martes, 13 de noviembre de 2012

Ellos, nosotros, ustedes

Ciertamente ha sido una mitad de año agitada para los medios y el poder. En agosto, el juicio que se inició a tres medios de prensa desde el Ministerio de la Presidencia por una supuesta distorsión a las declaraciones del presidente Morales. En octubre, las acusaciones del Vicepresidente hacia Página Siete por una supuesta distorsión en una declaración que él emitió sobre una figura jurídica en un futuro Código Penal. En noviembre, el deplorable atentado criminal perpetrado contra el periodista Fernando Vidal y la locutora Karen Delgado de radio Popular de Yacuiba,  cuando estos fueron quemados en plena transmisión de uno de sus programas informativos.

Así, esta segunda mitad de año, de forma visible, el gobierno ha dedicado sendas acusaciones por parte de algunas de sus máximas autoridades hacia algunos medios de comunicación en general y algunos titulares o informaciones en particular. Pues no pasaron desapercibidos varios capítulos que relacionan el poder, la política y la información que adquieren un renovado protagonismo en la agenda política-coyuntural. Tampoco es secreto -lo sabemos- que a los y las periodistas y/o comunicadores nos encanta hablar de nosotros/as mismos/as; como pocos gremios se puede decir, de nosotros/as, que obramos mirándonos a nosotros mismos. Y ello, claro, no es garantía de absolutamente nada, pues pareciera que en su propia contradicción, mirarnos hacía dentro no nos sirve para alimentar la tan saludable y necesaria autocrítica.

 
La ilustración, como siempre, es del gran Abecor.

Que la relación entre democracia y medios de comunicación es histórica y sistémica, no es una novedad; esta se ha vivido bajo diversas formas, con distintas prácticas y diferentes dinámicas de acuerdo a los diferentes momentos políticos que han tenido lugar en el país, el continente y el mundo. Sin embargo, más allá de que esta relación se haya, en medio de esta dinámica, descubierto, intensificado (en clave de confrontación) o bien visibilizado mediáticamente; es necesario que se retomen preguntas esenciales que hacen tanto al trabajo político como al trabajo mediático.

Se supondría, idealmente, que el sistema político-democrático así como el sistema mediático cumplen una función de representación; es decir tienen ambos como una de sus misiones dar cuenta de la realidad, tanto en los espacios políticos como en los medios de comunicación. Es cuando menos curioso aunque no novedoso -precisamente por ello- que en esta pugna que se ha generado entre algunos medios de comunicación y el gobierno haya estado ausente un tercer actor (que también hace sistemática e históricamente a la democracia) y nos estamos refiriendo a la ciudadanía, cuyo rol se ha limitado al de espectadores/as que, conflicto de por medio, conviven en un sistema que, cuando menos, se queda con la sensación de ver tambalear su libertad de expresión y  su derecho a la comunicación y a la información, ambos por acción y omisión de los medios de comunicación y, sobre todo, del Estado.

Galeano retrata en una de sus ventanas en el libro de los abrazos lo siguiente: “Me lo contó Rosa María Mateo, una de las figuras más populares de la televisión española. Una mujer le había escrito una carta, desde algún pueblito perdido, pidiéndole que por favor le dijera la verdad:  -Cuando yo la miro ¿usted me mira?. Rosa María me lo contó, y me dijo que no sabía qué contestar". Dicha interpelación tendrá alguna respuesta, por nuestra parte, cuando desde ambos flancos dejemos de pensar en clave de “ellos, nosotros, ustedes” y pensemos en un único cuerpo político-mediático histórico, sistémico y democráticamente intercultural, donde quepamos todos: también los y las ciudadanas.
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La nota fue publicada originalmente en el suplemento IDEAS del periódico Página Siete, el pasado 11 de noviembre de 2012, se puede ver el enlace original en este link: http://bit.ly/W6fxJR

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