martes, 13 de noviembre de 2012

Septiembre 25



Al caer la noche del 25 de septiembre de 2011, la red PAT mostraba las primeras imágenes de lo que sería, sin duda, la más brutal represión a un sector (nada menos que indígena) movilizado en la localidad de Chaparina.

La población que, siendo domingo por la noche, estaba mayoritariamente en casa compartiendo con la familia, quedaría impávida al presenciar los actos de brutalidad que -con cinta masking- se adhirieron a nuestra memoria colectivo-histórica ese domingo.

El conflicto por la carretera por el TIPNIS cargaba ya demasiadas contradicciones e incoherencias encima, pero de ninguna manera había alcanzado los niveles de irracionalidad y fuerza bruta que alcanzó esa tarde.

Antes de que el lunes cayera y después de cenar indignación, atiné a hacer dos llamadas, la primera a mi faro-guía y la segunda a un hermano de trinchera; ambos coincidían en que el fondo había sido tocado y que el daño hecho al proceso de cambio era irreversible.

Insomnio de por medio, al terminar esa misma noche del 25 ya sabíamos, sin coordinarlo, qué se debía hacer. No pensábamos hacer daño al Gobierno ni bulla mediática, la idea era dar una fuerte señal hacia adentro sin renunciar al proceso de cambio, sino por el contrario buscando ser consecuentes con él.

Y la dimos el 26 de septiembre, cuando decidimos dar un paso al costado. Durante un año entendimos que, lastimosamente, sólo eso fue lo que logramos: dar una señal, en ese momento.

Esta maravillosa y entrañable ilustración la hizo Abecor.

Ángel González, ese entrañable poeta español de la generación del 40, señala en sus Glosas a Heráclito que “Nada es lo mismo, nada permanece./ Menos la historia y la morcilla de mi tierra: se hacen las dos con sangre, se repiten”.

Y es que aquella triste costumbre de recordar anualmente nuestras fechas tristes con el sempiterno saldo negativo sobre la impunidad, y en batalla constante, desde la sociedad, por el no olvido de ciertos hechos históricos se nos ha vuelto una triste costumbre colectiva en el país, cuando no en Latinoamérica, cuando no en el mundo.

Al caer la noche del 25 de septiembre de 2012, la mayoría de los medios de comunicación del país mostraba las imágenes de la entrega de casas del Programa de Vivienda Social del Gobierno por parte de la Presidenta en ejercicio, Gabriela Montaño, en el Plan 3.000; lugar que -como señaló un periodista en Twitter- “hace sólo cuatro años era una de sus trincheras de resistencia”.

Sueño(s) de por medio, al terminar esa misma noche del 25 varios de nosotros ya vislumbrábamos caminos hacia adelante: opciones.

Antes de que el miércoles cayera y después de cenar esperanza atiné a chatear con una compañera y un compañero de trinchera con quienes comentamos el saludable y gran aporte simbólico que significaba el interinato de Montaño en la Presidencia del Estado Plurinacional, el aire que ello le daba a un ambiente sociopolítico mayoritariamente decepcionado en sus estructuras más profundas, a una sociedad desengañada.

Ciertamente se trata de dos contextos y momentos distintos. Dos coyunturas que no se relacionan ni afectan siquiera indirectamente. Pero ocurren en un mismo día, en un mismo espacio llamado Bolivia.

Y es que si bien la acumulación histórica es parte del deber de la memoria, la oportunidad a lo soñado y no renunciado también lo es. No por casualidad, señalaba el mismo González que “No es bueno repetir lo que está dicho./ Nada es lo mismo. / Habrá palabras nuevas para la nueva historia / y es preciso encontrarlas antes de que sea tarde”.

Quizás las nuevas palabras se encuentran en la noche más triste del proceso de cambio, leída desde una de sus semanas más esperanzadoras. Quizás, quién sabe.

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Esta nota fue publicada originalmente en el suplemento IDEAS del periódico Página Siete, el pasado domingo 30 de septiembre de 2012. En este link pueden acceder a la publicación original: http://bit.ly/SewDIN

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Vacas Sagradas

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Sarelisa, las almas gemelas. Los cuentos compartidos. Ellas. Nosotras.

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Habrá palabras para la nueva historia y es preciso encontrarlas antes de que sea tarde.

Ángel González

Histérica

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Los 4 siglos que duró la inquisición fueron llevadas a la hoguera 8 millones de personas, la mayoría mujeres. Lo que da un total de 55 personas ejecutadas diariamente durante sólo 400 años. Si la inquisición me hubiera juzgado sería por hereje, apóstata, materialista, libertina, sediciosa, cismática, blasfema, presbilesbiana, testícula de Jehová, antiperonista, rebelde, pertinaz, contumaz y puta.

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Y los ratones hicieron una alianza y la serpiente de cascabel le puso el cascabel al gato.

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