lunes, 10 de junio de 2013

La condición femenina en el poder

Cuando Hannah Arendt fue invitada a dictar un par de seminarios en Princeton y vio la reacción del auditorio ante su presencia femenina (la primera en dicha universidad, aquel 1953), le comentó en una carta a uno de sus amigos lo siguiente:

“Ilustré a esos dignos caballeros sobre lo que era un judío de excepción y traté de hacerles comprender que me había necesariamente sentido yo misma aquí como una mujer de excepción”.

A tiempo de referirse al rol de la mujer en la política, Arendt acudía recurrentemente a la figura del “judío alibi” o “judío de excepción” para explicar el hecho de que además de valorarse su trabajo académico, se hiciera referencia a su peculiaridad de haberlo logrado siendo mujer.

Es sabido que Arendt planteaba otro tipo de reivindicaciones de tipo más generales sobre el espacio público, en los que primaban categorías políticas y jurídicas al momento de pensar la condición humana por sobre la condición femenina.

No obstante, también ha sido objeto de reflexión el hecho de que aunque en vida siempre trató de separarse de la condición femenina como calificativo de su obra, la haya reivindicado un par de veces con el uso de expresiones de su cosecha como feminini generis (persona femenina) o el conocido “vive la petite difference!” (¡que viva la pequeña diferencia!) que expresaba siempre en francés.

Por estas dos características marcadas de su pensamiento, se ha tratado de interpretar las contradicciones que según varias estudiosas habría marcado en su legado.

Pero es Gloria Comesaña, una feminista venezolana, quien propone que Arendt (una filósofa que ocupó su pensamiento a reflexionar sobre lo público) hacía renuncia de su condición femenina en un espacio público-social y no así público-político, por lo que no existía tal contradicción.

Sobre la filósofa y su complejo pensamiento existen múltiples discusiones irresueltas a la fecha y estas letras no pretenden engrosar dicho inventario. Mi único objetivo en este espacio es recuperar algunos insumos para (re)pensar en torno a la condición femenina en el poder político en Bolivia.

¿Cuáles son pues las expectativas que tenemos depositadas sobre nuestras mujeres autoridades, en ejercicio de poder? ¿Estamos esperando que la política y la palabra continúen bajo las mismas gramáticas?

Conozco las historias de algunas de nuestras autoridades femeninas, y también sus avatares en el poder; sé que no les es fácil sortear diariamente las estructuras machistas y patriarcales arraigadas tanto en la plaza Murillo como en las organizaciones sociales o pueblos indígenas.

Sé que libran pequeñas batallas diarias y sé que a veces ganan y otras tantas pierden. Conozco de cerca sus honestos esfuerzos y creo necesario reivindicarlos.

Mas, creo que este acto de reivindicación me permite, a la vez, cuestionarles el ocasional ejercicio del poder en clave masculina, es decir en ejercicio de la condición masculina, en negación de la condición propia; siguiendo la lógica del poder perverso y patriarcal que es de por sí excluyente y poco tiene que ver con la afinidad ideológica, cuando es en realidad una herencia colonial.

Creo poder demandarles un ejercicio distinto del poder: en clave femenina. Y a nosotros, sobre todo a nosotras, una expectativa de ejercicio del poder distinta.

Pido que no dejemos de reflexionarlo y que lo reinventemos constantemente. Lo hago porque quiero y debo poder creer que otro ejercicio del poder es posible, desde la condición femenina. Vive la petite difference!

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La nota fue publicada originalmente en el suplemento IDEAS del periódico Página Siete, el pasado 09 de junio de 2013, pueden acceder a la versión original en este link: http://bit.ly/15MZZ41

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