
Y lo hicimos. Ni siquiera los agoreros, malaleches de algunos pollitólogos y otros calumnistas pudieron ser indiferentes a ese río (como diría el cronopio mayor), a ese río de gente.
4.9 millones de bolivianos que creen en la democracia electoral. No es poca cosa. Adscrita, como estaba, en el grupo de escépticas y escépticos (pero nunca poca-fe) creo que quedan algunos apuntes-lecciones para el futuro; apuntes que no son más que certezas que hoy recordamos, pero que al parecer, en tiempos de guerra política, olvidamos.
1. Cuando los medios ponen el hombro
Si bien es cierto que fueron múltiples y variados los actores que fuimos parte de esta masiva experiencia biométrica es bueno, es lindo recordar que cuando todos tiran, todos tiramos para el mismo lado el carro avanza. Cuando los medios, pues, utilizan sus poderosos recursos para ponerse el hombro con la democracia, con la ciudadanía; todo es posible. Los medios nos han fallado, nos están fallando; pero esta vez dieron tregua, dieron aire; propusieron un respiro; dejaron a las instituciones hacer su trabajo y a los ciudadanos ejercer sus derechos; observaron, esperaron; en suma, coadyuvaron.
2. Cuando las instituciones funcionan
Según datos de LAPOP (Proyecto de Opinión Pública en América Latina), Bolivia es actualmente uno de los países Latinoamericanos con menores niveles de confianza en sus instituciones políticas y aunque la Corte Nacional Electoral ha estado siempre con niveles respetables respecto a la media; no ha sido, en general, un tiempo de rosas para la institucionalidad en el país. Pese a ello, años de construcción institucional han permitido que exista una estructura sólida que permita encarar un desafío de esta magnitud; estructura que, por supuesto –habría que recordárselos a algunos- no dependen de una o varias personas; sino del esfuerzo conjunto de una institución y, sobretodo de patrimonios sólidos y propios de los procesos de democratización que, por supuesto, nos pertenecen a todos.
3. Cuando aprendemos sobre comportamiento electoral
Cuando la CNE se planteó como meta los 3.5 millones de ciudadanos inscritos para el padrón biométrico, existía ya un sesgo de hecho que advertimos en su momento. El padrón con el que se votó la aprobación de la Constitución Política del Estado estaba conformado, pues, por 3.8 millones de bolivianos; era de esperar que en alrededor de 6 meses ésta cifra tienda a subir y no, por el contrario, a disminuir. Cuando el presidente Evo conminó a la CNE a inscribir a 5 millones de bolivianos dentro del país volvieron a saltar las voces agoreras señalando que el fraude estaba en puertas; bastó un poco de aire-tiempo para que esto se comprobara por sí solo. En aquél entonces bastaba un análisis sereno del peculiar comportamiento electoral de este país en estos 27 años de democracia continua.
4. Cuando quedan las tareas pendientes
Y hay que decirlo, quizás el tema más sensible fue el empadronamiento de compatriotas. Logísticamente era un reto de mayores dimensiones que el que encarábamos dentro de las fronteras; el empadronamiento, pues, empezó más tarde, y cerraron en el tiempo señalado, sin ampliaciones. En el entendido de que el calendario electoral es apretado no queda más opción; sin embargo bastó, otra vez, aire-tiempo, para que comprobemos que el comportamiento electoral de los migrantes es distinto, casi siempre bajo, por distintos motivos, aunque claro, los bolivianos no dejamos de dar sorpresas. Queda, sin embargo, la tarea pendiente. Cumplimos, pero quizás no como debíamos. Hay harto camino por recorrer en el reconocimiento pleno de derechos políticos de nuestros compatriotas.
Hoy, cerradas ya las inscripciones, consolidada ya la historia electoral, cerca de la mitad de la población de este país nos ha dado una lección, me ha dado una lección. Y claro, como no. Si este es el mejor país del mundo.
4.9 millones de bolivianos que creen en la democracia electoral. No es poca cosa. Adscrita, como estaba, en el grupo de escépticas y escépticos (pero nunca poca-fe) creo que quedan algunos apuntes-lecciones para el futuro; apuntes que no son más que certezas que hoy recordamos, pero que al parecer, en tiempos de guerra política, olvidamos.
1. Cuando los medios ponen el hombro
Si bien es cierto que fueron múltiples y variados los actores que fuimos parte de esta masiva experiencia biométrica es bueno, es lindo recordar que cuando todos tiran, todos tiramos para el mismo lado el carro avanza. Cuando los medios, pues, utilizan sus poderosos recursos para ponerse el hombro con la democracia, con la ciudadanía; todo es posible. Los medios nos han fallado, nos están fallando; pero esta vez dieron tregua, dieron aire; propusieron un respiro; dejaron a las instituciones hacer su trabajo y a los ciudadanos ejercer sus derechos; observaron, esperaron; en suma, coadyuvaron.
2. Cuando las instituciones funcionan
Según datos de LAPOP (Proyecto de Opinión Pública en América Latina), Bolivia es actualmente uno de los países Latinoamericanos con menores niveles de confianza en sus instituciones políticas y aunque la Corte Nacional Electoral ha estado siempre con niveles respetables respecto a la media; no ha sido, en general, un tiempo de rosas para la institucionalidad en el país. Pese a ello, años de construcción institucional han permitido que exista una estructura sólida que permita encarar un desafío de esta magnitud; estructura que, por supuesto –habría que recordárselos a algunos- no dependen de una o varias personas; sino del esfuerzo conjunto de una institución y, sobretodo de patrimonios sólidos y propios de los procesos de democratización que, por supuesto, nos pertenecen a todos.
3. Cuando aprendemos sobre comportamiento electoral
Cuando la CNE se planteó como meta los 3.5 millones de ciudadanos inscritos para el padrón biométrico, existía ya un sesgo de hecho que advertimos en su momento. El padrón con el que se votó la aprobación de la Constitución Política del Estado estaba conformado, pues, por 3.8 millones de bolivianos; era de esperar que en alrededor de 6 meses ésta cifra tienda a subir y no, por el contrario, a disminuir. Cuando el presidente Evo conminó a la CNE a inscribir a 5 millones de bolivianos dentro del país volvieron a saltar las voces agoreras señalando que el fraude estaba en puertas; bastó un poco de aire-tiempo para que esto se comprobara por sí solo. En aquél entonces bastaba un análisis sereno del peculiar comportamiento electoral de este país en estos 27 años de democracia continua.
4. Cuando quedan las tareas pendientes
Y hay que decirlo, quizás el tema más sensible fue el empadronamiento de compatriotas. Logísticamente era un reto de mayores dimensiones que el que encarábamos dentro de las fronteras; el empadronamiento, pues, empezó más tarde, y cerraron en el tiempo señalado, sin ampliaciones. En el entendido de que el calendario electoral es apretado no queda más opción; sin embargo bastó, otra vez, aire-tiempo, para que comprobemos que el comportamiento electoral de los migrantes es distinto, casi siempre bajo, por distintos motivos, aunque claro, los bolivianos no dejamos de dar sorpresas. Queda, sin embargo, la tarea pendiente. Cumplimos, pero quizás no como debíamos. Hay harto camino por recorrer en el reconocimiento pleno de derechos políticos de nuestros compatriotas.
Hoy, cerradas ya las inscripciones, consolidada ya la historia electoral, cerca de la mitad de la población de este país nos ha dado una lección, me ha dado una lección. Y claro, como no. Si este es el mejor país del mundo.

