martes, 7 de febrero de 2012

Un año después: ¿Dónde empieza el cambio?


El 15 de febrero se cumple un año de existencia de la cartera más joven del gabinete ministerial; casual y simbólicamente la primera y única que hasta ahora ha sido creada en el Estado Plurinacional. 365 días después y con nueva autoridad, un catálogo de pendientes para el Ministerio de Comunicación ha sido descrito por varios colegas ahora que vamos, como sector, asimilando con mejor y mayor comprensión la existencia de una instancia cabeza del sector comunicacional. Y a pesar que se podría señalar que, sectorialmente, el panorama se va aclarando; se podría decir que tanto en la anterior gestión como en esta que comienza hemos apostado siempre por entender al ministerio comunicacional en clave de institución reglamentarista y hemos esperado, esta vez como gremio y sociedad, que (in)viabilice un nuevo marco normativo –acorde a la nueva Constitución- para la comunicación en Bolivia.


Tanto el gobierno como los medios-periodistas-comunicadores/as somos responsables de haber (des)dibujado un escenario comunicacional que privilegia en el centro a la norma (dándole importancia), ubica a la política pública en la periferia (dándole intrascendencia) y coloca los reclamos en la puerta (dándoles urgencia). Reclamos que van desde el desempeño de los medios estatales hasta las garantías para el ejercicio periodístico, o cualquier demanda que emergiera de esa suerte de círculo vicioso y conflictivo que se ha vuelto nuestro escenario político-comunicacional de cada día en el cual el gobierno es víctima de los medios, los medios son víctima de los sectores sociales, los sectores sociales son víctimas de la oposición y la oposición es víctima del gobierno.


La norma es importante, sí; pero en el marco de una proyección mayor o, mínimamente de una comprensión más amplia de lo que es la comunicación en tiempos plurinacionales. Y en ambos escenarios, se sabe, existe una enorme traba sectorial que es preciso afrontar y no será pues posible cambiar la intransigencia gremial al cambio sino se comparte, entre la cabeza sectorial y el poder político, un sur común hacia dónde se debe avanzar en materia comunicacional.


Y es que el escenario político-comunicacional se encuentra hoy más complejizado que nunca antes, en términos de actores/sectores (estatales, públicos, privados y social-comunitarios) y, sobre todo, en términos de visiones comunicacionales, pues es conocido que dentro del gobierno existe una pugna de, al menos, 4 posiciones distintas de encarar la gestión comunicacional gubernamental, queriendo entenderla (con fuertes errores conceptuales -que nos arrastran a todos/as-) como una política estatal.


Al gobierno le hace falta una estrategia: sí; pero al Estado Plurinacional le urge una política. Y es que no importa cuántas veces se haya dicho, no está demás repetirlo: n-e-c-e-s-i-t-a-m-o-s una política nacional de comunicación: una política que garantice y promueva una comunicación plural para una democracia intercultural y que, por supuesto, trascienda este gobierno: esa es la idea. Y ya lo decía el polaco Stanislaw Lec: “Las ideas, como las pulgas, saltan de un hombre a otro. Pero no pican a todo el mundo.” Así pues, quienes conocemos la comunicación en este gobierno y en ese ministerio sabemos que la única vía posible es que la idea pique, primero, en Plaza Murillo.

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