Producto de todo esto que les narro previamente, nace otra columna de domingo, que salió publicada ayer (06.01.2011) en el suplemento IDEAS de Página 7.

Habrá usted advertido, estimado/a y dominguero/a lector/a que en las últimas semanas se han realizado estimables esfuerzos de parte de actores políticos y mediáticos con el objetivo de introducir en la agenda de información-opinión una ¿prematura? temática.
Se trata, pues, de la apresurada voluntad de establecer, de cara a las elecciones del 2014, un potencial tablero político, con sus respectivos actores y sus infaltables polaridades; sobre una base/lógica bicolor que, como sabemos, será de conveniencia general de los actores que vayan a pugnar por nuestra preferencia electoral.
Remitámonos a un pequeño inventario de los lugares que se le ha atribuido al MSM en este último tiempo.
Varios voceros del partido de gobierno se han encargado de manifestar que el “MSM es un partido de derecha”, el mismísimo compañero Presidente ha declarado el alguna ocasión que “(…) Felizmente la derecha ahora tiene una cabeza visible que es Juan del Granado”. Un diario orureño señaló que “(…) el Vicepresidente Alvaro García se encargó de acomodar a Del Granado y los tradicionales adversarios regionales del MAS en un mismo frente y calificarlos de `sinverguenzas’, en alusión a la sigla del MSM”.
Por otro lado, desde el frente, se han encargado de asignarle otro lugar al MSM; un vocero de señalaba que “el MSM no tiene cabida en la oposición”, uno de los pocos líderes de la oposición que quedan en el país llegó incluso a considerar “la importancia de que el MSM resuelva su problema de identidad y se defina si es opositor de día u oficialista de noche”, incluso un reconocido periodista dio cuenta de múltiples situaciones que estarían dando cuenta de “la crisis de identidad del MSM” y que estaría frente a un dilema.
Ni uno, ni otro. De lo que pareciera tratar, ahora, en torno al MSM es de establecer una lucha simbólica (en la que participan oficialistas y opositores) por generar imaginarios que permitan que este tablero político siga estando acomodado a conveniencia. La pregunta es ¿a conveniencia de quién?
Si pensamos que el proceso de refundación estatal se debe en gran parte a la renuncia mayoritaria de la población a un modelo de democracia “pactada”, en el que la motivación de muchos ciudadanos y ciudadanas para votar por el MAS consistía en la simple negación de no votar por “lo pasado”; y le sumamos, además, una sistemática y sostenida campaña gubernamental impulsada, durante 4 años, con el único objetivo de que Bolivia olvide su “pasado neoliberal”, podemos esbozar un presente político en el que la existencia del “otro” ha sido eliminada de los imaginarios. Para el oficialismo, la oposición no existe; y viceversa.
Dentro de la filosofía política hay quienes afirman que la identidad es propiamente diferencial, esto quiere decir que se construye con base en la diferencia, en base a la gramática del “otro”; es decir sólo deviene identidad aquello que me hace diferente, sólo se es en ocasión de lo que no se es y esa existencia del otro, por tanto, me está otorgando la posibilidad de existir. El principio aquél de que “el otro me constituye”.
Y si pensamos en ello a la luz de los esfuerzos políticos y mediáticos de oficialismo y oposición que, hemos visto, están centrados en “otrear” al MSM, imagino que debemos estar al frente de buenas noticias, ya que este fenómeno de no poder establecer al MSM en ninguna “cancha”, de alguna u otra manera, nos estaría devolviendo nuevamente a un escenario de politicidad, donde “existo yo, porque existen otros”. Paradójicamente habría un nuevo chance para el (re)establecimiento de todas aquellas identidades políticas extraviadas.
Eso sí, a los actores políticos y mediáticos cabrá recordar la inefable sentencia de Roberto Esposito en la que señala que mientras las ciencias sociales y las ciencias políticas se encargan de establecer, separar, categorizar, pesar y medir las subjetivaciones sociales, éstas ocurren de forma inmanente y subterránea y terminan, por el contrario, irrumpiendo al medio de dichas ciencias. Y entonces, afirma el autor, se entiende que las ciencias sociales y políticas lleguen siempre luego, a destiempo.
Y es que pareciera que entres estos devenires de delimitar escenarios prospectivos a futuro y establecer tableros políticos, se ha perdido el verdadero objeto del debate y este ocurre sin que siquiera lo miremos. La labor nuestra, de escribir sobre lo que pasa, llega a destiempo.
No olvidemos que el Estado Plurinacional por el que el país apostó requiere, para estructurarse, consolidarse y funcionar, una gran dosis de “imaginación sociológica”. Imaginación que necesariamente debiera expandirse al uso de herramientas sociológicas y políticas al momento de plantear/leer los escenarios de este tipo.
Quizás por ello es complicado entender realmente cuál es el rol del MSM en este determinado momento histórico. Quizás, así se explica, la complejidad de leer al MSM en el marco de la dicotomía oposición-oficialismo. Blanco o negro.
Finalmente – se explica- nuestra voluntad fue dejar de ver un país bicolor y apostamos por una realidad a colores.



