lunes, 8 de abril de 2013

Apuntes (urgentes) sobre democracia y comunicación


Democracia y comunicación. Comunicación y democracia. ¿De qué forma se define esta relación entre un sistema político y un campo de estudio? ¿Cómo se generan los vínculos y conexiones entre estos dos campos temáticos? ¿Cuáles son los elementos concretos teóricos, técnicos y operativos que permiten que esta relación se constituya en acciones de hecho? ¿Cuántas características son apropiadas por uno o el otro, para consolidar y fortalecer los principios inherentes a la democracia o a la comunicación? ¿En cuántos y cuáles espacios se encuentran para alimentarse/pensarse mutuamente?


Tanto quienes piensan a la democracia como quienes piensan a la comunicación se han hecho varias veces éstas y más preguntas, ya sea desde las acciones y/o estrategias públicas como desde la academia. Si bien, en el país, este debate tiene varios años pero pocos impulsores, ha podido sobrevivir en el tiempo y, con mayor o menor visibilidad, postular nuevas preguntas y generar nuevos debates acordes a este tiempo de reinvención estatal, en el marco de la democracia intercultural. Al parecer, y en ese afán, el Órgano Electoral Plurinacional ha promovido acertadamente la publicación de Democracia y comunicación, obra del —sin duda— más (re)conocido comunicador del país hacia el mundo y por varias generaciones, Luis Ramiro Beltrán. Es un libro imprescindible que repasa a lo largo de 300 páginas, y mediante la recuperación de valiosos textos, la obra de toda una vida sobre esta temática.

En la primera parte Adiós a Aristóteles: la comunicación horizontal, recupera para las generaciones venideras uno de los más profundos y completos recorridos por las corrientes teóricas que han postulado diversos modelos de comunicación. Escrito en 1979, el texto es una base fundamental para comprender la evolución de la discusión teórica sobre comunicación, con especial énfasis en el rol de Latinoamérica en ella y las propuestas, entonces revolucionarias, para democratizar la comunicación en y desde el continente, estableciendo entonces los primeros guiños para avanzar hacia una comunicación democrática.

La segunda y tercera partes, La comunicación política y las transiciones democráticas en el país y Medios de comunicación, elecciones y democracia, recogen un par de discursos brindados por el autor en 2002, en su desempeño como Presidente de la entonces Corte Nacional Electoral. A pesar de no tratarse de documentos académicos sino discursivos, en ellos pueden identificarse importantes claves sobre las funciones y los formatos a través de los cuales la comunicación se constituye como una actora más durante los procesos electorales, transitando así desde su función informativa-opinativa que compone el complejo comunicativo,  hasta su función de marketing político.

La cuarta parte, Marco teórico de las políticas de comunicación del Estado, está constituida por un texto fundamental relacionado con un tema de similar importancia y, sobre todo, constantemente ausente en nuestro país en lo que refiere a la comunicación en el marco del Estado. Se trata, pues, de un recorrido teórico, altamente didáctico y pleno de ejemplos, sobre las políticas comunicacionales y su breve historia en Bolivia.

                                    La foto fue extraída de www.oep.org.bo


En la quinta parte, Información y propaganda: Decir sin engañar, guiar sin imponer, otro texto recuperado permite establecer una distancia entre la información y la propaganda, estableciendo con puntualidad las funciones propias de la información y, a la vez, sus permanentes desafíos.

A través de la sexta parte, La comunicación: Trama de la sociedad y savia de la cultura, y de la séptima, Los méritos de la comunicación en Bolivia, es que el autor logró sintetizar en su momento (y ahora podemos repasar estas reflexiones) los ejemplos más fundantes en América Latina en referencia a la construcción de una comunicación democrática, así como su incidencia en la trama social. Se trata, en ambos casos, de necesarios repasos históricos por experiencias forjadas a pulso en el continente y en el país, en busca de democratizar la comunicación y, como señala el autor, muchas veces haciendo preceder la experiencia ante la teoría.

La octava parte —quizás una de las más entrañables— titula La Radio popular en Bolivia: la lucha de obreros y campesinos para democratizar la comunicación y está compuesta por un texto del año 1993, escrito por el autor del libro, en coautoría con el profesor Jaime Reyes (+) y consiste nuevamente en un minucioso repaso por las profundas aguas de la historia de la comunicación en nuestro país, en la que la radio es la gran protagonista. Este segmento no sólo es crucial para entender el curso de la historia de la comunicación en Bolivia, sino, a la vez, los desafíos que afronta la democratización de ella en el país.

La parte novena, La defensa de los grupos étnicos a través de los medios de comunicación, recupera una ponencia dictada por Beltrán en la que nuevamente a través del repaso por las experiencias radiales, esta vez en el continente, da cuenta de la importancia de la radio para las comunidades indígenas y del proceso de generación, a través de estos usos, de una comunicación alternativa. Narra, también cómo la comunicación se constituyó en esos momentos históricos como una herramienta para responder las cuestiones propias de un paradigma sobre la multiculturalidad, entonces en  construcción y debate. La décima, La victoria de Donato, un comunicador aymara, no hace más que complementar, desde una experiencia personal, la idea de una comunicación democratizadora que da cuenta no sólo de los recovecos más íntimos y lindos de la historia de la comunicación en el país, sino del infinito e inagotable cariño que Beltrán guarda por estas experiencias posibles de comunicación democrática y que, a lo largo del libro, describe como joyas propias de nuestra narrativa nacional.

Finalmente, las tres últimas partes de esta publicación, presentadas de la siguiente forma: Una estrategia, una estructura; La comunicación y el desarrollo democráticos en Latinoamérica: Memoria de una quimera irrenunciable y Comunicación para la democracia en Iberoamérica: Memoria y retos de futuro se constituyen, sin duda, en las reflexiones más completas y complejas de toda la publicación que transitan desde las reflexiones teóricas propias de determinadas épocas hasta las funciones de la comunicación en varios ámbitos de la vida social y política de los Estados y sociedades. Es por ello que estos últimos textos son los que mayor cantidad de respuestas brindan y cómo no, por lo mismo, mayor cantidad de preguntas-desafíos generan.

Como puede ver, se trata de una urgente compilación sobre un siempre vigente tema que, hoy más que nunca, enfrenta desafíos que son necesarios de pensar y encarar.

Así que le sugiero que si le interesa el ámbito de la democracia y comunicación y no conoce la obra de Beltrán, le dé una mirada con carácter de urgencia a esta publicación. Si la conoce, pero no la ha retomado en los últimos años, es necesario que lo haga para (re)pasar el camino andado y hacerse preguntas en torno al camino que toca construir de acá para adelante. Si conoce la obra y ésta le ha generado tantas luces como preguntas a lo largo de su vida, no es necesario que le diga nada, ya sabe que en su biblioteca existe un lugar privilegiado, que estaba esperando por ella. Albricias, entonces.

Este texto fue publicado originalmente en el suplemento Animal Político del periódico La Razón, del pasado 7 de abril de 2013, pueden ver la publicación original en este link: http://bit.ly/ZwTSTb

lunes, 1 de abril de 2013

Periodismo y Redes Sociales




El debate en torno al rol de las redes sociales en el periodismo alcanza nivel mundial y, tras un largo proceso, ha logrado posicionar la idea general de que las tecnologías de información y comunicación, de forma general, y las redes sociales, de forma particular, no sólo están aportando al periodismo, sino que están reinventándolo.


Como a varios otros debates, como país hemos asistido con retardo a éste. Y si bien son pocos y muchas veces casi invisibles los esfuerzos que se hacen por generar una cultura del periodismo digital en Bolivia, por el contrario sí parecen ser visibles y manifiestas las posturas que consideran que, a diferencia de la tendencia mundial, lo que han venido a hacer las redes sociales en los procesos informativos formales (entiéndase periodismo) es más bien perjudicarlos.

No se lo hace manifiesto de forma tan contundente, pero sí se llega a señalar (en artículos y en las propias redes) que la mentira, la especulación, la tergiversación y la falta de seriedad en el flujo informativo hacen que tanto la verdad como el periodismo se vean amenazados.


No podemos negar, claro, que todas las malas prácticas informativas citadas anteriormente hayan encontrado en las redes sociales virtuales un espacio ideal donde no sólo se pueden tergiversar, sino incluso crear determinadas informaciones.

Yéndonos a dos ejemplos recientes podemos citar aquellas declaraciones que pusieron en la boca del papa Francisco, quien habría demostrado misoginia durante la candidatura de la actual Presidenta de su país.

Como reguero de pólvora la noticia copó muros de Facebook mundiales y nacionales, y pronto apareció, incluso, en programas televisivos. La supuesta noticia tenía como fuente una agencia de noticias; muy pocos de los replicantes que compartieron la noticia se tomaron el trabajo tan simple de poner en Google las propias declaraciones para verificar su autenticidad; quienes sí lo hicimos en las primeras horas verificamos que dicha nota no existe, aunque horas más tarde una podía ya encontrarla incluso en medios de comunicación.

Otro ejemplo tiene que ver con la supuesta lapidación que se llevaría a cabo en Túnez a una muchacha de nombre Amina; rápido los indignados del mouse compartieron la noticia repudiándola, pensando que al hacerlo estarían coadyuvando a que tal atrocidad no se consume y estarían cumpliendo así su rol en la defensa de los derechos humanos, cuando en realidad lo que estaban haciendo era consolidar la imagen de una religión como violentadora de derechos humanos en un país en el que la lapidación y la pena de muerte simplemente no son reconocidos jurídicamente.

Los ejemplos sobran en el país y en el mundo, pero no son suficiente argumento para que, en estos tiempos, los periodistas ejerzan el rol de guardianes de la información criticando la influencia de las redes sociales en su trabajo.

Tienen dos opciones: subirse al coche ciudadano que ejerce su irrestricto (por ello ocasionalmente deficiente) derecho a la comunicación en estos nuevos soportes, o servirse de ellos y, peor aún, criticar las formas y características de dicho flujo informativo que alimenta sus noticieros y sus periódicos diariamente.

Hacer lo segundo no sólo es desleal con quienes alimentan diariamente su trabajo, también da cuenta de una ignorancia abismal sobre el funcionamiento de estas comunidades virtuales y, peor aún, demuestra un egoísmo/miedo a perder los privilegios que otorga el poder de la información.  



Nota publicada originalmente en el Suplemento IDEAS del periódico Página Siete, que sale a circulación, extraordinariamente, hoy lunes 1 de abril de 2013. Pueden ver la versión original en este link: http://bit.ly/10syUju

Tuiteando ando

Vacas Sagradas

Vacas Sagradas

Sarelisa, las almas gemelas. Los cuentos compartidos. Ellas. Nosotras.

Arcángel

Arcángel

Habrá palabras para la nueva historia y es preciso encontrarlas antes de que sea tarde.

Ángel González

Histérica

Histérica

Los 4 siglos que duró la inquisición fueron llevadas a la hoguera 8 millones de personas, la mayoría mujeres. Lo que da un total de 55 personas ejecutadas diariamente durante sólo 400 años. Si la inquisición me hubiera juzgado sería por hereje, apóstata, materialista, libertina, sediciosa, cismática, blasfema, presbilesbiana, testícula de Jehová, antiperonista, rebelde, pertinaz, contumaz y puta.

Liliana Felipe

Memoria Vigilante

Memoria Vigilante

Y los ratones hicieron una alianza y la serpiente de cascabel le puso el cascabel al gato.

Jairo Aníbal Niño