lunes, 17 de septiembre de 2012

Réquiem por un tejido de género

No soy una especialista en temas de género, es más, ni siquiera me considero una feminista en el estricto sentido teórico-categórico de la palabra.

Soy más bien una curiosa sobre el tema, una convencida de que la construcción del nuevo sujeto político que devendrá durante o después de la construcción del Estado Plurinacional (producto de sus aciertos y errores) vendrá en clave de género/generación.

Me declaro pues una mujer en uso y ejercicio del espacio público. Y es, desde esa posición, y desde ese lugar, desde donde quiero lanzar algunas preguntas/interpelaciones para la deliberación democrática sobre esta temática, en este tiempo.

Entre el año 2000 y el año 2006, la irrupción de los movimientos sociales en la esfera pública determinó la constitución de un nuevo sujeto político indígena-campesino que, posteriormente, fue quien -agendas sectoriales de por medio- logró construir una nueva estructura estatal que, con base en la descolonización, buscó incluir a sectores postergados y excluidos en la compleja estructura estatal, mediante la redacción de la actual Constitución Política del Estado Plurinacional.

Si bien las mujeres estuvieron presentes durante el resurgimiento de los movimientos sociales, la época preelectoral, el ascenso al poder, el proceso constituyente y, actualmente, el proceso de construcción plurinacional, se observa -de todas las vertientes feministas- su participación no protagónica y, sobre todo, subyugada a las estructuras patriarcales de las organizaciones y dinámicas políticas, sobre todo (pero no exclusivamente) del partido gobernante.

Los inolvidables matices simbólicos en estos años de lo que conocemos como el proceso de cambio han venido de la mano de mandos de poder bajos, medios e intermedios; terminando en las acciones de hecho de un alcalde y varias declaraciones de nuestro Presidente.

Rosalva Hernández, una experta en la escuela de los feminismos de la diversidad en América Latina, ha afirmado que lo que pasa actualmente en Bolivia no deja de ser un caso interesante que ha tenido su propio proceso interno y ha devenido en “una tensión en la que las mujeres indígenas sienten muchas veces que las mujeres feministas no las están escuchando en su agenda, y las mujeres feministas sienten que el movimiento indígena sólo está considerando a las mujeres indígenas y no las está considerando a ellas”.

Y es que el saldo en este momento es ése: no hay una cohesión entre las diversidades del pensamiento feminista en Bolivia. Y la causante pareciera ser -en eso hay alguna coincidencia- la ausencia de la matriz transversal despatriarcalizadora al momento de pensar en la construcción de una nueva estructura descolonizadora.

Más aún: no sólo la estructura sino -y sobre todo- las prácticas patriarcales en la sociedad, la cultura y, cómo no, la política nuestra de cada día.

Si bien las diversas corrientes feministas de hoy se han adscrito a la teoría crítica, que entiende que las formas de dominación son múltiples, al momento de reflexionar/transformar y proponer formas y agentes de resistencia, este debate vuelve a perder unidad e impulso en el terreno de la pugna política; sea desde el feminismo de vertiente urbano-institucional, anárquica o el feminismo comunitario.

En tiempos del Estado Plurinacional diverso es vital visibilizar este debate y hacerlo encuentro, no sólo porque nos hace a todas y todos, sino porque el cumplimiento de las utopías feministas se juega en ello. Se trata de poner a dialogar todos los enfoques, los bagajes teóricos, metodológicos y experienciales de cada mujer en el Estado y hacer con ellos lo que las mujeres hemos hecho históricamente con las diferencias: entrecruzarlas, trenzarlas, hilarlas: tejerlas.

(Publicada originalmente en el suplemento IDEAS de Página Siete, el pasado domingo 16 de septiembre de 2012, pueden verlo en el siguiente link:  http://bit.ly/Rl4YzR)

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