lunes, 24 de diciembre de 2012

Cambios

Por las razones que fuera, se dice y se usa mucho al fin de año como pretexto para cambios y renovaciones.

En lo que a ellos refiere, cabe recordar que el denominado proceso de cambio ha sido denostado por sus detractores/as bajo el argumento de que no existen, precisamente, cambios. Aquellos y aquellas cuya labor cotidiana es oponerse, llegan incluso a señalar que no sólo las cosas no han cambiado sino que están aun peor.

Como yo lo veo y lo vivo, éste es un país más inclusivo que aquél en el que yo nací. Éste es un país con mayor reconocimiento de diversidades que el que me recibió junto a la recuperación democrática. El de hoy es un país donde las mujeres y los jóvenes, de manera general, tenemos más oportunidades.

Un país que decide pensarse a sí mismo y que, con tropiezos y contradicciones, apuesta por la descolonización como una forma de liberación social. Un país donde las familias más desafortunadas encuentran mayor amparo en el Estado.

Un país que, con bemoles, con errores, con intensidades, con aciertos, con intentos, con oposiciones y con resistencias, cree e intenta. Un país en movimiento: un país vibrante.

No obstante, hay un ámbito, y lo sabemos todos/as, donde efectivamente las cosas no sólo no han cambiado, o peor no sólo se han detenido, sino que –efectivamente- han empeorado y se están hundiendo inminentemente en un camino catastrófico.

Insistiré en la idea de que la red de extorsión no es más que una definitiva alarma (una deslumbrante luz roja) que debe alertarnos a todos y todas respecto al rumbo que ha tomado la (in)justicia nuestra de cada día y que puede coadyuvarnos a buscar/encontrar en este recorrido (que recién se inicia) las claves sobre las cuales debemos reconstruir una verdadera justicia del cambio.

Una justa justicia para todos y todas. Una justicia para, realmente, Vivir Bien.

Parte de la honestidad política que se requiere para encontrar las claves para la construcción de una nueva justicia pasa por el reconocimiento de que la extorsión no es, de ninguna forma, una invención del Gobierno de turno sino una práctica arraigada en nuestra cultura judicial nacional; pero cuyo escenario de posibilidad ha sido -eso sí- alentado por otras prácticas que nuestro aparato gubernamental ha puesto en marcha.


Con ello, concretamente, estamos hablando de una política judicial que, en el camino de buscar efectividad en resultados judiciales para el Estado, ha abierto las grietas suficientes para que el pillaje, así como los y las revanchistas políticos puedan sacar provecho con fines personales que no hacen, de ninguna manera, a los fines colectivos del Gobierno y del Estado. Y, por el contrario, deslegitiman un proyecto histórico, con profundas bases sociales.

Parte de la honestidad histórica que también requerimos, para recorrer este trecho, debe procurar romper el prejuicio de que todo lo que precede a este tiempo político no sirve, es erróneo y debe ser desechado.

Pues si bien la larga noche neoliberal no supo entender nuestro país profundo, sí hubo personas e instituciones que ocasionalmente estuvieron más cerca que nuestro Gobierno de realmente apostar por una justicia del cambio. De hecho, una de esas personas incluso gobernó nuestro país.

Si las fechas sirven para promover cambios. Les conmino a creer en que el mejor cambio es hacia la honestidad. De lo contrario lo que nos queda es seguir describiendo la realidad de nuestra Bolivia, con las contundentes palabras del poeta argentino Roberto Santoro, quien sentencia que “cada vez que hay un problema / el juez levanta el martillo / y el país se hunde / más adentro”.

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Esta columna fue publicada el pasado domingo 23 de diciembre en el suplemento IDEAS del periódico Página Siete, en el siguiente link original: http://bit.ly/V1PEM0

viernes, 30 de noviembre de 2012

Decir que sí

"Píntate un sí en la cara antes de salir a la calle para qué se te acerquen 
las personas que quieren vivir" (Facundo Cabral)

Hace unos meses, apenas se dio a conocer la fecha de realización del censo 2012, rápido los y las “representantes del no” iniciaron una campaña de deslegitimación de baja intensidad contra este mecanismo de medición nacional que se realiza cada diez años.

Primero, a través del debate acerca de la autoidentificación indígena y la no figuración de la opción “mestizo” en la boleta; ahí se perdió la oportunidad de trabajar de manera conjunta y propositiva en torno a los indicadores y las preguntas que entrarían en la boleta censal.

Aunque, huelga decirlo, tampoco se notó un esfuerzo obstinado del INE por debatir estos términos. Finalmente, los cuestionarios que respondimos los y las bolivianas el pasado 21 recogieron información suficiente pero quedará la sensación de que podrían haber recogido mayor información o por lo menos información con mayor riqueza.

Posteriormente llegó la polémica por la actualización cartográfica y la intención de invalidar el proceso censal a partir de la supuesta improvisación técnica con la que el Gobierno habría actuado en dicha fase. Nuevamente se perdió una valiosa oportunidad de mejorar este proceso tendiendo puentes con los municipios en los que ciertamente se halló resistencia.

Y, también toca decirlo, el Gobierno empezó este proceso con retardo, generando este pequeño espacio de incertidumbre en el que los/as “representantes del no” se han acostumbrado a librar sus pequeñas pero nocivas batallas.

El dibujo es, como siempre, del gran Abecor.

Inmediatamente llegó la polémica por el uso del lápiz y la ausencia de empadronadores/as en algunas ciudades. Apelando a nuestra frágil memoria de largo plazo, algunas voces desde la oposición (representantes políticos y opinólogos/as) pretendieron hacer creer a la opinión pública que esto implicaba un riesgo y eran hechos inéditos.

Lastimosamente, al igual que el INE, la mayoría de los medios de comunicación iniciaron con retardo un proceso educativo y comunicacional para reactivar la memoria colectiva del país en torno a nuestra cultura censal e informarnos sobre las características de este último, que enfrentamos el pasado miércoles.

A continuación se inició una ola de conflictos limítrofes de leve intensidad que generaron un ambiente de incertidumbre a horas de iniciarse el censo nacional 2012.

Esta vez intereses corporativos y regionales apelaron a su egoísmo colectivo y en un afán oportunista vieron el evento censal como un escenario propicio para amplificar sus demandas. Una vez apaciguado este escenario y dos días previos al censo, un otrora periodista, hoy radical opinólogo contra el Gobierno, señaló en su cuenta de Twitter que “la idea era que las protestas y bloqueos se disparen para que el Gobierno suspenda el censo. Algo falló”.

Así, bajo ese escenario asistimos los y las bolivianas al censo nacional 2012. Y aun así debo decirles, compatriotas, que creemos más allá de la política, que vencimos como país.

Vencimos a los errores de gestión del Gobierno que pudo iniciar antes y con mayor detalle la preparación del evento, a la casi generalizada improvisación de los medios por acompañarnos a recordar que hicimos esto antes y apostar a que podíamos hacerlo de nuevo y, sobre todo, vencimos a los/as representantes del no, militantes agoreros/as del fracaso, a quienes sólo me queda recomendarles en clave de Benedettiana, aprender a decir que sí:

“Oírte primero despacito decir que sí / decir sí quiero, comunicarlo luego al mundo/ con orgullo enajenado / y ver que un día, pobre diablo, ya para siempre pordiosero / poquito a poco, abres la mano y nunca más puedes cerrarla”.
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La nota fue publicada originalmente en el suplemento IDEAS de Página Siete, el pasado domingo 25 de noviembre, pueden ver el original en este link: http://bit.ly/TZqpqS

martes, 13 de noviembre de 2012

Ellos, nosotros, ustedes

Ciertamente ha sido una mitad de año agitada para los medios y el poder. En agosto, el juicio que se inició a tres medios de prensa desde el Ministerio de la Presidencia por una supuesta distorsión a las declaraciones del presidente Morales. En octubre, las acusaciones del Vicepresidente hacia Página Siete por una supuesta distorsión en una declaración que él emitió sobre una figura jurídica en un futuro Código Penal. En noviembre, el deplorable atentado criminal perpetrado contra el periodista Fernando Vidal y la locutora Karen Delgado de radio Popular de Yacuiba,  cuando estos fueron quemados en plena transmisión de uno de sus programas informativos.

Así, esta segunda mitad de año, de forma visible, el gobierno ha dedicado sendas acusaciones por parte de algunas de sus máximas autoridades hacia algunos medios de comunicación en general y algunos titulares o informaciones en particular. Pues no pasaron desapercibidos varios capítulos que relacionan el poder, la política y la información que adquieren un renovado protagonismo en la agenda política-coyuntural. Tampoco es secreto -lo sabemos- que a los y las periodistas y/o comunicadores nos encanta hablar de nosotros/as mismos/as; como pocos gremios se puede decir, de nosotros/as, que obramos mirándonos a nosotros mismos. Y ello, claro, no es garantía de absolutamente nada, pues pareciera que en su propia contradicción, mirarnos hacía dentro no nos sirve para alimentar la tan saludable y necesaria autocrítica.

 
La ilustración, como siempre, es del gran Abecor.

Que la relación entre democracia y medios de comunicación es histórica y sistémica, no es una novedad; esta se ha vivido bajo diversas formas, con distintas prácticas y diferentes dinámicas de acuerdo a los diferentes momentos políticos que han tenido lugar en el país, el continente y el mundo. Sin embargo, más allá de que esta relación se haya, en medio de esta dinámica, descubierto, intensificado (en clave de confrontación) o bien visibilizado mediáticamente; es necesario que se retomen preguntas esenciales que hacen tanto al trabajo político como al trabajo mediático.

Se supondría, idealmente, que el sistema político-democrático así como el sistema mediático cumplen una función de representación; es decir tienen ambos como una de sus misiones dar cuenta de la realidad, tanto en los espacios políticos como en los medios de comunicación. Es cuando menos curioso aunque no novedoso -precisamente por ello- que en esta pugna que se ha generado entre algunos medios de comunicación y el gobierno haya estado ausente un tercer actor (que también hace sistemática e históricamente a la democracia) y nos estamos refiriendo a la ciudadanía, cuyo rol se ha limitado al de espectadores/as que, conflicto de por medio, conviven en un sistema que, cuando menos, se queda con la sensación de ver tambalear su libertad de expresión y  su derecho a la comunicación y a la información, ambos por acción y omisión de los medios de comunicación y, sobre todo, del Estado.

Galeano retrata en una de sus ventanas en el libro de los abrazos lo siguiente: “Me lo contó Rosa María Mateo, una de las figuras más populares de la televisión española. Una mujer le había escrito una carta, desde algún pueblito perdido, pidiéndole que por favor le dijera la verdad:  -Cuando yo la miro ¿usted me mira?. Rosa María me lo contó, y me dijo que no sabía qué contestar". Dicha interpelación tendrá alguna respuesta, por nuestra parte, cuando desde ambos flancos dejemos de pensar en clave de “ellos, nosotros, ustedes” y pensemos en un único cuerpo político-mediático histórico, sistémico y democráticamente intercultural, donde quepamos todos: también los y las ciudadanas.
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La nota fue publicada originalmente en el suplemento IDEAS del periódico Página Siete, el pasado 11 de noviembre de 2012, se puede ver el enlace original en este link: http://bit.ly/W6fxJR

Regulación en redes sociales ¿es posible?

Si bien en 2011 los medios de comunicación tradicionales voltearon la mirada hacia las redes sociales debido a un intercambio de ideas, vía Twitter, que surgió entre Sacha Llorenti, entonces ministro de Gobierno, y Carlos de Mesa, fue el lunes 4 de mayo de este año, la primera vez en que el presidente Evo Morales incluyó en su discurso y, con ello en la agenda informativa, a las redes sociales y sus dinámicas. En aquel entonces, la máxima autoridad del Estado Plurinacional cuestionaba frente a los medios de comunicación: “¿Qué dicen en los últimos días en el llamado Facebook? A mí no me molesta, (pero) dicen que hay que matar a este indio antes de que tenga muchas crías.” Entonces, los medios optaron por hacerse, por primera vez y de forma masiva y uniforme, la misma pregunta: ¿es posible regular las redes sociales?

Fue el 21 de octubre la segunda vez en que una autoridad de alto rango del Estado (el vicepresidente Álvaro García Linera) apeló a este espacio, cuando dijo: “El presidente Evo es objeto de insulto, maltrato y humillación; aquí tengo guardadito en el celular cómo en las redes sociales, en el Facebook, en el internet, lo insultan al Presidente”. Dicha declaración provocó que, por segunda vez, el conglomerado mediático tradicional dirigiera su mirada hacia lo que ocurre cotidianamente en las comunidades virtuales de bolivianos y bolivianas, formadas en y a través de las redes sociales; nuevamente persiguiendo la incógnita de si es posible esta regulación.



La terminología de regulación está relacionada con la creación de un marco normativo específico para su aplicación en un determinado territorio y tiempo. En las últimas semanas, algunos asambleístas han salido a mencionar que existen iniciativas para regular los contenidos dentro de las dinámicas comunicativas de las redes sociales; sin embargo, el mismo Vicepresidente ha indicado que es “imposible” hacerlo.

Marcelo Durán, consultor en comunicación y tecnología, señala que desde la perspectiva legal existen algunas experiencias, en la región, de regulación y/o monitoreo a redes sociales (la mayoría de ellas truncadas en su debate por la polémica desatada). Así, nombra las experiencias de Chile (contratación de empresa de monitoreo), de México (Ley Duarte) y de Argentina (Observatorio de Redes Sociales), entre otras.

En Bolivia, lo que sí ha sido confirmado por Roberto Rojas, jefe de la bancada de diputados del Movimiento Al Socialismo (MAS), es el trabajo conjunto que ha iniciado dicha bancada con la empresa telefónica Entel para la obtención de asesoramiento en la materia y la elaboración de un proyecto de socialización y concienciación sobre “el uso adecuado de las redes sociales”. Pues, explica el legislador, “el control es casi imposible porque los servidores son empresas de Estados Unidos; lo que tendríamos que hacer es un convenio binacional a través de la Cancillería y eso podría ser difícil”.

Y es que una manera posible de controlar la emisión de contenidos en una determinada red social es restringiendo el acceso a ella. En ese sentido, Durán expresa que “cada gobierno tiene un centro de control de telecomunicaciones que regula el tráfico nacional e internacional de internet, por lo tanto (para restringir el ingreso), técnicamente, se solicita a dicha entidad que no permita el acceso a un sitio específico”. Otra opción surge desde dentro de cada red social que “entrega mecanismos para denunciar las malas prácticas dentro de las mismas y poder permitir que cada usuario pueda regular su espacio personal”. Esta forma de autocontrol permite que dichas redes sociales puedan coexistir sanamente, tanto en el mundo análogo como en el digital.

No obstante, en el país existe ya normativa vigente, tanto para el uso de tecnologías en comunicación para la educación y para la promoción contra la discriminación (artículo 72 de la Ley 164 de Telecomunicaciones y Tecnologías de Información y Comunicación, y artículo 6 de la Ley 45 contra el Racismo y toda forma de Discriminación) como para sancionar la difusión de mensajes discriminatorios y/o difamatorios (artículo 16 de la Ley contra el Racismo y toda forma de Discriminación y Título IX del Código Penal). Ello, a pesar de que ninguna de estas leyes desarrolló puntualmente en su reglamentación cómo sería su aplicación para el caso de las redes sociales.

La democracia y la política en las redes sociales.

Las tecnologías de información y comunicación (TIC), de forma general, y las redes sociales, de forma particular, están generando múltiples cambios en casi todas las esferas de la vida cotidiana y dentro de las mismas sociedades. Lógicamente, tanto la política como la democracia no están exentas de dichas transformaciones, y el caso boliviano se ve además matizado por la escasa conectividad con la que contamos en Bolivia.

Según Eliana Quiroz, experta en redes sociales, uno de los principales cambios en la democracia es “que (ahora y debido a las redes sociales) sucede en varios lugares y ha multiplicado sus actores. Hay nuevos actores que usualmente son jóvenes y hay nuevos temas. Por lo tanto, la exigencia hacia los actores clásicos políticos es mayor porque tienen que entender los nuevos espacios, temas y actores, pero además deben tener mayor tolerancia”.
Respecto de la participación de los actores políticos en estos nuevos espacios, dice que “aunque las organizaciones sociales del Pacto de Unidad están presentes en la web y en las redes sociales, los partidos políticos en general o no están presentes o tienen un perfil muy bajo”. No obstante, también en las últimas semanas la agenda informativa ha estado copada de representantes gubernamentales que han salido, por vez primera, a declarar sobre el tema, acción que generó críticas en las mismas redes acerca de su desconocimiento de ellas, precisamente porque es en éstas en las que se extraña su presencia.



Sobre esto, Quiroz afirma que “hay una sobrerrepresentación de oposición porque no es como vemos en la vida offline; hay más presencia de gente de oposición y gente que está más separada del Gobierno y hay menos gente del Gobierno”. Esto debiera, idealmente, complementarse con una política o estrategia comunicacional destinada a garantizar la presencia de entidades gubernamentales en la web —hecho que ciertamente ha tenido un crecimiento en el último año— con el objetivo de garantizar el derecho a la información pública. O, el ingreso de más actores del Gobierno podría finalmente coadyuvar al equilibrio del flujo informativo que encuentra lugar en estos espacios virtuales.

Como asignaturas pendientes a futuro, tanto para el Gobierno como para la oposición, Durán señala que “no sólo este Gobierno, sino cualquier otra forma vinculada al poder, debe considerar el ‘diálogo’ antes que la ‘censura’. En ese sentido, deben establecer mecanismos de conversación con la ciudadanía a través de estas herramientas y convertirse en un Gobierno 2.0”. Por su parte, Quiroz asegura que “los partidos sí tienen ahí (en lo que se refiere a web) un tema pendiente”. Los medios de comunicación ante las redes sociales.

Ante la cantidad de cambios que generan las TIC y las redes sociales en diversos ámbitos, algunos actores tienen mayor cantidad de desafíos que asumir. Es el caso de los medios de comunicación, que deben afrontar el reto del periodismo digital. Sobre el tema, Wilfredo Jordán, periodista digital, indica que “el periodismo digital en Bolivia es aún incipiente” y que, entre sus avances se puede decir que ya “hay producción de contenidos multimedia y actualización de noticias”, pero que solamente se ha llegado hasta ahí.

Y si bien también es cierto que, sobre todo este último año, casi la totalidad de los medios ha entendido que estos nuevos escenarios, criterios y lenguajes periodísticos, entre otros, están definitivamente cambiando el paradigma comunicacional global, y han optado por generar propuestas digitales logrando establecer alguna presencia en web, a la hora de que las comunidades virtuales evalúen dicha labor el resultado no suele ser favorable.
Es así que —afirma el especialista— de cara al futuro “el reto es afrontar este escenario sin olvidar los valores tradicionales del periodismo.” Y determina cierta responsabilidad sobre los propietarios de los medios de comunicación a quienes —dice— “(les) falta entender a internet como un medio mismo e invertir en una propuesta digital seria basada en las tendencias que marcan el periodismo hoy”.

¿Web de medios de comunicación hackeados?

En las últimas semanas, las web de las radios Pío XII y Erbol, y los periódicos Cambio y Página Siete, entre otros, han sufrido ataques en sus estructuras visibles, que han optado por denominar “hackeo”. Según el activista y experto en comunidades virtuales Esteban Lima, “los ataques a páginas web pueden tener varios niveles; el más común se conoce como deface (quitar la cara), con el que el atacante logra cambiar la página principal y reemplazarla por un mensaje o diseño propio. En este ataque no se llega a robar información, pero el atacante puede dejar algo dentro del sitio que le permita acceder una segunda vez, que es lo que parece haber ocurrido (al menos) con Erbol”.

Si bien estos medios no han señalado puntualmente quiénes podrían ser los o las autoras de dichos ataques, sí han concordado que se trata de una nueva forma de atacar la libertad de expresión en estos espacios. No obstante, al respecto, Lima considera que “cualquier sitio es susceptible de ser atacado; no hay motivaciones definidas, puede ser ego (…) o tener tiempo libre. Respecto a los medios de comunicación seguro reciben ataques frecuentes por el nivel de tráfico que tienen”.

Es importante también recordar que durante el último año otras web, como la de la estatal Autoridad de Telecomunicaciones y Transportes, han sido hackeadas. En esa ocasión, el grupo Anonymous Bolivia se adjudicó dicho ataque como una forma de protesta, pues, según Lima, “se dan en respuesta a la nueva codificación para la señal de las antenas satelitales.” En ello, la diferencia de los ataques a medios, en los que “parecen más con el afán de molestar o crear malestar, está en el impacto”, pues los medios de comunicación suelen tener mayor tráfico de visitas.

Para  evitar estos ataques, el experto sugiere “hacer revisiones continuas, definir políticas claras de uso, poner alarmas para tratar de tener alertas tempranas y, sobre todo, concienciar a los usuarios de las medidas de seguridad”.

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Publicado originalmente en el suplemento Animal Político de La Razón, el pasado 04 de noviembre de 2012. Pueden ver la nota original en el siguiente link: http://ow.ly/f2NSm

Septiembre 25



Al caer la noche del 25 de septiembre de 2011, la red PAT mostraba las primeras imágenes de lo que sería, sin duda, la más brutal represión a un sector (nada menos que indígena) movilizado en la localidad de Chaparina.

La población que, siendo domingo por la noche, estaba mayoritariamente en casa compartiendo con la familia, quedaría impávida al presenciar los actos de brutalidad que -con cinta masking- se adhirieron a nuestra memoria colectivo-histórica ese domingo.

El conflicto por la carretera por el TIPNIS cargaba ya demasiadas contradicciones e incoherencias encima, pero de ninguna manera había alcanzado los niveles de irracionalidad y fuerza bruta que alcanzó esa tarde.

Antes de que el lunes cayera y después de cenar indignación, atiné a hacer dos llamadas, la primera a mi faro-guía y la segunda a un hermano de trinchera; ambos coincidían en que el fondo había sido tocado y que el daño hecho al proceso de cambio era irreversible.

Insomnio de por medio, al terminar esa misma noche del 25 ya sabíamos, sin coordinarlo, qué se debía hacer. No pensábamos hacer daño al Gobierno ni bulla mediática, la idea era dar una fuerte señal hacia adentro sin renunciar al proceso de cambio, sino por el contrario buscando ser consecuentes con él.

Y la dimos el 26 de septiembre, cuando decidimos dar un paso al costado. Durante un año entendimos que, lastimosamente, sólo eso fue lo que logramos: dar una señal, en ese momento.

Esta maravillosa y entrañable ilustración la hizo Abecor.

Ángel González, ese entrañable poeta español de la generación del 40, señala en sus Glosas a Heráclito que “Nada es lo mismo, nada permanece./ Menos la historia y la morcilla de mi tierra: se hacen las dos con sangre, se repiten”.

Y es que aquella triste costumbre de recordar anualmente nuestras fechas tristes con el sempiterno saldo negativo sobre la impunidad, y en batalla constante, desde la sociedad, por el no olvido de ciertos hechos históricos se nos ha vuelto una triste costumbre colectiva en el país, cuando no en Latinoamérica, cuando no en el mundo.

Al caer la noche del 25 de septiembre de 2012, la mayoría de los medios de comunicación del país mostraba las imágenes de la entrega de casas del Programa de Vivienda Social del Gobierno por parte de la Presidenta en ejercicio, Gabriela Montaño, en el Plan 3.000; lugar que -como señaló un periodista en Twitter- “hace sólo cuatro años era una de sus trincheras de resistencia”.

Sueño(s) de por medio, al terminar esa misma noche del 25 varios de nosotros ya vislumbrábamos caminos hacia adelante: opciones.

Antes de que el miércoles cayera y después de cenar esperanza atiné a chatear con una compañera y un compañero de trinchera con quienes comentamos el saludable y gran aporte simbólico que significaba el interinato de Montaño en la Presidencia del Estado Plurinacional, el aire que ello le daba a un ambiente sociopolítico mayoritariamente decepcionado en sus estructuras más profundas, a una sociedad desengañada.

Ciertamente se trata de dos contextos y momentos distintos. Dos coyunturas que no se relacionan ni afectan siquiera indirectamente. Pero ocurren en un mismo día, en un mismo espacio llamado Bolivia.

Y es que si bien la acumulación histórica es parte del deber de la memoria, la oportunidad a lo soñado y no renunciado también lo es. No por casualidad, señalaba el mismo González que “No es bueno repetir lo que está dicho./ Nada es lo mismo. / Habrá palabras nuevas para la nueva historia / y es preciso encontrarlas antes de que sea tarde”.

Quizás las nuevas palabras se encuentran en la noche más triste del proceso de cambio, leída desde una de sus semanas más esperanzadoras. Quizás, quién sabe.

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Esta nota fue publicada originalmente en el suplemento IDEAS del periódico Página Siete, el pasado domingo 30 de septiembre de 2012. En este link pueden acceder a la publicación original: http://bit.ly/SewDIN

lunes, 29 de octubre de 2012

Monitorear, regular, controlar, vigilar y castigar




Inmediatamente después de que nuestro Vicepresidente señalara que “el presidente Evo es objeto de insulto, maltrato y humillación; aquí tengo guardadito en el celular, cómo en las redes sociales, en el Facebook, en internet, lo insultan al Presidente”, las comunidades virtuales iniciaron una ola de bromas, montajes y frases burlándose de las declaraciones del segundo mandatario, por la desafortunada declaración, sí; pero sobre todo bajo conciencia de la imposibilidad de “controlar” esta red social.


¿Monitorear, regular, controlar, vigilar y castigar? Tantos términos, tan disímiles, con interpretaciones tan distintas y, sobre todo, con implicancias tan radicalmente diferentes para la democracia nuestra de cada día.


El dibujo es, como siempre, del gran Abecor.




Monitorear. Seguramente el Vicepresidente, así como los organismos estatales (a todo nivel) realizan un monitoreo al espacio público virtual y a los discursos sociopolíticos que se generan en dicho lugar.


Y ello ciertamente no sólo debería parecernos normal, sino desde un punto de vista de gestión informativa gubernamental deberíamos hasta celebrar, dado que son evidentes los enormes vacíos comprensivos que tiene el Gobierno en esta materia. El monitoreo, informativo en general y de redes sociales en particular, es una medida legítima que cualquier iniciativa comunicacional, hoy por hoy, debe tomar en cuenta, porque permite integrarse de forma más inteligente y estratégica en las tendencias de agenda mediática e informativa.


Regular. Así como ocurre con los medios de comunicación tradicionales, es imposible regular totalmente los contenidos que se vierten en las redes sociales y es un despropósito hacerlo sin pensar alternativamente en mecanismos de autorregulación, propios del tipo de medio y, en el caso de las redes sociales, propios de las comunidades que se forman en torno a los mismos. (Ojo, esto último va como desafío a nosotros/as, los/as usuarios/as).


De todas formas, cualesquiera fuera el caso, es preciso recordar que existen varios mecanismos de regulación para determinados contenidos que ya forman parte de un cuerpo normativo vigente. La característica de todas estas leyes es que, al menos, las aprobadas recientemente, han dejado abierta la puerta para definir los mecanismos de aplicabilidad en varios temas, pero sobre todo en redes sociales, en sus reglamentos.


Controlar. Basado en el amedrentamiento simbólico o de hecho, controlar implica romper -a partir de un monitoreo dirigido- todo principio democrático informativo y comunicacional, garantizado en los artículos 106 y 107 de la CPE.


La manera en que se materializa este control puede, ciertamente, devenir en censura y está relacionado, en el caso de las redes sociales, directamente con el acceso a la red internet y no así con los contenidos.


Vigilar y castigar. Así junto. Y sí, en clave foucaultiana. Vigilar y castigar, sabemos, consiste en la vieja (y no por ello carente de vigencia) metáfora que ampliamente teorizó el filósofo y sociólogo francés Michel Foucault, cuya mayor (y peor) materialización se encontraba en el panóptico, esa materialidad estructurada idealmente para la vigilancia como forma de ejercicio y reproducción del poder.


Pongo a disposición todos estos términos por la plétora de opiniones que ha desatado el Vicepresidente con sus declaraciones y por la cantidad de gritos al cielo que he alcanzado a escuchar/leer sobre ello. El hecho no es menor, claro que no, pero ¿llegamos hasta el último término como varios señalan? yo creo que tampoco. ¿Y usted?

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Columna publicada originalmente en el suplemento IDEAS de Página Siete, del pasado domingo 28 de octubre de 2012. Pueden ver el original en el siguiente link: http://ow.ly/eRE0l

lunes, 17 de septiembre de 2012

Réquiem por un tejido de género

No soy una especialista en temas de género, es más, ni siquiera me considero una feminista en el estricto sentido teórico-categórico de la palabra.

Soy más bien una curiosa sobre el tema, una convencida de que la construcción del nuevo sujeto político que devendrá durante o después de la construcción del Estado Plurinacional (producto de sus aciertos y errores) vendrá en clave de género/generación.

Me declaro pues una mujer en uso y ejercicio del espacio público. Y es, desde esa posición, y desde ese lugar, desde donde quiero lanzar algunas preguntas/interpelaciones para la deliberación democrática sobre esta temática, en este tiempo.

Entre el año 2000 y el año 2006, la irrupción de los movimientos sociales en la esfera pública determinó la constitución de un nuevo sujeto político indígena-campesino que, posteriormente, fue quien -agendas sectoriales de por medio- logró construir una nueva estructura estatal que, con base en la descolonización, buscó incluir a sectores postergados y excluidos en la compleja estructura estatal, mediante la redacción de la actual Constitución Política del Estado Plurinacional.

Si bien las mujeres estuvieron presentes durante el resurgimiento de los movimientos sociales, la época preelectoral, el ascenso al poder, el proceso constituyente y, actualmente, el proceso de construcción plurinacional, se observa -de todas las vertientes feministas- su participación no protagónica y, sobre todo, subyugada a las estructuras patriarcales de las organizaciones y dinámicas políticas, sobre todo (pero no exclusivamente) del partido gobernante.

Los inolvidables matices simbólicos en estos años de lo que conocemos como el proceso de cambio han venido de la mano de mandos de poder bajos, medios e intermedios; terminando en las acciones de hecho de un alcalde y varias declaraciones de nuestro Presidente.

Rosalva Hernández, una experta en la escuela de los feminismos de la diversidad en América Latina, ha afirmado que lo que pasa actualmente en Bolivia no deja de ser un caso interesante que ha tenido su propio proceso interno y ha devenido en “una tensión en la que las mujeres indígenas sienten muchas veces que las mujeres feministas no las están escuchando en su agenda, y las mujeres feministas sienten que el movimiento indígena sólo está considerando a las mujeres indígenas y no las está considerando a ellas”.

Y es que el saldo en este momento es ése: no hay una cohesión entre las diversidades del pensamiento feminista en Bolivia. Y la causante pareciera ser -en eso hay alguna coincidencia- la ausencia de la matriz transversal despatriarcalizadora al momento de pensar en la construcción de una nueva estructura descolonizadora.

Más aún: no sólo la estructura sino -y sobre todo- las prácticas patriarcales en la sociedad, la cultura y, cómo no, la política nuestra de cada día.

Si bien las diversas corrientes feministas de hoy se han adscrito a la teoría crítica, que entiende que las formas de dominación son múltiples, al momento de reflexionar/transformar y proponer formas y agentes de resistencia, este debate vuelve a perder unidad e impulso en el terreno de la pugna política; sea desde el feminismo de vertiente urbano-institucional, anárquica o el feminismo comunitario.

En tiempos del Estado Plurinacional diverso es vital visibilizar este debate y hacerlo encuentro, no sólo porque nos hace a todas y todos, sino porque el cumplimiento de las utopías feministas se juega en ello. Se trata de poner a dialogar todos los enfoques, los bagajes teóricos, metodológicos y experienciales de cada mujer en el Estado y hacer con ellos lo que las mujeres hemos hecho históricamente con las diferencias: entrecruzarlas, trenzarlas, hilarlas: tejerlas.

(Publicada originalmente en el suplemento IDEAS de Página Siete, el pasado domingo 16 de septiembre de 2012, pueden verlo en el siguiente link:  http://bit.ly/Rl4YzR)

La democracia: sus espejos

El libro que publicó Eduardo Galeano sobre breves relatos de la historia universal hace unos años llevaba el nombre de Espejos. Una historia casi universal. La idea la había extraído de un canto indígena de Dakota del Sur, que rezaba (mientras se preguntaba): “Los espejos están llenos de gente. Los invisibles nos ven. Los olvidados nos recuerdan. Cuando nos vemos, los vemos. Cuando nos vamos, ¿se van?”.

Sucede, pues, que los espejos, como la historia, nos hacen. Y algo parecido pasa con la democracia nuestra de cada día, que se hace con/en la historia y, por ello, tiene sus propios espejos. Espejos que dosificadamente habitan nuestros días/nuestras vidas y que, ocasionalmente, irrumpen abrumadoramente a recordarnos su presencia que, por doquier que uno/a vaya, reflejan la reminiscencia de los años-hechos pasados, a veces con entrañables guiños, otras con rabiosos rencores y las menos con silencios cómplices. 



Espejo en La Moneda: “Trabajadores de mi patria: Tengo fe en Chile y su destino. Superarán otros hombres este momento gris y amargo, donde la traición, pretende imponerse. Sigan ustedes, sabiendo, que mucho más temprano que tarde, de nuevo, abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre, para construir una sociedad mejor.” Así se despedía Salvador Allende del pueblo chileno un 11 de septiembre, hace 39 años.

Si bien el golpe de Estado militar que sufrió el vecino país (y que le depararía una larga noche militar de 17 años) es uno de los eventos con mayor ancla en nuestra historia latinoamericana, es preciso recordar uno de los episodios que probablemente es poco conocido/recordado en el país sobre el golpe de Estado de 1973 en Chile, aquél que tuvo lugar en Santiago el 10 de septiembre del mismo año, cuando Allende tendría conocimiento de las intenciones golpistas de un grupo de las Fuerzas Armadas de Chile, tras la advertencia de sus ministros de Interior y de Defensa.

No obstante, la errónea información sobre la fecha de la traición militar indicaba que aquélla tendría lugar el 14 de septiembre. Con ese dato, Chicho (como le decimos quienes lo entrañamos) encontraría una salida para mantener resguardada la democracia; había tomado la decisión de convocar a un plebiscito en el que —lo sabía la Unidad Popular y lo sabía Allende— perderían el gobierno, pero podrían salvaguardar el proceso democrático. Para la historia, los planes golpistas indicaban otra ruta que además se aceleraría con la transformación de un histérico Augusto Pinochet durante el golpe en pleno: Allende, el primer presidente socialista elegido democráticamente de la región, vería truncada su oportunidad de resguardar el sistema democrático, moriría en La Moneda al día siguiente de tomar esta decisión. 

Se trataba de la democracia representativa buscando respirar en el continente.



Espejo en el Porvenir: “Vuélvanse por donde vinieron. Están viniendo de Puerto Rico tres volquetadas con gente y va a ser peor. Vuélvanse antes de que pase a mayores. (…) Si no hubiera esta zanja ustedes estarían correteados por todo este monte y eso se los aseguro. Vuélvanse por donde vinieron, si no deciden volverse vamos a tomar otras medidas”. Según el libro La mañana después de la guerra, del periodista Boris Miranda, así amenazó Ricardo Shimokawa, líder del Comité Cívico de Pando, a la columna campesina que buscaba llegar a Pando el 11 de septiembre del año 2008 y que fue interceptada cerca de Porvenir por una zanja cavada por funcionarios de la entonces Prefectura pandina. Aunque hasta la fecha no se han esclarecido estos hechos, se sabe que los campesinos acudían a Pando a un congreso extraordinario que tenía como fin salvaguardar el proceso agrario que el primer gobierno de Evo Morales había llevado a cabo exitosamente desde el año 2006. Los hechos que sucederían el enfrentamiento verbal en esa zanja serían conocidos hasta ahora como “la masacre del Porvenir” (la cual recordamos tras cuatro años sin que estén totalmente esclarecidos los hechos) y con ellos se iniciaría la caída del bloque cívico-prefectural que, en franca oposición al texto constitucional, habían iniciado una ofensiva contra el Gobierno y el Estado a través de la toma violenta de instituciones sobre todo en los escenarios departamentales de la región del oriente. Corrían tiempos de pugna por la Constitución, tiempos de transición paradigmática en el proceso constituyente.

Se trataba de la democracia intercultural tratando de nacer. 



Espejo en El Alto: “Lo importante es decir que yo no niego que es una crisis grave porque es una subversión y un levantamiento del narcosindicalismo contra el sistema democrático contra la unidad del país, por eso yo no voy a renunciar. Yo no puedo renunciar porque significaría el fin de la democracia y probablemente la desintegración del país”, señalaba Gonzalo Sánchez de Lozada en una entrevista al periodista mexicano Carlos Loret de Mora, el 16 de octubre de aquel 2003.

En la actualidad son tres las observaciones que Estados Unidos ha interpuesto a las 60 razones que permanecen en la memoria de todo un país para justificar la no extradición al país de Sánchez de Lozada y Carlos Sánchez Berzaín. A puertas de recordar un octubre más (el noveno bajo el manto de la impunidad), hemos recibido un golpe de memoria tras escuchar las funestas declaraciones de Sánchez Berzaín, quien desde Estados Unidos no titubeó en señalar que fueron otros actores y por otras razones los que rompieron con la democracia aquel octubre de 2003.

Corrían tiempos en que la democracia buscaba ampliarse, donde el pueblo boliviano buscaba ejercer su derecho a ser consultado sobre las decisiones estatales. A Sánchez de Lozada se le había señalado el camino a la salida por la pugna gasífera y se llamaba referéndum, mas ese gobierno optó por las armas y a nombre de Estado de derecho abrió fuego en nuestra hermana ciudad de El Alto. 

Se trataba de la democracia directa y participativa luchando por existir.

¿Cómo y hasta dónde somos capaces de reflejarnos/mirarnos? Más importante aún, ¿de no hacerlo sólo cuando los espejos se nos ponen al frente mientras el resto del tiempo siguen pegándonos abajo? Ah, son los espejos que persiguen y persisten en reflejar nuestra historia y nuestra memoria. Es nuestra democracia, que se mira a sí misma… y que insiste.

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 Los espejos son y hacen historia. La anterior semana tenía todos los sentimientos/pensamientos encontrados por las fechas históricas que abrumaron y quería decir todo pero no podía decir nada, un artesano me recordó un espejo que recojo en esta columna y me hizo entender que todos conforman nuestra caleidoscópica realidad cuando se miran mutuamente.

Y así nació esta colaboración que salió publicada el día de ayer (16/09/12) en el periódico La Razón (acá el enlace original: http://bit.ly/O9gdAs)

lunes, 10 de septiembre de 2012

Eco de un concierto


Desde que Lila Downs sacará su último disco “Milagros y Pecados”, su afición por las nuevas tecnologías de información y comunicación la harían posicionar entre sus seguidores y seguidoras los #MartesDeMilagro (así con hashtag y guiño tuitero). Y es que sucede que los martes, de forma general, no son “días inteligentes y no se sabe ir más allá”. Pero este último martes fue, sin duda, un martes milagroso; y lo fue la mano de un excepcional cancionista uruguayo (no condice con el término cantautor) que supo, con maestría, transformar un martes cualquiera en una eternidad musical. Y no exagero, lo que Jorge Drexler, sembró el pasado martes en el cine-teatro 16 de julio (y el miércoles en Santa Cruz, seguro) cuenta como primera e íntima vez de la llegada de este yorugua, que se nos queda para toda la vida.

De terno, acompañado en principio de dos músicos, inicia –sin anestesia previa- con Hermana Duda, para continuar luego con Polvo de Estrellas y Mundo Abismal (el nombre de la gira con la que llega hasta Bolivia). Con Eco y Noctiluca llegarían las primeras historias: Drexler rememora Cabo Polonio, ese incógnito lugar en Uruguay donde la luz de un faro ilumina las noches y él reconoce pequeñas luces que, tiempo después, lo llevarían a entender/entrañar el nacimiento de Luca: su hijo. Momento paternal, intenso y brillante. Inoportuna, vendría tras el pedido de alguien del público que, sin sonrojarse, manifestó su amor al yorugua, quien tras escuchar la declaración señala –acostumbrado al vértigo femenino- “gracias por ello en esta época tan desenamorada” y la conmina a pedir una canción desde la bandeja alta del público.

Fusión la pediría un músico del público que supo responder a Drexler cuando preguntó si alguien quería pedir alguna canción que comenzará en Sexta en Re. Complicidad exclusiva para músicos y músicas. Posteriormente Drexler comenta que grabó esta encomiable canción de RadioHead hace mucho tiempo, e inicia los acordes de High and Dry.

Irrumpiría, luego, una entrañable historia en algún lugar de Madrid cuando fue el mísmismo Sabina quien le enseñó a Drexler lo que son las décimas, transfiriéndole seguramente la más íntima y querida forma vérsica que conoce y utiliza actualmente el cancionista, utilizada por primera vez en la Milonga del Moro Judío, canción que inauguraría el momento acústico, privado e introspectivo para él y todos y todas en el concierto. Ese momento se completó con la Milonga paraguaya y fue coronado con Soledad y sus acordes convocando al corazón de “quienes nunca supimos bien cómo estar solos”. Momento cómplice para el almita.

Apelando al coro unísono de quienes nos encontrábamos en el concierto retoma la línea narrativa del concierto con Mi guitarra y vos donde empieza a ejercitar su suprema afinación para iniciar el juego con el público. Preguntas y respuestas: ecos. Luego vendría Aquellos Tiempos, precedido por instrumentos electrónicos (entre ellos el theremin) que convidan futuro, mientras las letras batallan por el deber de la memoria, visitando incluso Mayo del 68.

Deseo llegaría de la mano de un proyecto de grabaciones urbanas que Drexler y sus músicos-sonidistas habrían grabado en varias ciudades, él se encarga de explicarnos y mostrarnos cada una antes de iniciar la famosa canción. Primero conoceríamos a un predicador callejero de alguna iglesia en México señalando aquello que no se debía desear en la vida (menos mal que no tiene éxito, señala Drexler). Luego conoceríamos un ingenioso vendedor de ese tradicional dulce limeño que se oferta al ritmo cantado de “revolución caliente, para enchinar los dientes”. Y, finalmente, la grabación urbana de la banda estudiantil del colegio Don Bosco (sí, como lee, del Don Bosco).

Todas y cada una de ellas tomando turno para acompañar Deseo que no sólo sería acompañado por las grabaciones sino por los ojos de Drexler (mire donde mire, te veo), el magnífico uso del efecto de delay paneado que utiliza en varias de sus canciones y los coros de los y las paceñas (sobre todo las paceñas).

Seguiría Disneylandia y Transporte para luego sorprendernos con la canción que lo llevó a ganar el Oscar aquel 2005, en esa espléndida película Diarios de Motocicleta sobre el Che Guevara: Al otro lado del río, la versión iría a capella, íntimamente, con nosotros/as, bajo el cielo paceño. Terminaría el concierto con Sea, embrujando nuestra parte del aire para que acá también “sea lo que sea”.

Después de todo el bochinche que armamos en el teatro no le quedaba otra que volver una vez más y lo hizo, de la forma más majestuosa: con su historia personal con Bolivia en una mano y una copa de vino blanco en la otra. En 1939, varios migrantes escapan de la Alemania nazi y todas las embajadas latinoamericanas (relata el cancionista) estaban cerradas, excepto la boliviana, a donde llegaría el abuelo de él que aún (nos cuenta) sigue enterrado en Oruro. Con esa honestidad que te dan las vivencias personales, nos regala un Salvapantallas, para luego seguir (parados y bailando) con Todo se transforma, La trama y el desenlace y Las transeúntes.

Quizás podía detenerme en detalles más técnicos sobre el concierto. Pero sucede que este es uno de esos en los que nada brilla por sí sólo, sino por el conjunto. Ese todo maravilloso y entrañable que nos regaló Jorge Drexler y que, como nos dirá su eco, eco, eco constantemente “continuará derivando latente en el éter, eternamente”. 
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Publicado originalmente en el Suplemento IDEAS del periódico Página Siete, en la página 15 de la edición del 09/09/2012 (http://bit.ly/Rzr9HM)

martes, 4 de septiembre de 2012

Levedad/Densidad


 

Tanto lío por el tantalio. Y sí. Sucede que esta última semana hemos asistido a un nuevo episodio del chenko discursivo del cual hemos sido espectadores/actores todos y todas (en mayor y menor medida) últimamente. Ya lo había advertido anteriormente, cuando hablaba de lo que dicen los silencios callando. Valga, entonces, afirmar que también el ruido deviene silencio y ello, claro, también dice mucho.

En medio del litigio gubernamental-mediático por el radiactivo y reciente affaire del supuesto uranio (en realidad mineral) encontrado en la zona de Sopocachi de la ciudad de La Paz, cabe preguntarnos ¿quién y cómo se garantiza la amplia gama de derechos comunicacionales establecidos constitucionalmente en el país?


Sobre todo si quienes con sus acciones hacen Estado, atentan –discursos apresurados e irresponsables de por medio- contra los mismos, generando un ámbito de incertidumbre, desinformación y conjeturas en los ámbitos local, nacional e internacional, que –lógico- los medios se apresuran a reproducir.

¿Quién y cómo los garantiza? Cuando los medios de comunicación campean impunidad-irresponsabilidad por la publicación/difusión de desinformaciones o tergiversaciones en su devenir histórico. O, peor aun, cuando en la inexistencia de ellas son cuestionadas/procesadas por el poder político, como ocurre actualmente.

O, mejor, quién y cómo protege nuestros derechos comunicacionales de nosotros/as mismos/as cuando al solo rumor de una información no dudamos en creernos especialistas en cualquier materia para convertirnos en ocasionales opinólogos/as o, más allá, emitimos juicios de valor sobre hechos o personas sin tener siquiera un poco de información sobre ellos o ellas. Todo esto amplificado hoy por las nuevas tecnologías de información y comunicación, concretamente las redes sociales.

Ah, nuestros derechos comunicacionales, librados a su suerte en el espacio público nuestro de cada día. En manos y responsabilidad nuestra. Sin censuras y sin medidas. Con las palabras de todos y todas, con los excesos de todos y todas. Impidiendo el silencio reflexivo de la sensatez y apelando/alimentando el ruido de la irresponsabilidad.

Estallido de signos. Explosión semiótica. Se dice tanto de nada. Ruido y más ruido. El espacio público está tan lleno de desechos semióticos que la levedad de los discursos deviene en silencio. Ergo, el espacio público pierde densidad. Y la constitución de lo político se imposibilita. No se camina y (peor aun) se desanda lo andado.

Jacques Rancierè afirma que las únicas victorias políticas posibles son aquellas en las que logra constituirse un sujeto político; y esta constitución está sujeta al uso de la palabra: a la densidad del discurso que va materializando realidades (y también viceversa). Construcción del Estado Plurinacional de por medio, toca preguntarnos/preocuparnos al pensar que el (ab)uso de la palabra deviene no sólo en un desgaste de discurso sino en un proceso de desubjetivación de los sujetos históricos que nos marcan el horizonte en este proceso histórico-constructivo.


El silencio de las ideas y de los medios para su difusión (aquella noche dictatorial que vivimos) se sabe, no es bueno para ninguna democracia. Pero tampoco lo es el ruido de juicios, acusaciones y desinformación en el que nos encontramos. Ya lo sentenciaba Joaquín Sabina: “ruido mentiroso / ruido entrometido / ruido escandaloso / silencioso ruido”.

Hasta acá llego por razones de espacio. Que no se piense que es flojera porque ciertamente no me considero una persona floja para las letras. Aunque a esta altura, lo dijo el Aprendiz de Brujo y lo ejerce el Gobierno, “no es lo mismo pero es igual”. ____________________________________________________________________

Publicado originalmente en el Suplemento IDEAS de Página Siete, el domingo 2 de septiembre de 2012, pueden leerla en el siguiente link: http://bit.ly/Ti7ZoJ

lunes, 20 de agosto de 2012

(Re)presentaciones Censales

Son varios los debates de tipo teórico–técnico–político acerca de la pertinencia de la inclusión de la categoría de autoidentificación (cultural dicen algunos, racial los otros) en la boleta censal.

Varias también han sido las propuestas de que este indicador sea reglamentado como un instrumento para la “generación de normativa y políticas públicas”; pero, a saber, tampoco se ha profundizado más en este asunto. Y es que, sin ir muy lejos, lo que en el fondo se está polemizando es un asunto de representación en el plano simbólico.

En términos epistemológicos, representar significa “presentar de nuevo”; estamos hablando de una función en la que se hace presente algo o alguien que no estaba presente y ahora sí lo está.

Ya en el plano teórico, la representación -según autores como Manin, Sartori y Del Rey Morató- se presenta de tres formas: a) como mandato o delegación, b) como semejanza o similitud y c) como responsabilidad. Todo el debate que estamos presenciando se encontraría en la opción b.

¿Y la representación como mandato y delegación? No podemos pues olvidar en el debate censal que es la Ley de Régimen Electoral la que precisamente recoge este principio y que, además, está sujeta a una nueva redistribución de escaños (uninominales y de circunscripciones especiales) en base a un nuevo censo poblacional (artículo 56, párrafo II y artículo 57, párrafo III).

Una de las opciones que ha tomado fuerza los últimos días en torno a esta temática ha sido la de trasladar la consigna “Todos somos TIPNIS” a la práctica, lo que consistiría en que todos/as aquellos/as que se consideren mestizos/as se “autoidentifiquen” como yuracaré, moxeño, tsimán u otro pueblo indígena originario campesino que habite en el TIPNIS.

En términos reales, de lo que estaríamos hablando sería de una postura política (relacionada con un ámbito étnico-cultural) muy parecida a la consigna “nulo” por la que votó una mayoría nacional en las pasadas elecciones judiciales de 2011.

Y si esta campaña llegara a tener éxito -a pesar de la dispersión de opciones que se presentan-, esto tendría un efecto aún imprevisto en la nueva distribución de escaños especiales indígenas; esto partiendo del hecho de que se establecen a partir del principio de representatividad de las minorías; es decir, su objetivo consiste en garantizar escaños para minorías indígenas dentro de cada departamento.

Si, hipotéticamente, “infláramos” este dato a favor (o en desmedro, como resultado final) de uno u otro pueblo indígena originario, no solamente estaríamos distorsionando un dato de la realidad sino que -se pueden hacer varios ejercicios al respecto- podríamos incluso reducir la posibilidad de acceso al curul especial indígena de algunos pueblos indígena originario campesinos en determinados departamentos, si es que se llegaran a constituir en mayorías en espacios rurales. Todas son posibilidades, hipotéticas. Pero todas deben (pre)ocuparnos.

¿Hay (sub)representaciones? ¿simbólicas? ¿de mandato? Ése es un tema para la discusión. Lo que sí es seguro es que aquellos que se identificarían como indígenas en la boleta censal, en noviembre, con las opciones establecidas actualmente tienen siete representantes nacionales. El resto, nosotros mestizos/as-bolivianos/as, tenemos 123. Es un dato para pensar.

La idea es que, lejos de trasladar la cuestión del censo 2012 a un campo politizado, tratemos de pensarla como herramienta que, desde ya, varias leyes y todas las políticas públicas requieren realmente para adecuarse a las necesidades actuales del Estado Plurinacional.

Es difícil, seguro; pero necesario. También es urgente medir las consecuencias de nuestros discursos/posiciones. ¿O estaremos realmente cerca de “politizar la sensatez” (Andreu Vaca, dixit)? Voy a creer, por ahora, que ella está aún en nuestras manos y no de la política. 
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Nota publicada originalmente en el Suplemento IDEAS de Página Siete, el pasado domingo 19 de agosto de 2012, puede ver la publicación original en el siguiente link: http://bit.ly/NcNzhe

jueves, 26 de julio de 2012

Ofrenda

En 1999 Pedro Guerra estuvo en Oaxaca, justamente un 2 de noviembre: era día de muertos. Y fue ahí, en ese momento, donde nació la idea de hacer “Ofrenda”. En sus palabras “una ofrenda para regresar lo que se ha ido. Un altar en donde poner lo que ya no está para que vuelva lo que se fue.” Va este recuerdo -en clave de ofrenda- para recuperar el tiempo que fue y que hace eco hoy para manifestar que existió. 8 de julio de 2001 en Alcalá de Guadaira, España. Para irme a Alcalá, ese julio, había conseguido que otra boliviana, un español y un sueco acompañaran cómplicemente este mi arrebato. Ciertamente lo hicieron con más preocupación que empeño, pues el castillo de Alcalá estaba a dos horas de Sevilla y si bien existía alguna posibilidad de ir en transporte público, la última posibilidad de retornar se esfumaba a la medianoche y el concierto de Pedro Guerra estaba programado para las 21 horas; lo cual no era ninguna garantía para algún retorno seguro y, ciertamente, en los alrededores del castillo no había absolutamente nada.

Escoltada como buena extranjera de 19 años, con mi irresponsabilidad y mi firme decisión de ver a Pedro en las espaldas, nos embarcamos a Alcalá en coche. Llegamos justo a tiempo para el inicio del concierto y a pesar de que el lleno era total no debimos ser más de 300 personas en el castillo. Aún así no creo que ninguna de esas 300 almas se haya sentido ubicada lejos de Pedro, pues yo tengo la imagen clara de sus pies y las luces azules que iluminaban su banda en un registro cercano, a pesar de no haberme encontrado en primera fila: esa latente sensación de cercanía. Pedro estaba vestido todo de blanco, aún traía el pelo largo y amarrado, estaba descalzo en el escenario. Y, sin palabra previa, iniciaría el concierto con “Babel”, para luego contar la historia de Oaxaca y presentarnos “Ofrenda” a través de un juego de luces que evocaban colores mexicanos. “Miedo” (esa canción que en el disco la comparte con el gran Lenine), “Extranjeros” y “Herminia” vendrían luego con el impulso de la banda que lo acompañaba y con Pedro sólo a la voz, cantando por todo el escenario. Éstas canciones cerrarían esta primera parte en la que Pedro paseaba cantando/contando cada una de sus canciones: cada canción con su historia. Cada historia con su recuerdo. Cada recuerdo con su almita.

(En el concierto en el castillo, estaba cantando "Deseo")

Recuerdo haber pensado en ese momento y los días posteriores, lo difícil que sería pensar en traerlo a Bolivia, sobre todo en esa gira, donde gran parte del espectáculo reposaba en la banda. En medio de tales pensamientos, Pedro completaría el concierto solo/sólo con su guitarra, entonando “El aire en que no estás”, “El encantador de serpientes”, “Papá cantó” y “El reencuentro de Viola y el Barón”. No hubo siquiera la necesidad de pedirle clásicos como “El Marido de la Peluquera”, “Dibujos Animados”, “Todo es Desorden”, “Daniela”, “Bebes del Río” y varias más que, en una generosa ofrenda, Pedro nos fue entregando con mucha paciencia y templanza. No hubo ruegos, no hubo decepciones, no hubo ausencias, ni hubo nostalgias. Cerraría el concierto, retomando la banda, con “Dirán” y “Dragones Verdes”. Y el círculo completaría perfectamente su trazo. Quedando esa sensación tatuada: estuvieron todas, no faltó ninguna.

Emprendimos retorno a Sevilla, en la despoblada carretera viajaba a nuestro lado su autobús con él y la banda dentro. Nos adelantaban, les adelantábamos, todo en plena coreografía carretera, hasta que en la entrada a Sevilla los perdimos. Nosotros fuimos a tomar una cerveza en casa y a dormir. Todo y tanto, era demasiado para caber en una noche, en una historia.

Al día siguiente me levanté temprano para irme directo al AVE (tren de alta velocidad) para retornar pronto a Madrid y de ahí a Bolivia. Y a pesar de que el tren tiene alrededor de 20 vagones con 60 espacios cada uno. Yo llegaría al vagón 7 - asiento 13. Y Pedro Guerra al vagón 7 - asiento 16. Cuando llegamos a Sevilla, me acerqué a interrumpirlo a la salida del tren, para decirle que lo había visto la noche anterior en Alcalá y que venía desde Bolivia, donde ya lo estábamos esperando. Él, de pocas palabras como es, me respondió que tenía “muchas ganas de estar en Bolivia” y que esperaba que sea pronto. Quizás es por ello que en una entrevista, hace días, recuerda que “cantar en Bolivia será cumplir un sueño".

Yo no sé exactamente que nos espera en los conciertos programados para estas dos fechas en La Paz, pues han pasado ya 11 años. De lo que sí estoy segura es que nos esperan no sólo dos recitales de canciones, sino además un par de exquisitas sesiones de historias. Y de que no sólo nos espera “El Mono Espabilado”, sino un recorrido por todo lo que Pedro, el artista y el humano, fue y es.

Lo sé porque estuve en uno de esos conciertos donde él derrocha genialidad y generosidad. Y lo sé, además, porque Pedro tiene ganas de visitar Bolivia hace más de una década: me lo dijo en un tren, el 2001. 

En la estación del AVE. Llegando a Madrid.
(Esta crónica salió publicada originalmente en el suplemento IDEAS de Página Siete, del pasado domingo 15 de julio de 2012. La reproduzco ahora que Pedro Guerra está en suelo boliviano.)

Tuiteando ando

Vacas Sagradas

Vacas Sagradas

Sarelisa, las almas gemelas. Los cuentos compartidos. Ellas. Nosotras.

Arcángel

Arcángel

Habrá palabras para la nueva historia y es preciso encontrarlas antes de que sea tarde.

Ángel González

Histérica

Histérica

Los 4 siglos que duró la inquisición fueron llevadas a la hoguera 8 millones de personas, la mayoría mujeres. Lo que da un total de 55 personas ejecutadas diariamente durante sólo 400 años. Si la inquisición me hubiera juzgado sería por hereje, apóstata, materialista, libertina, sediciosa, cismática, blasfema, presbilesbiana, testícula de Jehová, antiperonista, rebelde, pertinaz, contumaz y puta.

Liliana Felipe

Memoria Vigilante

Memoria Vigilante

Y los ratones hicieron una alianza y la serpiente de cascabel le puso el cascabel al gato.

Jairo Aníbal Niño