lunes, 29 de octubre de 2012

Monitorear, regular, controlar, vigilar y castigar




Inmediatamente después de que nuestro Vicepresidente señalara que “el presidente Evo es objeto de insulto, maltrato y humillación; aquí tengo guardadito en el celular, cómo en las redes sociales, en el Facebook, en internet, lo insultan al Presidente”, las comunidades virtuales iniciaron una ola de bromas, montajes y frases burlándose de las declaraciones del segundo mandatario, por la desafortunada declaración, sí; pero sobre todo bajo conciencia de la imposibilidad de “controlar” esta red social.


¿Monitorear, regular, controlar, vigilar y castigar? Tantos términos, tan disímiles, con interpretaciones tan distintas y, sobre todo, con implicancias tan radicalmente diferentes para la democracia nuestra de cada día.


El dibujo es, como siempre, del gran Abecor.




Monitorear. Seguramente el Vicepresidente, así como los organismos estatales (a todo nivel) realizan un monitoreo al espacio público virtual y a los discursos sociopolíticos que se generan en dicho lugar.


Y ello ciertamente no sólo debería parecernos normal, sino desde un punto de vista de gestión informativa gubernamental deberíamos hasta celebrar, dado que son evidentes los enormes vacíos comprensivos que tiene el Gobierno en esta materia. El monitoreo, informativo en general y de redes sociales en particular, es una medida legítima que cualquier iniciativa comunicacional, hoy por hoy, debe tomar en cuenta, porque permite integrarse de forma más inteligente y estratégica en las tendencias de agenda mediática e informativa.


Regular. Así como ocurre con los medios de comunicación tradicionales, es imposible regular totalmente los contenidos que se vierten en las redes sociales y es un despropósito hacerlo sin pensar alternativamente en mecanismos de autorregulación, propios del tipo de medio y, en el caso de las redes sociales, propios de las comunidades que se forman en torno a los mismos. (Ojo, esto último va como desafío a nosotros/as, los/as usuarios/as).


De todas formas, cualesquiera fuera el caso, es preciso recordar que existen varios mecanismos de regulación para determinados contenidos que ya forman parte de un cuerpo normativo vigente. La característica de todas estas leyes es que, al menos, las aprobadas recientemente, han dejado abierta la puerta para definir los mecanismos de aplicabilidad en varios temas, pero sobre todo en redes sociales, en sus reglamentos.


Controlar. Basado en el amedrentamiento simbólico o de hecho, controlar implica romper -a partir de un monitoreo dirigido- todo principio democrático informativo y comunicacional, garantizado en los artículos 106 y 107 de la CPE.


La manera en que se materializa este control puede, ciertamente, devenir en censura y está relacionado, en el caso de las redes sociales, directamente con el acceso a la red internet y no así con los contenidos.


Vigilar y castigar. Así junto. Y sí, en clave foucaultiana. Vigilar y castigar, sabemos, consiste en la vieja (y no por ello carente de vigencia) metáfora que ampliamente teorizó el filósofo y sociólogo francés Michel Foucault, cuya mayor (y peor) materialización se encontraba en el panóptico, esa materialidad estructurada idealmente para la vigilancia como forma de ejercicio y reproducción del poder.


Pongo a disposición todos estos términos por la plétora de opiniones que ha desatado el Vicepresidente con sus declaraciones y por la cantidad de gritos al cielo que he alcanzado a escuchar/leer sobre ello. El hecho no es menor, claro que no, pero ¿llegamos hasta el último término como varios señalan? yo creo que tampoco. ¿Y usted?

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Columna publicada originalmente en el suplemento IDEAS de Página Siete, del pasado domingo 28 de octubre de 2012. Pueden ver el original en el siguiente link: http://ow.ly/eRE0l

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