lunes, 1 de abril de 2013

Periodismo y Redes Sociales




El debate en torno al rol de las redes sociales en el periodismo alcanza nivel mundial y, tras un largo proceso, ha logrado posicionar la idea general de que las tecnologías de información y comunicación, de forma general, y las redes sociales, de forma particular, no sólo están aportando al periodismo, sino que están reinventándolo.


Como a varios otros debates, como país hemos asistido con retardo a éste. Y si bien son pocos y muchas veces casi invisibles los esfuerzos que se hacen por generar una cultura del periodismo digital en Bolivia, por el contrario sí parecen ser visibles y manifiestas las posturas que consideran que, a diferencia de la tendencia mundial, lo que han venido a hacer las redes sociales en los procesos informativos formales (entiéndase periodismo) es más bien perjudicarlos.

No se lo hace manifiesto de forma tan contundente, pero sí se llega a señalar (en artículos y en las propias redes) que la mentira, la especulación, la tergiversación y la falta de seriedad en el flujo informativo hacen que tanto la verdad como el periodismo se vean amenazados.


No podemos negar, claro, que todas las malas prácticas informativas citadas anteriormente hayan encontrado en las redes sociales virtuales un espacio ideal donde no sólo se pueden tergiversar, sino incluso crear determinadas informaciones.

Yéndonos a dos ejemplos recientes podemos citar aquellas declaraciones que pusieron en la boca del papa Francisco, quien habría demostrado misoginia durante la candidatura de la actual Presidenta de su país.

Como reguero de pólvora la noticia copó muros de Facebook mundiales y nacionales, y pronto apareció, incluso, en programas televisivos. La supuesta noticia tenía como fuente una agencia de noticias; muy pocos de los replicantes que compartieron la noticia se tomaron el trabajo tan simple de poner en Google las propias declaraciones para verificar su autenticidad; quienes sí lo hicimos en las primeras horas verificamos que dicha nota no existe, aunque horas más tarde una podía ya encontrarla incluso en medios de comunicación.

Otro ejemplo tiene que ver con la supuesta lapidación que se llevaría a cabo en Túnez a una muchacha de nombre Amina; rápido los indignados del mouse compartieron la noticia repudiándola, pensando que al hacerlo estarían coadyuvando a que tal atrocidad no se consume y estarían cumpliendo así su rol en la defensa de los derechos humanos, cuando en realidad lo que estaban haciendo era consolidar la imagen de una religión como violentadora de derechos humanos en un país en el que la lapidación y la pena de muerte simplemente no son reconocidos jurídicamente.

Los ejemplos sobran en el país y en el mundo, pero no son suficiente argumento para que, en estos tiempos, los periodistas ejerzan el rol de guardianes de la información criticando la influencia de las redes sociales en su trabajo.

Tienen dos opciones: subirse al coche ciudadano que ejerce su irrestricto (por ello ocasionalmente deficiente) derecho a la comunicación en estos nuevos soportes, o servirse de ellos y, peor aún, criticar las formas y características de dicho flujo informativo que alimenta sus noticieros y sus periódicos diariamente.

Hacer lo segundo no sólo es desleal con quienes alimentan diariamente su trabajo, también da cuenta de una ignorancia abismal sobre el funcionamiento de estas comunidades virtuales y, peor aún, demuestra un egoísmo/miedo a perder los privilegios que otorga el poder de la información.  



Nota publicada originalmente en el Suplemento IDEAS del periódico Página Siete, que sale a circulación, extraordinariamente, hoy lunes 1 de abril de 2013. Pueden ver la versión original en este link: http://bit.ly/10syUju

1 comentarios:

Regina Camps dijo...

Muy interesante tu página. Saludos!

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