lunes, 16 de abril de 2012

El latido de la democracia, sin franquicias


La anterior fue una de esas semanas en que, desde cualquier flanco posible, le llegan a una las noticias-señales necesarias para sentir las macropulsiones políticas del planeta que se juntan con algunas lecturas. Salió un diagnóstico de este tipo, nada nuevo, pero que necesitaba plasmar.




La democracia con/sin adjetivos. Sin duda es uno de esos conceptos mejor relacionados, que va bien acompañada de conceptos clásicos, modernos y postmodernos. Con las viejas discusiones que la circundan, las antiguas preguntas, las nuevas prácticas, los nuevos/renovados retos. Bajo una sencilla y radical premisa-consenso; es con ella, sin ella no es.

Hoy, globalmente – se sabe- que allá donde la derecha gobierne preservará el tan demodé concepto (que no práctica) del capitalismo, constituyéndolo incluso en un bien superior a la democracia, de superioridad tal que prescindirá de su uso en cuanto otro modelo político pueda cobijarlo mejor (de lo contrario, ¿cómo se explica China?) y, por el contrario -se sabe- que allá donde las izquierdas se renueven/reinventen deberán flamear la bandera de la democracia como bien superior y fin último, supeditando el mercado a la existencia del hombre de/en el Estado (no suponemos una democracia sin Estado).

En tanto las democracias europeas, las más antiguas democracias del mundo, tambalean en sus confianzas y legitimidades, padeciendo sus propios desaciertos tras supeditarlas a los poderes fácticos del mercado y generando sus propias preguntas; en Latinoamérica, las democracias más jóvenes de occidente, transitamos por una nueva ola de democracia latinoamericana que acude en plena consolidación de la democracia liberal-representativa, cuestionando-incomodando con premura lo que apenas hace décadas había sido conseguido. Como dato, en la última Conferencia Transatlántica (que se celebró hasta ayer) varios expertos han coincidido en la necesidad de mejorar la democracia y de incrementar la intensidad de las mismas.

Mientras en Bolivia los gobiernos (esto ya está posicionándose también en los ámbitos municipales) erigidos en base a ampliaciones democráticas, ponen en riesgo los alcances de la democracia liberal-representativa trasladando las garantías para el ejercicio de los derechos individuales y el Estado de Derecho a terrenos inestables; los pueblos indígenas (y algunos opositores arrimados) defienden su derecho a la consulta, velando por las formas y procedimientos que emergen de y garantizan la democracia directa y comunitaria, es decir, la democracia intercultural.

Así sabemos, que los pueblos-naciones no son propietarios de sus logros pero tampoco son dueños absolutos de sus fracasos. Con certeza vemos que lo que sí se democratiza, es el espacio público de la deliberación democrática, con sus contradicciones y desafíos, sin dueños ni propietarios, con errores y aprendizajes. La izquierda y la derecha a nivel global. Europa y Latinoamérica, a nivel continental. El gobierno y algunos pueblos indígenas, a nivel nacional; todas pulsando por la propiedad de una democracia con latido propio.

Es, lo que Boaventura de Sousa denominaría, la recuperación arqueológica de las experiencias que ahora no sólo se buscan, sino emergen con fuerza propia; es la ecología de saberes saliendo a su propio encuentro; es la demodiversidad incrementando su intensidad.

Ah, la delgada línea entre democratizar la democracia y comprimirla. Es la democracia latiendo, sin franquicias: con horizonte posible; por Bolivia, por el mundo.

lunes, 2 de abril de 2012

Entre el instrumento político y el intento partidario

Luego de ver/escuchar las conclusiones de la VIII Cumbre del MAS, traté de reinvindicar el legítimo derecho a ser parte de todo esto por fuera del partido. La crisis de representación política ha dejado huellas profundas en una generación; cuesta creer.






Después de todo lo que se dijo, me atrevo a pensar que faltamos. Es decir, de inicio, no era siquiera necesario que estuviéramos, nunca fue nuestro lugar, peor trinchera. Era el lugar de los compañeros/as de ruta, de proyecto país. Pero no, en/por principio, no era necesario que estuviéramos. Paradójico: quizás terminamos faltando.



Y es que pasa que nuestro lugar fue más bien un tiempo. Y nuestras trincheras las heridas que el tiempo neoliberal dejo marcado en la historia. Pero ello mismo –la temporalidad- nos ponía, nos puso y nos pone en una situación/posición no partidista. Y que no se malentienda, no se trata de que no tomamos partido; simplemente decidimos tomarlo por fuera del partido que, en este caso, ni es lo mismo, ni es igual.



No se puede negar que buena parte de la génesis de este proceso se encuentra en la crisis de representación política ¿quién podría, entonces, haber pensado allá por el 2000, que un instrumento político pretendería concentrar no sólo los logros, sino también a los y las actores/as de este proceso de cambio que, en aquel entonces, se veía/sabía emergente de la mano de los movimientos y organizaciones sociales? Ello, en sí, no representa nada fuera de lo común ¿qué organización política no optaría por fortalecer su capital político en un proceso histórico?



Es lógico, entonces, que la organización política que sustenta el actual gobierno y, sobre todo la base electoral del mismo, intente capitalizar los réditos políticos de un proceso mucho más multidimensional y complejo que la dinámica/acción misma del propio proceso partidario.



El sistema partidario-político tras su fracaso histórico, continúa hoy en la búsqueda de sus propios códigos de reinvención y, en medio de ello, asistimos al VIII congreso del Movimiento al Socialismo, uno de los pocos partidos que se proyecta a remover/¿renovar? los cimientos más profundos de la democracia representativa-partidaria en nuestro país. Pues ya se advierte -y no deja de cobrar fuerza como hipótesis- que el sistema partidario se (re)generará sobre las heridas que el propio MAS deje abiertas, quizás por ello su intento por cerrarlas en clave de mandato, a través de la (re)unificación del instrumento político.



Sin embargo, ni esta realidad, ni la contundencia del peso político, ni el rol del MAS en el proceso de cambio son elementos suficientes para que desde el propio partido se pretenda establecer una supuesta propiedad sobre el proceso de cambio, pretender la cooptación del aparato gubernamental a título partidista; o peor aún acabar con las facciones disidentes del partido, del gobierno, cuando no del proceso. Porque –no es novedad- el proceso de cambio es una construcción colectiva de varios actores/sectores que, por decisión o circunstancia, no formamos parte del instrumento político que cobija al líder de este inicio del proceso de cambio.



Lo cierto es que el instrumento tiene la capacidad de rayar la cancha y, actualmente, la cancha ya está rayada y es en ejercicio de un legítimo derecho adquirido. Pero a no confundirse; es la cancha la que está rayada, no el camino del proceso de cambio a partir de ello. El MAS como instrumento político e intento partidario, es un actor más; relevante sí, pero actor finalmente. Y en escena –y esto tampoco es novedad- la obra se gana aplausos, sólo cuando confluye el elenco completo.

Tuiteando ando

Vacas Sagradas

Vacas Sagradas

Sarelisa, las almas gemelas. Los cuentos compartidos. Ellas. Nosotras.

Arcángel

Arcángel

Habrá palabras para la nueva historia y es preciso encontrarlas antes de que sea tarde.

Ángel González

Histérica

Histérica

Los 4 siglos que duró la inquisición fueron llevadas a la hoguera 8 millones de personas, la mayoría mujeres. Lo que da un total de 55 personas ejecutadas diariamente durante sólo 400 años. Si la inquisición me hubiera juzgado sería por hereje, apóstata, materialista, libertina, sediciosa, cismática, blasfema, presbilesbiana, testícula de Jehová, antiperonista, rebelde, pertinaz, contumaz y puta.

Liliana Felipe

Memoria Vigilante

Memoria Vigilante

Y los ratones hicieron una alianza y la serpiente de cascabel le puso el cascabel al gato.

Jairo Aníbal Niño