martes, 24 de julio de 2012

Perderse y Olvidarse





Actitudes. Este último mes hemos visto cómo nuestro comportamiento social-político se ha ido transformando -capítulo a capítulo- de activo a reactivo. Hace semanas los demócratas, en su minoría, hicieron brillar sus silencios en el motín policial cuando -sin intento de golpe de Estado de por medio- el país corría un riesgo real de ruptura del orden social y estatal.

También hemos presenciado cómo una revista “periodística” de otro país cambió -sin matices- nuestro nombre de Estado Plurinacional de Bolivia a “República de la cocaína”, mientras los medios de comunicación y los opositores, en su mayoría, hicieron brillar sus voces en la reproducción de dicho sobrenombre y su respectiva acusación, validándola e, incluso, precisándola al señalar que no se trataba de una “República de la cocaína”, sino de un “Estado Plurinacional de la cocaína”. Triste.

Generaciones. El otro día me confesó una joven amiga que estaba dispuesta a defender la anarquía al encontrarse desesperanzada con los resultados del modelo democrático. Al día siguiente otro joven amigo me comentó que se había empachado de una situación particular en su trabajo en la construcción del Estado y que, además, se iba hastiando, de a poco, del país. Tristísimo.

Y es que producto del incremento de los niveles de conflictividad, del descenso de la popularidad del Gobierno y del descontento popular ante la situación en general; recurrentemente nos preguntamos y analizamos sobre qué ocurre con nuestra política y nuestra democracia, pero pocas veces sobre qué nos ocurre como personas y como sociedad.

¿Cuáles son las dimensiones y cuáles los valores que tenemos para diferenciar lo importante de lo urgente? ¿Qué hace a nuestros temas propios y qué a los temas que nos hacen como país?

Y no me refiero al histórico-filosófico debate sobre lo público y privado, sino a la habitual cotidianidad, donde jugamos a quemarnos con la vida diariamente en el fuego de la práctica de nuestros principios y creencias. Todo es un vaivén; hacernos en lo privado es una forma de hacernos en comunidad, y también viceversa.

Perderse es complicado, pero olvidarse es grave y, ocasionalmente, hasta peligroso. Tiendo a creer que mientras más jóvenes estamos nos encontramos más cerca de saber/recordar quiénes somos.

¿Cómo será entonces que una persona o sociedad se reencuentra/reconoce? ¿Estaremos, acaso, empezando a perdernos? Ángel González se desconocía rezando: “Yo mismo me encontré frente a mí en una encrucijada. Vi en mi rostro una obstinada expresión, y dureza en los ojos, como un hombre decidido a cualquier cosa”.

Sucede pues que el desgaste político-social nos cambia, nos pone dureza en los ojos, nos empuja a cualquier cosa; ocasionalmente hasta nos pone al frente de donde siempre estuvimos, o en cualquier parte: nos extravía.

Es el camino hacia lo que se conoce como anomia social, que yo prefiero entender como un extravío personal y colectivo.

Pero sucede también que en la vida hay mapas y espejos. Para reconocerse-reconocernos, para reencontrarse-reencontrarnos. Cuando las personas y las sociedades nos hemos extraviado por dentro y es nuestro enemigo interno, rabioso y mezquino, el que habla por nosotros.

En mis mapas y espejos personales recuerdo que la clave con la que empecé y empezamos muchos este proceso político el 2000, fue el género-generación como brújula.

Y en un ejercicio egoísta y solidario al mismo tiempo, voy amasando las memorias personales y colectivas y escribo todo esto solamente para recordarlo, para recordarnos; para recordarme.

No sólo porque sigo pensando que nosotros, los jóvenes y nosotras, las mujeres, podemos aportar con nuestros mapas y espejos a lo que nos está pasando como sociedad. Sino porque pienso que nos toca hacerlo. Y recordarlo.

(Publicado originalmente en el suplemento IDEAS de Página Siete, el pasado domingo 22 de julio de 2012)

0 comentarios:

Tuiteando ando

Vacas Sagradas

Vacas Sagradas

Sarelisa, las almas gemelas. Los cuentos compartidos. Ellas. Nosotras.

Arcángel

Arcángel

Habrá palabras para la nueva historia y es preciso encontrarlas antes de que sea tarde.

Ángel González

Histérica

Histérica

Los 4 siglos que duró la inquisición fueron llevadas a la hoguera 8 millones de personas, la mayoría mujeres. Lo que da un total de 55 personas ejecutadas diariamente durante sólo 400 años. Si la inquisición me hubiera juzgado sería por hereje, apóstata, materialista, libertina, sediciosa, cismática, blasfema, presbilesbiana, testícula de Jehová, antiperonista, rebelde, pertinaz, contumaz y puta.

Liliana Felipe

Memoria Vigilante

Memoria Vigilante

Y los ratones hicieron una alianza y la serpiente de cascabel le puso el cascabel al gato.

Jairo Aníbal Niño