales del MAS en un mismo frente y calificarlos de `sinverguenzas’, en alusión a la sigla del MSM”.

Por otro lado, desde el frente, se han encargado de asignarle otro lugar al MSM; un vocero de señalaba que “el MSM no tiene cabida en la oposición”, uno de los pocos líderes de la oposición que quedan en el país llegó incluso a considerar “la importancia de que el MSM resuelva su problema de identidad y se defina si es opositor de día u oficialista de noche”, incluso un reconocido periodista dio cuenta de múltiples situaciones que estarían dando cuenta de “la crisis de identidad del MSM” y que estaría frente a un dilema.

Ni uno, ni otro. De lo que pareciera tratar, ahora, en torno al MSM es de establecer una lucha simbólica (en la que participan oficialistas y opositores) por generar imaginarios que permitan que este tablero político siga estando acomodado a conveniencia. La pregunta es ¿a conveniencia de quién?

Si pensamos que el proceso de refundación estatal se debe en gran parte a la renuncia mayoritaria de la población a un modelo de democracia “pactada”, en el que la motivación de muchos ciudadanos y ciudadanas para votar por el MAS consistía en la simple negación de no votar por “lo pasado”; y le sumamos, además, una sistemática y sostenida campaña gubernamental impulsada, durante 4 años, con el único objetivo de que Bolivia olvide su “pasado neoliberal”, podemos esbozar un presente político en el que la existencia del “otro” ha sido eliminada de los imaginarios. Para el oficialismo, la oposición no existe; y viceversa.

Dentro de la filosofía política hay quienes afirman que la identidad es propiamente diferencial, esto quiere decir que se construye con base en la diferencia, en base a la gramática del “otro”; es decir sólo deviene identidad aquello que me hace diferente, sólo se es en ocasión de lo que no se es y esa existencia del otro, por tanto, me está otorgando la posibilidad de existir. El principio aquél de que “el otro me constituye”.

Y si pensamos en ello a la luz de los esfuerzos políticos y mediáticos de oficialismo y oposición que, hemos visto, están centrados en “otrear” al MSM, imagino que debemos estar al frente de buenas noticias, ya que este fenómeno de no poder establecer al MSM en ninguna “cancha”, de alguna u otra manera, nos estaría devolviendo nuevamente a un escenario de politicidad, donde “existo yo, porque existen otros”. Paradójicamente habría un nuevo chance para el (re)establecimiento de todas aquellas identidades políticas extraviadas.

Eso sí, a los actores políticos y mediáticos cabrá recordar la inefable sentencia de Roberto Esposito en la que señala que mientras las ciencias sociales y las ciencias políticas se encargan de establecer, separar, categorizar, pesar y medir las subjetivaciones sociales, éstas ocurren de forma inmanente y subterránea y terminan, por el contrario, irrumpiendo al medio de dichas ciencias. Y entonces, afirma el autor, se entiende que las ciencias sociales y políticas lleguen siempre luego, a destiempo.

Y es que pareciera que entres estos devenires de delimitar escenarios prospectivos a futuro y establecer tableros políticos, se ha perdido el verdadero objeto del debate y este ocurre sin que siquiera lo miremos. La labor nuestra, de escribir sobre lo que pasa, llega a destiempo.

No olvidemos que el Estado Plurinacional por el que el país apostó requiere, para estructurarse, consolidarse y funcionar, una gran dosis de “imaginación sociológica”. Imaginación que necesariamente debiera expandirse al uso de herramientas sociológicas y políticas al momento de plantear/leer los escenarios de este tipo.

Quizás por ello es complicado entender realmente cuál es el rol del MSM en este determinado momento histórico. Quizás, así se explica, la complejidad de leer al MSM en el marco de la dicotomía oposición-oficialismo. Blanco o negro.



Finalmente – se explica- nuestra voluntad fue dejar de ver un país bicolor y apostamos por una realidad a colores.

Tuiteando ando

Vacas Sagradas

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Sarelisa, las almas gemelas. Los cuentos compartidos. Ellas. Nosotras.

Arcángel

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Habrá palabras para la nueva historia y es preciso encontrarlas antes de que sea tarde.

Ángel González

Histérica

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Los 4 siglos que duró la inquisición fueron llevadas a la hoguera 8 millones de personas, la mayoría mujeres. Lo que da un total de 55 personas ejecutadas diariamente durante sólo 400 años. Si la inquisición me hubiera juzgado sería por hereje, apóstata, materialista, libertina, sediciosa, cismática, blasfema, presbilesbiana, testícula de Jehová, antiperonista, rebelde, pertinaz, contumaz y puta.

Liliana Felipe

Memoria Vigilante

Memoria Vigilante

Y los ratones hicieron una alianza y la serpiente de cascabel le puso el cascabel al gato.

Jairo Aníbal Niño