viernes, 9 de marzo de 2012

¿Dónde se extravió Juan del Granado?





Una de las grandes posibilidades que te otorga una tribuna abierta como este espacio quincenal es la de abordar cualquier conflicto o situación desde la óptica propia cargándole a ella las características propias (críticas, halagos, frustraciones e impotencias) del enfoque de una opinadora más. Desde esa posición es que una puede optar por enfocar cualquier tema desde uno de los múltiples roles que, ocasional y mínimamente, todas y todos desempeñamos en la sociedad. Puede una, como una externa, ubicarse más allá del bien y el mal; o puede, por el contrario, ubicarse en el lugar de un especialista y -con o sin papeles de por medio- escribir acerca de lo que una sabe y maneja en su área/cotidianidad; o finalmente, que será el caso en esta ocasión, decidir sumergirse, para hablar desde una franca posición ciudadana.


Sacando fuera el debate sobre la posibilidad de reelección del Presidente, está claro que el camino a las elecciones presidenciales de 2014 se vuelve, aceleradamente, en una ruta llena de fórmulas, presagios y recetas sobre cómo hacer frente al gobierno de Evo Morales. No es tan mala idea que la ciudadanía (digo ciudadanía, porque la oposición no alcanza siquiera a declararse extravíada - ¿desde cuándo se pierde lo perdido?-) vaya buscando su candidato/a alternativo/a, finalmente la popularidad de nuestro Presidente se erosiona por cada mes-conflicto que pasa.


Pero, sabrán -quienes buscan generar una alternativa- realmente ¿cuál es el público que deben cooptar? No se trata pues de ese 40% abiertamente opositor que no votó en el pasado y, claro, no votará por Evo Morales en un futuro. Se trata de ese porcentaje cercano a 30% que ha quitado su apoyo al Presidente, según una última encuesta que otorga un 32% de popularidad al Presidente Morales en el mes de febrero; ese 30% de ciudadanos/as que sí votaron por el Presidente en el pasado y que muy probablemente no lo vuelvan a hacer en el futuro.



La pregunta es ¿existirá actualmente un depositario de ese porcentaje de votación? Y, desde la posición de electora, debo decir con claridad que no existe siquiera un espejismo de opción para ese posible 30%. ¿Por qué? Pues simplemente porque pareciera que el discurso sobre el “proceso de cambio” se mantiene con una vigencia-esperanza intacta que ahora, honestamente, nadie más que nuestro gobierno (con sus tropezones) puede abrazar. Y porque, además, si bien es altamente probable que ese 30% no vuelva a votar por Evo; es absolutamente seguro que no votará por una opción devenida de la mal llamada oposición.


El hecho para el baúl de recuerdos, es que así sea mínimamente, creo que existió alguien que pudo cooptar siquiera tímidamente esa votación en sus filas. Se trata de alguien que denunció en su momento, la férrea estructura neoliberal que encubría a los suyos; alguien que fue parte de la construcción colectiva de este proceso, con su base en la Constitución cuando los medialuneros iban contra la patria; alguien que –políticamente- apostó por la voluntad popular de llevar adelante cambios estructurales-estatales; alguien que supo entender al Presidente cuando el mundo prejuzgaba su condición y discurso; alguien sereno y propositivo; que hasta se mostraba consecuente, en su medida de acompañante de este proceso.


Pero era, ya no es y no será más. Y aunque es algo casi obvio, habrá que preguntarse ¿dónde se extravió Juan del Granado? Lo cierto es que se fue por uno de esos caminos que no comparten el proyecto plurinacional; caminos que hoy ya no tienen retorno, en la ruta eleccionaria.

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