
Militancia. Y eso de que la militancia es sinónimo de partidismo, dejémoslo para los limitados. Nosotros; mejor dicho, nosotras que desde siempre militamos en nosotras mismas, no podemos menos que sonreír cómplicemente al escuchar ciertos nombres: Gabriela, Rebeca, AnaMar, Rinha, Marcela, Betty, Marianela. Tanta warmi calando hondo en el inventario del olvidado/postergado orgullo de género/generación.
No es poca cosa. Más allá de los calores/humores político-partidarios del momento podemos, trascendentalmente, preguntarnos, ¿qué tipo de comunidad política es capaz de asegurar el principio de la diferencia como vector constitutivo de universalidad? Y la respuesta se escribe en plural y en femenino, seguro; al menos en esta inflexión histórica. Sí, esa fecha, ese 7 de septiembre (que para algunos no pasa de la anécdota) en la que se presentaron las listas de candidatos y candidatas a la Asamblea Plurinacional por la que votaremos en diciembre. Esa inflexión.
Con seguridad, de las nombradas, la candidatura que más ha interpelado las más profundas (escondidas-denegadas, en algunos casos) pasiones políticas es la de la ex – Defensora del Pueblo. Hablar de las virtudes de Ana María Romero de Campero, hacer presente su trayectoria, dar cuenta de su entrega vital a este país, militando –siempre—en él es, realmente, una pérdida de tiempo. Digo, si es que es necesario convencer a algunos sobre la labor de esta extraordinaria mujer, estamos realmente pateando el aire; aire que, a la par, se llevó la careta de algunos.
La buena noticia, en todo caso, respecto a todo este asunto, es la posición en torno al “otro”. Más precisamente en torno a la “otra”. Digámoslo de una vez: en torno a las “otras”. Queda claro, pues (testimoniado para el futuro), que bien podemos confrontar, discutir, disentir o atacar a las “otras”; sin embargo no podemos –de ninguna manera—prescindir de ellas. Esas “otras”, pues, son un valor que debemos ver como un fin en sí mismo. Una celebración.
Me debía estas letras desde hace casi un mes. Hoy las suelto con fanfarrias. Debo admitir también que si, en algún momento, dubité respecto a mi voto ciudadano, la presentación de candidatos (candidatas en este caso) ante el Órgano Electoral selló mi intención, de cara a diciembre.
Cumpliré, pues, fielmente, con mi militancia de vida en diciembre: voy a votar por ellas.
No es poca cosa. Más allá de los calores/humores político-partidarios del momento podemos, trascendentalmente, preguntarnos, ¿qué tipo de comunidad política es capaz de asegurar el principio de la diferencia como vector constitutivo de universalidad? Y la respuesta se escribe en plural y en femenino, seguro; al menos en esta inflexión histórica. Sí, esa fecha, ese 7 de septiembre (que para algunos no pasa de la anécdota) en la que se presentaron las listas de candidatos y candidatas a la Asamblea Plurinacional por la que votaremos en diciembre. Esa inflexión.
Con seguridad, de las nombradas, la candidatura que más ha interpelado las más profundas (escondidas-denegadas, en algunos casos) pasiones políticas es la de la ex – Defensora del Pueblo. Hablar de las virtudes de Ana María Romero de Campero, hacer presente su trayectoria, dar cuenta de su entrega vital a este país, militando –siempre—en él es, realmente, una pérdida de tiempo. Digo, si es que es necesario convencer a algunos sobre la labor de esta extraordinaria mujer, estamos realmente pateando el aire; aire que, a la par, se llevó la careta de algunos.
La buena noticia, en todo caso, respecto a todo este asunto, es la posición en torno al “otro”. Más precisamente en torno a la “otra”. Digámoslo de una vez: en torno a las “otras”. Queda claro, pues (testimoniado para el futuro), que bien podemos confrontar, discutir, disentir o atacar a las “otras”; sin embargo no podemos –de ninguna manera—prescindir de ellas. Esas “otras”, pues, son un valor que debemos ver como un fin en sí mismo. Una celebración.
Me debía estas letras desde hace casi un mes. Hoy las suelto con fanfarrias. Debo admitir también que si, en algún momento, dubité respecto a mi voto ciudadano, la presentación de candidatos (candidatas en este caso) ante el Órgano Electoral selló mi intención, de cara a diciembre.
Cumpliré, pues, fielmente, con mi militancia de vida en diciembre: voy a votar por ellas.
