lunes, 28 de mayo de 2012

Autoregulación 2.0: Un desafío






Fue a mediados de este mes que concluye cuando el Presidente Morales nuevamente en ejercicio de su legítimo y efectivo rol de generador de agenda noticiosa movilizó a casi la totalidad del conglomerado mediático tras la búsqueda de algunas pistas que permitan dilucidar el ¿complejo? asunto de la regulación sobre las nuevas Tecnologías de Información y Comunicación, concretamente el internet y sus redes sociales virtuales.

Aunque claro, es necesario aclarar que el Presidente no se refirió en ningún momento a la intención de regular ciertos espacios virtuales (específicamente Facebook) sino que, simplemente, puso en la mesa del debate (cuando no de la polémica) un asunto que es tan antiguo como la comunicación: el racismo y la discriminación devenidas mensaje y acción. También es necesario aclarar (y corroborar) que el Presidente no miente -ni siquiera exagera- cuando señala que las redes sociales son espacios en los que se destila diariamente racismo y discriminación entre bolivianos y bolivianas.

Pasa que el cuestionamiento presidencial irrumpe en una vieja y ya existente discusión: la regulación de los contenidos. Sí, ese escenario tan complejo de abordar y que, a la fecha, ya existe parcialmente como marco legal y normativo en el país. Y, por otro lado, el escenario ciudadano de la autorregulación. Son estos dos mecanismos regulatorios que deben coexistir y complementarse en cualquier dinámica informativa/comunicacional, más allá del soporte.

¿Por qué el tema del racismo y discriminación? No es pues casualidad que hace solamente cuatro días hayamos recordado uno de los episodios racistas más vergonzosos de nuestra historia contemporánea como país. Fruto de ello y de una política estatal que reivindica lo indígena-originario hemos sido partícipes, posteriormente, de la materialización de una de las más polémicas leyes que haya sido aprobada en el nuevo marco del Estado Plurinacional: la Ley contra el Racismo y toda forma de Discriminación.

Y es que toda la discusión sobre las expresiones racistas en las redes sociales está permeada por lo que ocurre en nuestra sociedad cotidianamente. Toca recordar que las fuertes bases sobre las que se montó el Estado colonial (en proceso de desmontaje) son eminentemente racistas y discriminatorias.

Por ello, años después, no sorprende que una Bolivia que trata de insertarse en el mundo global acuda al uso de nuevas herramientas y formas de comunicación para actualizar la forma en la que se desenvuelven las dinámicas informativas y comunicativas pero, de ninguna manera, este traslado al mundo digital, implica per se un cambio en los contenidos de los mensajes que, como sociedad, emitimos/intercambiamos.

En otras palabras, más allá de que algunos representantes del gobierno piensen en mecanismos de regulación para las redes sociales; deberían pensar, alternativamente, en estrategias (o, mejor aún, políticas) de comunicación integrales, que contengan/promuevan lo digital como un componente transversal y democratizador. Mientras, los involucrados/as, los usuarios/as deberemos pensar -en comunidad- en la creación de mecanismos internos de autorregulación y, ciertamente, la socialización y aplicación de los ya existentes: ese es el camino/desafío.

Eso sí, en ambos casos el único y principal sur posible deberá ser una sociedad antirracista en sus más profundas estructuras. Pues mientras una sociedad tenga racismo contenido, este será propenso a destilarse en una plaza pública o en un muro de Facebook; con ciudadanos/as vitoreando o amigos/as dándole like. Y eso será lo único que lo diferenciará.

jueves, 17 de mayo de 2012

Déjà vu 2.0.



Déjà vu (ya visto, en francés) es un término-concepto que fue creado alrededor del siglo XIX en Estados Unidos con base en raíces francesas, y que evoca aquella sensación de familiaridad que le provoca a una un determinado momento. Y que en pleno siglo XXI -sociedad global de la información de por medio- sigue definiendo con precisión momentos 2.0 de nuestra pequeña realidad virtual con sello nacional.

El paro de 48 horas de los transportistas de la ciudad de La Paz tuvo su correlato de acción ciudadana en las redes sociales de forma sostenida durante la última semana (con un pico altísimo el martes 8). Y es que, a diferencia de lo que se podría pensar -por los bajos niveles de conectividad dentro del país y los altísimos precios por conexión (casi siempre pésima)- pues ya podemos afirmar que en nuestro país estamos reinventando nuestras formas/dinámicas de información y comunicación a través de las redes sociales; quizás las de acción ciudadana y, de ninguna manera, las de movilización social.

En la dinámica concreta del paro de transportes en redes sociales, la mayor movilización de información y comunicación se dio a través de la red social más utilizada en Bolivia: Facebook. Entre las iniciativas de relevancia encontramos la creación de los siguientes grupos temáticos “Fuera minibuseros de La Paz” con más de 4.000 miembros, “Cambio de transporte, ya!!!” con más de 6.000 miembros y “Colguemos nuestras banderas contra el paro de chóferes” con más de 11.000 miembros (como dato, estos dos últimos grupos -los de mayor convocatoria- fueron creados por un conocido funcionario del gobierno municipal de La Paz).

Asimismo se creó un evento en la red social que convocaba directamente a la acción ciudadana para el día post-paro y que llegó a denominarse “Huelga de Peatones”, en él se promovía la solidaridad ciudadana para movilizarse en transporte privado compartido o la opción de caminar para prescindir de los transportistas, el evento alcanzó a tener más de 4.000 participantes. En el caso de Twitter, una red en gran crecimiento (precisamente durante y luego del conflicto del TIPNIS) en el país; se barajaron todo tipo de mensajes, mayoritariamente información y opinión y sobre todo proveniente de periodistas (que fueron los que, al parecer, irrumpieron con mayor fuerza en la red, luego del TIPNIS) y de ciudadanos/as, organizados bajo los hashtags (una suerte de palabra precedida por el símbolo # que ordena temáticamente los mensajes –denominados tuits- de los/as usuarios/as) #ParoDeTransportes #HuelgaDePeatones y #LaPazResiste.

Quizás el hecho más emblemático que se relaciona con las redes en esta ocasión es la protesta vecinal que se habría articulado el martes 8 por la tarde en la Zona de San Miguel y se habría materializado, según una gran mayoría, por efecto de las redes sociales. Y seguro buena parte de la convocatoria se debió a ello, pero no su gran mayoría. Por ello es bueno siempre matizar las novísimas realidades (que no dejan de sorprender a quienes hace poco ingresaron a la comunidad virtual) y apuntar algo que se sabe hace mucho, y es que en las redes sociales la oposición política está sobrerepresentada (el gobierno continúa aplazado en ello) y el perfil de usuarios/as es muy cercano al de clase media, urbano, con estudios universitarios; en su gran mayoría.

El punto es que, sobre todo los medios de comunicación y periodistas, han pasado de subvalorar a las redes sociales como herramienta comunicacional a sobrevalorarla como herramienta de movilización social, sin tránsitos, ni matices. Y que, con la gran diferencia de que muchos/as periodistas ahora vieron el fenómeno desde “adentro” lo ocurrido no deja de parecer un déjà vu de lo que vivimos el pasado septiembre (en la movilización por el TIPNIS), es decir un fenómeno que sorprende a muchos, del que algunos hablan, en el que pocos participamos y que afecta a casi nadie.

miércoles, 2 de mayo de 2012

En defensa de la conflictividad social



Sin duda alguna la agenda de la semana (cuando no del mes/año) ha estado encabezada por la tensa dinámica de conflictividad social en la que vivimos actualmente en el país. Demandas de todo tipo (al momento de escribir esta columna puedo dar cuenta de, al menos, 13 latentes a nivel regional y nacional) que, en términos de sectores y demandas, han alcanzado una inusitada variedad. En términos cuantitativos, un par de instituciones (Fundación Milenio y Fundación UNIR) han visibilizado datos que permiten concluir que la cantidad de conflictos por los que atraviesa diariamente el actual gobierno (un promedio de 117 por mes) superarían los conflictos que hubiera atravesado el gobierno de Hernán Siles Suazo, con la UDP (un promedio de 93 por mes). No sólo ello, además esta semana que acaba ha estado marcada por el reinicio simbólico (la partida desde Trinidad de la IX marcha indígena) del mayor conflicto sociopolítico por el que ha atravesado el gobierno de Evo Morales: la carretera por el TIPNIS. Conflicto que –coinciden las lecturas- ha socavado el discurso ideológico y político que mantiene el gobierno desde su llegada al poder.

A simple vista la situación es complicada para el gobierno y la gobernabilidad debiera verse afectada, sobre todo si a ello sumamos que los niveles más bajos de popularidad del presidente Morales se han registrado este año. Pero, en realidad, la situación es más compleja que complicada y no viceversa. Compleja porque acusa un fenómeno político inmanente y complicada -en su versión simplista- porque sobrellevar la conflictividad devenida cotidianidad no es tarea fácil para nadie (ciudadanía, sectores demandantes, gobierno).

Pero de ahí a comparar el momento conflictivo que acabó con el gobierno de la UDP con este; hay demasiada distancia. Y nuevas variables en juego. ¿Cómo se entiende, entonces, esa novísima institución denominada “contramarcha” que tan en boga ha estado últimamente en nuestras calles/carreteras? Es pues, una de las formas en las que se materializa (ocasionalmente deforma, cuando no manipula) el postulado denominado “gobierno de los movimientos sociales” que fue, en términos conceptuales, una de las banderas políticas con las que se encaró este proceso de cambio en sus inicios.

Y en ello estamos. No en vano, el Vicepresidente habría advertido a inicios del año pasado que las contradicciones/tensiones se darían de manera interna, entre diversos actores en pugna sobre el ¿cómo hacer? aquello que ya se había acordado hacer: la construcción del Estado Plurinacional; construcción que implica, en el mejor/único escenario posible, la intensificación de la democracia intercultural.

Y estando en ello -ya lo decía la Mouffe- vale la pena recordar que “la manera más miserable en la que nos han enseñado la democracia es en ausencia del conflicto y el disenso”. La democracia tiene pues –a diferencia de lo que podría creerse- naturaleza conflictiva; su sola existencia/vigencia no anula el litigio. Precisamente, es en el borde del conflicto, en el límite, donde empieza lo político y este nivel de lo político no tiene ninguna gramática, es solo la lucha de fuerzas (tensiones) en que lo político llega con tardanza, en un acto segundo que, define, finalmente un escenario político tangible. Es ahí donde juega su principal rol el gobierno: administrando la conflictividad, siendo juez y parte de su continuidad en el poder; sobre todo en un momento como este, cuando la oposición no alcanza siquiera a capitalizar políticamente tanto conflicto que, finalmente (en el mal y buen sentido de la afirmación) el gobierno sigue dirigiendo/encabezando y, a la larga, capitalizando.

Después de todo, se sabe, la democracia es un ente vivo. El resto es orden, paz: silencio.

lunes, 16 de abril de 2012

El latido de la democracia, sin franquicias


La anterior fue una de esas semanas en que, desde cualquier flanco posible, le llegan a una las noticias-señales necesarias para sentir las macropulsiones políticas del planeta que se juntan con algunas lecturas. Salió un diagnóstico de este tipo, nada nuevo, pero que necesitaba plasmar.




La democracia con/sin adjetivos. Sin duda es uno de esos conceptos mejor relacionados, que va bien acompañada de conceptos clásicos, modernos y postmodernos. Con las viejas discusiones que la circundan, las antiguas preguntas, las nuevas prácticas, los nuevos/renovados retos. Bajo una sencilla y radical premisa-consenso; es con ella, sin ella no es.

Hoy, globalmente – se sabe- que allá donde la derecha gobierne preservará el tan demodé concepto (que no práctica) del capitalismo, constituyéndolo incluso en un bien superior a la democracia, de superioridad tal que prescindirá de su uso en cuanto otro modelo político pueda cobijarlo mejor (de lo contrario, ¿cómo se explica China?) y, por el contrario -se sabe- que allá donde las izquierdas se renueven/reinventen deberán flamear la bandera de la democracia como bien superior y fin último, supeditando el mercado a la existencia del hombre de/en el Estado (no suponemos una democracia sin Estado).

En tanto las democracias europeas, las más antiguas democracias del mundo, tambalean en sus confianzas y legitimidades, padeciendo sus propios desaciertos tras supeditarlas a los poderes fácticos del mercado y generando sus propias preguntas; en Latinoamérica, las democracias más jóvenes de occidente, transitamos por una nueva ola de democracia latinoamericana que acude en plena consolidación de la democracia liberal-representativa, cuestionando-incomodando con premura lo que apenas hace décadas había sido conseguido. Como dato, en la última Conferencia Transatlántica (que se celebró hasta ayer) varios expertos han coincidido en la necesidad de mejorar la democracia y de incrementar la intensidad de las mismas.

Mientras en Bolivia los gobiernos (esto ya está posicionándose también en los ámbitos municipales) erigidos en base a ampliaciones democráticas, ponen en riesgo los alcances de la democracia liberal-representativa trasladando las garantías para el ejercicio de los derechos individuales y el Estado de Derecho a terrenos inestables; los pueblos indígenas (y algunos opositores arrimados) defienden su derecho a la consulta, velando por las formas y procedimientos que emergen de y garantizan la democracia directa y comunitaria, es decir, la democracia intercultural.

Así sabemos, que los pueblos-naciones no son propietarios de sus logros pero tampoco son dueños absolutos de sus fracasos. Con certeza vemos que lo que sí se democratiza, es el espacio público de la deliberación democrática, con sus contradicciones y desafíos, sin dueños ni propietarios, con errores y aprendizajes. La izquierda y la derecha a nivel global. Europa y Latinoamérica, a nivel continental. El gobierno y algunos pueblos indígenas, a nivel nacional; todas pulsando por la propiedad de una democracia con latido propio.

Es, lo que Boaventura de Sousa denominaría, la recuperación arqueológica de las experiencias que ahora no sólo se buscan, sino emergen con fuerza propia; es la ecología de saberes saliendo a su propio encuentro; es la demodiversidad incrementando su intensidad.

Ah, la delgada línea entre democratizar la democracia y comprimirla. Es la democracia latiendo, sin franquicias: con horizonte posible; por Bolivia, por el mundo.

lunes, 2 de abril de 2012

Entre el instrumento político y el intento partidario

Luego de ver/escuchar las conclusiones de la VIII Cumbre del MAS, traté de reinvindicar el legítimo derecho a ser parte de todo esto por fuera del partido. La crisis de representación política ha dejado huellas profundas en una generación; cuesta creer.






Después de todo lo que se dijo, me atrevo a pensar que faltamos. Es decir, de inicio, no era siquiera necesario que estuviéramos, nunca fue nuestro lugar, peor trinchera. Era el lugar de los compañeros/as de ruta, de proyecto país. Pero no, en/por principio, no era necesario que estuviéramos. Paradójico: quizás terminamos faltando.



Y es que pasa que nuestro lugar fue más bien un tiempo. Y nuestras trincheras las heridas que el tiempo neoliberal dejo marcado en la historia. Pero ello mismo –la temporalidad- nos ponía, nos puso y nos pone en una situación/posición no partidista. Y que no se malentienda, no se trata de que no tomamos partido; simplemente decidimos tomarlo por fuera del partido que, en este caso, ni es lo mismo, ni es igual.



No se puede negar que buena parte de la génesis de este proceso se encuentra en la crisis de representación política ¿quién podría, entonces, haber pensado allá por el 2000, que un instrumento político pretendería concentrar no sólo los logros, sino también a los y las actores/as de este proceso de cambio que, en aquel entonces, se veía/sabía emergente de la mano de los movimientos y organizaciones sociales? Ello, en sí, no representa nada fuera de lo común ¿qué organización política no optaría por fortalecer su capital político en un proceso histórico?



Es lógico, entonces, que la organización política que sustenta el actual gobierno y, sobre todo la base electoral del mismo, intente capitalizar los réditos políticos de un proceso mucho más multidimensional y complejo que la dinámica/acción misma del propio proceso partidario.



El sistema partidario-político tras su fracaso histórico, continúa hoy en la búsqueda de sus propios códigos de reinvención y, en medio de ello, asistimos al VIII congreso del Movimiento al Socialismo, uno de los pocos partidos que se proyecta a remover/¿renovar? los cimientos más profundos de la democracia representativa-partidaria en nuestro país. Pues ya se advierte -y no deja de cobrar fuerza como hipótesis- que el sistema partidario se (re)generará sobre las heridas que el propio MAS deje abiertas, quizás por ello su intento por cerrarlas en clave de mandato, a través de la (re)unificación del instrumento político.



Sin embargo, ni esta realidad, ni la contundencia del peso político, ni el rol del MAS en el proceso de cambio son elementos suficientes para que desde el propio partido se pretenda establecer una supuesta propiedad sobre el proceso de cambio, pretender la cooptación del aparato gubernamental a título partidista; o peor aún acabar con las facciones disidentes del partido, del gobierno, cuando no del proceso. Porque –no es novedad- el proceso de cambio es una construcción colectiva de varios actores/sectores que, por decisión o circunstancia, no formamos parte del instrumento político que cobija al líder de este inicio del proceso de cambio.



Lo cierto es que el instrumento tiene la capacidad de rayar la cancha y, actualmente, la cancha ya está rayada y es en ejercicio de un legítimo derecho adquirido. Pero a no confundirse; es la cancha la que está rayada, no el camino del proceso de cambio a partir de ello. El MAS como instrumento político e intento partidario, es un actor más; relevante sí, pero actor finalmente. Y en escena –y esto tampoco es novedad- la obra se gana aplausos, sólo cuando confluye el elenco completo.

lunes, 19 de marzo de 2012

En clave femenina





¿A usted también le da la impresión de que, en menor medida, el anterior año y, con una vorágine impresionante durante este, el proceso de cambio se está signando definitivamente en clave femenina? Por poner algunos ejemplos –mencionados constantemente- en el panorama grande podemos mencionar que durante estas dos gestiones hemos presenciado la constitución del primer gabinete paritario de la historia en Bolivia -63 años después de que las sufragistas iniciaran la lucha-.



También hemos asistido al histórico liderazgo femenino en la Asamblea Legislativa Plurinacional, al ser posesionadas un par mujeres como presidentas de las dos cámaras que la conforman. Hablemos también de los grandes logros alcanzados en la promulgación/construcción de la actual Constitución Política del Estado Plurinacional, así como del proceso de desarrollo legislativo que sigue su curso garantizando, casi en la totalidad de sus productos, el enfoque de género.


Cuando entre el 2005 se preparaba, apresuradamente por las circunstancias pero con lógica claridad, la estrategia discursiva con la cual se encararía el proceso electoral que debería viabilizar la democracia tras el gran fracaso del modelo, se vislumbraba un horizonte claro respecto a quién sería, de manera privilegiada, el sujeto histórico sobre el cual se asentaría el discurso de ascenso al poder para el partido en actual gobierno. Y es que no había mayor duda al respecto a quien habita(ba) en la piel del líder que pugnaría por el poder, el Presidente Evo. Así también es cierto que la circunstancia histórica demandó y materializó que la construcción del proyecto-país terminara por encarnarse en una de las constituciones políticas más incluyentes y garantistas del mundo que aglutinó no sólo al sujeto encarnado en la figura del líder, sino a todas las colectividades excluidas durante el periodo neoliberal; una de ellas fue la de las mujeres.


Y en el camino, empezaron a sobreponerse los espacios de lucha donde las mujeres de este proceso de cambio – en justa cosecha de lo sembrado por varias, por años, mucho antes – libraron sus propias batallas, sobre todo legislativas. Y empezaron a tomar curso las pugnas donde las mujeres fundaron su voz reclamándose parte de esta construcción colectiva. Y se cosecharon los frutos y en la cosecha se abrieron caminos -como la efectivización y justiciabilidad de derechos adquiridos- cada vez más complejos de transitar, pero caminos abiertos al fin.


Y cada día que pasa, con más frecuencia y con más intensidad, se alzan las señales en clave femenina, y también suceden los hechos, que abonan un camino signado por género ya sea por suma o por, lamentablemente, resta. Y entre ellos la gran coincidencia: todos ellos marcan el ritmo para continuar con/en el proyecto-país, cuando marcan el ánimo-latido social con el que se encara el mañana. Pero claro, también está la gran diferencia: las señales que, como la partida de una de las madres de la democracia, son fortuitas, y además los hechos que pueden-deben evitarse y que tienen alguien que los viabiliza a pulso y que, a la larga, los está encarnando en discurso.


Andrés Gómez escribió en su columna “El Candidato” (¿por qué no La Candidata?) que “el rival de Morales será producto del proceso de cambio” y se lo/a identificará porque será “será el más atacado” ¿o la(s) más atacada(s)?.


Como venga la mano, ahora está en las manos de una sola persona-líder retomar el cauce de estos hechos-señales o dejarlos a la vorágine política de la pugna por el poder, de cara al 2014, dentro o fuera del MAS.


Finalmente, ya lo decía Dalton, que en la política la mujer “puede comenzar a dejar/ de ser mujer en sí/ para convertirse en mujer para sí/ constituir a la mujer en mujer/ a partir de su humanidad”


Y quizás, eso es lo que necesitamos, el 2014.

martes, 13 de marzo de 2012

Memoria(s) del 2010

Esta nota la escribí a finales del 2010, concretamente fue publicada en el suplemento IDEAS de Página Siete el 26 de diciembre de ese año. Varios hechos suscitados ese años hicieron que la entonces reciente noticia del cáncer de Domitila Chungara nos jalara las orejas por haber -ojalá temporalmente- olvidado algunas cosas, algunas personas. Me parece importante recuperar estas letras hoy.




(Tomada de www.lostiempos.com)

Cuenta Domitila Chungara que a pesar de su pobreza cuando era pequeña agarraba –en complicidad con sus hermanas- un pañuelo, el cuál llenaba con azúcar (que escaseaba en su propia mesa) y lo dejaba en la calle a ver si algún pobre lo alzaba.



No nos sorprende, entonces, que hoy que un cáncer de pulmón la saca nuevamente a la palestra pública, cuando se le pregunta que necesita ella, solidaria, conteste que lo que necesita es “un nuevo hospital oncológico, porque ahora que yo tengo cama he visto desde aquí a mucha gente que no pudo conseguir un espacio a pesar de llegar del campo y de todo el país buscando atención para sus problemas”.


Cuenta, también, Domitila que es la tercera batalla que libra en la guerra contra el cáncer, pues éste ya se apoderó de su matriz y de un seno; no obstante ella sabe bien de batallas, una de las primeras la sorprendería en plena huelga minera, en junio de 1976, cuando dio a luz a un par de mellizos, sólo una sobrevivió.


Luego, en enero de 1978 se incorporaría al grupo de mujeres que llevaban adelante una huelga de hambre, junto a sus 14 hijos en el Arzobispado de la ciudad de La Paz. El dictador convocaría a elecciones el mismo 9 de julio de ese año, cediendo así a la presión –la última gota- ejercida por este círculo de warmis.


La historia no es más que un caleidoscopio de contradicciones, búsquedas (tanteos de vez en vez), tropezones o algunas afortunadas aleluyas por algún que otro lado, escrita en diversos idiomas, con distintos códigos, y variadas gramáticas. Los años también.


Y son, a veces, estas historias-testimonio, las que nos jalan las orejas para darnos cuenta de los años y de sus gramáticas; cómo fueron éstos escritos o, al menos, saber cómo es que no se los escribió.


Son varios y variados los esfuerzos empeñados por determinar qué nos dejó este año, quién fue el personaje del año, qué hecho lo marcó, qué recordaremos por un buen tiempo; en suma qué o quién resume este 2010.


Poco –es decir nada- se ha hablado acerca de qué no hicimos, qué faltó, qué fue aquello que no signará el 2010, que nunca recordaremos de este fin de la primera década del milenio.


El 2010 quedará, seguro, inscrito como el año en el que comenzamos a construir nuestro Estado Plurinacional, promulgamos nuestra actual Constitución Política del Estado, aprobamos la totalidad de las leyes orgánicas establecidas para su funcionamiento, nacieron algunas instituciones y otras, por ejemplo, cerraron sus puertas. En suma, comenzamos a ser aquello que soñamos ser.


Ello aunque algunos y algunas olvidaron quiénes fuimos. La Asamblea Legislativa, por ejemplo, fue firme candidata durante unas polémicas semanas al mérito horrocrático a la desmemoria, otorgando a las Fuerzas Armadas la medalla “Marcelo Quiroga Santa Cruz”; hasta que fue superada, ésta semana, por el compañero Presidente, cuando en un ejercicio de pragmatismo ahistórico afirmó que ya no existen documentos probatorios, archivos militares que pudieran existir o estar clasificados sobre la larga noche negra de nuestra historia democrática; constituyéndose en el vocero de la más grande mentira con la que empezamos la siguiente década. Ya pasó. Ya estuvo. Vuelta de página. C´est fini.


Nunca he sabido bien para qué sirven las navidades. Pero sé, con seguridad, para qué sirven los años nuevos: para reivindicarse, para mirarse.


¿Qué nos queda, entonces, por reivindicar? La radicalidad de la consigna: "Seamos serios. Sí hay documentos" compañero, Presidente.


¿Y al mirarnos? Recibir el 2011 abrazados de la memoria que, como a Domitila, debería invadirnos: “El pueblo siempre te recuerda. No es que te olvida, es sólo que no nos conoce a veces y eso no importa. El pueblo siempre está ahí y a mí nunca me ha faltado la solidaridad del pueblo donde sea. El pueblo siempre va a estar conmigo”.


Bien dejó inscrito Galeano, que “por insultar al ejército boliviano se la llevan presa. Un militar le escupe la cara, ella le escupe la cara y él le da una patada”, en “Memorias del Fuego”.


No hay duda, pues, sin memoria no hay fuego. Ni llama, ni hoguera, ni incendio, ni horizonte, ni futuro. Ni nada.

Vacas Sagradas

Vacas Sagradas

Sarelisa, las almas gemelas. Los cuentos compartidos. Ellas. Nosotras.

Arcángel

Arcángel

Habrá palabras para la nueva historia y es preciso encontrarlas antes de que sea tarde.

Ángel González

Histérica

Histérica

Los 4 siglos que duró la inquisición fueron llevadas a la hoguera 8 millones de personas, la mayoría mujeres. Lo que da un total de 55 personas ejecutadas diariamente durante sólo 400 años. Si la inquisición me hubiera juzgado sería por hereje, apóstata, materialista, libertina, sediciosa, cismática, blasfema, presbilesbiana, testícula de Jehová, antiperonista, rebelde, pertinaz, contumaz y puta.

Liliana Felipe

Memoria Vigilante

Memoria Vigilante

Y los ratones hicieron una alianza y la serpiente de cascabel le puso el cascabel al gato.

Jairo Aníbal Niño