martes, 13 de noviembre de 2012

Septiembre 25



Al caer la noche del 25 de septiembre de 2011, la red PAT mostraba las primeras imágenes de lo que sería, sin duda, la más brutal represión a un sector (nada menos que indígena) movilizado en la localidad de Chaparina.

La población que, siendo domingo por la noche, estaba mayoritariamente en casa compartiendo con la familia, quedaría impávida al presenciar los actos de brutalidad que -con cinta masking- se adhirieron a nuestra memoria colectivo-histórica ese domingo.

El conflicto por la carretera por el TIPNIS cargaba ya demasiadas contradicciones e incoherencias encima, pero de ninguna manera había alcanzado los niveles de irracionalidad y fuerza bruta que alcanzó esa tarde.

Antes de que el lunes cayera y después de cenar indignación, atiné a hacer dos llamadas, la primera a mi faro-guía y la segunda a un hermano de trinchera; ambos coincidían en que el fondo había sido tocado y que el daño hecho al proceso de cambio era irreversible.

Insomnio de por medio, al terminar esa misma noche del 25 ya sabíamos, sin coordinarlo, qué se debía hacer. No pensábamos hacer daño al Gobierno ni bulla mediática, la idea era dar una fuerte señal hacia adentro sin renunciar al proceso de cambio, sino por el contrario buscando ser consecuentes con él.

Y la dimos el 26 de septiembre, cuando decidimos dar un paso al costado. Durante un año entendimos que, lastimosamente, sólo eso fue lo que logramos: dar una señal, en ese momento.

Esta maravillosa y entrañable ilustración la hizo Abecor.

Ángel González, ese entrañable poeta español de la generación del 40, señala en sus Glosas a Heráclito que “Nada es lo mismo, nada permanece./ Menos la historia y la morcilla de mi tierra: se hacen las dos con sangre, se repiten”.

Y es que aquella triste costumbre de recordar anualmente nuestras fechas tristes con el sempiterno saldo negativo sobre la impunidad, y en batalla constante, desde la sociedad, por el no olvido de ciertos hechos históricos se nos ha vuelto una triste costumbre colectiva en el país, cuando no en Latinoamérica, cuando no en el mundo.

Al caer la noche del 25 de septiembre de 2012, la mayoría de los medios de comunicación del país mostraba las imágenes de la entrega de casas del Programa de Vivienda Social del Gobierno por parte de la Presidenta en ejercicio, Gabriela Montaño, en el Plan 3.000; lugar que -como señaló un periodista en Twitter- “hace sólo cuatro años era una de sus trincheras de resistencia”.

Sueño(s) de por medio, al terminar esa misma noche del 25 varios de nosotros ya vislumbrábamos caminos hacia adelante: opciones.

Antes de que el miércoles cayera y después de cenar esperanza atiné a chatear con una compañera y un compañero de trinchera con quienes comentamos el saludable y gran aporte simbólico que significaba el interinato de Montaño en la Presidencia del Estado Plurinacional, el aire que ello le daba a un ambiente sociopolítico mayoritariamente decepcionado en sus estructuras más profundas, a una sociedad desengañada.

Ciertamente se trata de dos contextos y momentos distintos. Dos coyunturas que no se relacionan ni afectan siquiera indirectamente. Pero ocurren en un mismo día, en un mismo espacio llamado Bolivia.

Y es que si bien la acumulación histórica es parte del deber de la memoria, la oportunidad a lo soñado y no renunciado también lo es. No por casualidad, señalaba el mismo González que “No es bueno repetir lo que está dicho./ Nada es lo mismo. / Habrá palabras nuevas para la nueva historia / y es preciso encontrarlas antes de que sea tarde”.

Quizás las nuevas palabras se encuentran en la noche más triste del proceso de cambio, leída desde una de sus semanas más esperanzadoras. Quizás, quién sabe.

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Esta nota fue publicada originalmente en el suplemento IDEAS del periódico Página Siete, el pasado domingo 30 de septiembre de 2012. En este link pueden acceder a la publicación original: http://bit.ly/SewDIN

lunes, 29 de octubre de 2012

Monitorear, regular, controlar, vigilar y castigar




Inmediatamente después de que nuestro Vicepresidente señalara que “el presidente Evo es objeto de insulto, maltrato y humillación; aquí tengo guardadito en el celular, cómo en las redes sociales, en el Facebook, en internet, lo insultan al Presidente”, las comunidades virtuales iniciaron una ola de bromas, montajes y frases burlándose de las declaraciones del segundo mandatario, por la desafortunada declaración, sí; pero sobre todo bajo conciencia de la imposibilidad de “controlar” esta red social.


¿Monitorear, regular, controlar, vigilar y castigar? Tantos términos, tan disímiles, con interpretaciones tan distintas y, sobre todo, con implicancias tan radicalmente diferentes para la democracia nuestra de cada día.


El dibujo es, como siempre, del gran Abecor.




Monitorear. Seguramente el Vicepresidente, así como los organismos estatales (a todo nivel) realizan un monitoreo al espacio público virtual y a los discursos sociopolíticos que se generan en dicho lugar.


Y ello ciertamente no sólo debería parecernos normal, sino desde un punto de vista de gestión informativa gubernamental deberíamos hasta celebrar, dado que son evidentes los enormes vacíos comprensivos que tiene el Gobierno en esta materia. El monitoreo, informativo en general y de redes sociales en particular, es una medida legítima que cualquier iniciativa comunicacional, hoy por hoy, debe tomar en cuenta, porque permite integrarse de forma más inteligente y estratégica en las tendencias de agenda mediática e informativa.


Regular. Así como ocurre con los medios de comunicación tradicionales, es imposible regular totalmente los contenidos que se vierten en las redes sociales y es un despropósito hacerlo sin pensar alternativamente en mecanismos de autorregulación, propios del tipo de medio y, en el caso de las redes sociales, propios de las comunidades que se forman en torno a los mismos. (Ojo, esto último va como desafío a nosotros/as, los/as usuarios/as).


De todas formas, cualesquiera fuera el caso, es preciso recordar que existen varios mecanismos de regulación para determinados contenidos que ya forman parte de un cuerpo normativo vigente. La característica de todas estas leyes es que, al menos, las aprobadas recientemente, han dejado abierta la puerta para definir los mecanismos de aplicabilidad en varios temas, pero sobre todo en redes sociales, en sus reglamentos.


Controlar. Basado en el amedrentamiento simbólico o de hecho, controlar implica romper -a partir de un monitoreo dirigido- todo principio democrático informativo y comunicacional, garantizado en los artículos 106 y 107 de la CPE.


La manera en que se materializa este control puede, ciertamente, devenir en censura y está relacionado, en el caso de las redes sociales, directamente con el acceso a la red internet y no así con los contenidos.


Vigilar y castigar. Así junto. Y sí, en clave foucaultiana. Vigilar y castigar, sabemos, consiste en la vieja (y no por ello carente de vigencia) metáfora que ampliamente teorizó el filósofo y sociólogo francés Michel Foucault, cuya mayor (y peor) materialización se encontraba en el panóptico, esa materialidad estructurada idealmente para la vigilancia como forma de ejercicio y reproducción del poder.


Pongo a disposición todos estos términos por la plétora de opiniones que ha desatado el Vicepresidente con sus declaraciones y por la cantidad de gritos al cielo que he alcanzado a escuchar/leer sobre ello. El hecho no es menor, claro que no, pero ¿llegamos hasta el último término como varios señalan? yo creo que tampoco. ¿Y usted?

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Columna publicada originalmente en el suplemento IDEAS de Página Siete, del pasado domingo 28 de octubre de 2012. Pueden ver el original en el siguiente link: http://ow.ly/eRE0l

lunes, 17 de septiembre de 2012

Réquiem por un tejido de género

No soy una especialista en temas de género, es más, ni siquiera me considero una feminista en el estricto sentido teórico-categórico de la palabra.

Soy más bien una curiosa sobre el tema, una convencida de que la construcción del nuevo sujeto político que devendrá durante o después de la construcción del Estado Plurinacional (producto de sus aciertos y errores) vendrá en clave de género/generación.

Me declaro pues una mujer en uso y ejercicio del espacio público. Y es, desde esa posición, y desde ese lugar, desde donde quiero lanzar algunas preguntas/interpelaciones para la deliberación democrática sobre esta temática, en este tiempo.

Entre el año 2000 y el año 2006, la irrupción de los movimientos sociales en la esfera pública determinó la constitución de un nuevo sujeto político indígena-campesino que, posteriormente, fue quien -agendas sectoriales de por medio- logró construir una nueva estructura estatal que, con base en la descolonización, buscó incluir a sectores postergados y excluidos en la compleja estructura estatal, mediante la redacción de la actual Constitución Política del Estado Plurinacional.

Si bien las mujeres estuvieron presentes durante el resurgimiento de los movimientos sociales, la época preelectoral, el ascenso al poder, el proceso constituyente y, actualmente, el proceso de construcción plurinacional, se observa -de todas las vertientes feministas- su participación no protagónica y, sobre todo, subyugada a las estructuras patriarcales de las organizaciones y dinámicas políticas, sobre todo (pero no exclusivamente) del partido gobernante.

Los inolvidables matices simbólicos en estos años de lo que conocemos como el proceso de cambio han venido de la mano de mandos de poder bajos, medios e intermedios; terminando en las acciones de hecho de un alcalde y varias declaraciones de nuestro Presidente.

Rosalva Hernández, una experta en la escuela de los feminismos de la diversidad en América Latina, ha afirmado que lo que pasa actualmente en Bolivia no deja de ser un caso interesante que ha tenido su propio proceso interno y ha devenido en “una tensión en la que las mujeres indígenas sienten muchas veces que las mujeres feministas no las están escuchando en su agenda, y las mujeres feministas sienten que el movimiento indígena sólo está considerando a las mujeres indígenas y no las está considerando a ellas”.

Y es que el saldo en este momento es ése: no hay una cohesión entre las diversidades del pensamiento feminista en Bolivia. Y la causante pareciera ser -en eso hay alguna coincidencia- la ausencia de la matriz transversal despatriarcalizadora al momento de pensar en la construcción de una nueva estructura descolonizadora.

Más aún: no sólo la estructura sino -y sobre todo- las prácticas patriarcales en la sociedad, la cultura y, cómo no, la política nuestra de cada día.

Si bien las diversas corrientes feministas de hoy se han adscrito a la teoría crítica, que entiende que las formas de dominación son múltiples, al momento de reflexionar/transformar y proponer formas y agentes de resistencia, este debate vuelve a perder unidad e impulso en el terreno de la pugna política; sea desde el feminismo de vertiente urbano-institucional, anárquica o el feminismo comunitario.

En tiempos del Estado Plurinacional diverso es vital visibilizar este debate y hacerlo encuentro, no sólo porque nos hace a todas y todos, sino porque el cumplimiento de las utopías feministas se juega en ello. Se trata de poner a dialogar todos los enfoques, los bagajes teóricos, metodológicos y experienciales de cada mujer en el Estado y hacer con ellos lo que las mujeres hemos hecho históricamente con las diferencias: entrecruzarlas, trenzarlas, hilarlas: tejerlas.

(Publicada originalmente en el suplemento IDEAS de Página Siete, el pasado domingo 16 de septiembre de 2012, pueden verlo en el siguiente link:  http://bit.ly/Rl4YzR)

La democracia: sus espejos

El libro que publicó Eduardo Galeano sobre breves relatos de la historia universal hace unos años llevaba el nombre de Espejos. Una historia casi universal. La idea la había extraído de un canto indígena de Dakota del Sur, que rezaba (mientras se preguntaba): “Los espejos están llenos de gente. Los invisibles nos ven. Los olvidados nos recuerdan. Cuando nos vemos, los vemos. Cuando nos vamos, ¿se van?”.

Sucede, pues, que los espejos, como la historia, nos hacen. Y algo parecido pasa con la democracia nuestra de cada día, que se hace con/en la historia y, por ello, tiene sus propios espejos. Espejos que dosificadamente habitan nuestros días/nuestras vidas y que, ocasionalmente, irrumpen abrumadoramente a recordarnos su presencia que, por doquier que uno/a vaya, reflejan la reminiscencia de los años-hechos pasados, a veces con entrañables guiños, otras con rabiosos rencores y las menos con silencios cómplices. 



Espejo en La Moneda: “Trabajadores de mi patria: Tengo fe en Chile y su destino. Superarán otros hombres este momento gris y amargo, donde la traición, pretende imponerse. Sigan ustedes, sabiendo, que mucho más temprano que tarde, de nuevo, abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre, para construir una sociedad mejor.” Así se despedía Salvador Allende del pueblo chileno un 11 de septiembre, hace 39 años.

Si bien el golpe de Estado militar que sufrió el vecino país (y que le depararía una larga noche militar de 17 años) es uno de los eventos con mayor ancla en nuestra historia latinoamericana, es preciso recordar uno de los episodios que probablemente es poco conocido/recordado en el país sobre el golpe de Estado de 1973 en Chile, aquél que tuvo lugar en Santiago el 10 de septiembre del mismo año, cuando Allende tendría conocimiento de las intenciones golpistas de un grupo de las Fuerzas Armadas de Chile, tras la advertencia de sus ministros de Interior y de Defensa.

No obstante, la errónea información sobre la fecha de la traición militar indicaba que aquélla tendría lugar el 14 de septiembre. Con ese dato, Chicho (como le decimos quienes lo entrañamos) encontraría una salida para mantener resguardada la democracia; había tomado la decisión de convocar a un plebiscito en el que —lo sabía la Unidad Popular y lo sabía Allende— perderían el gobierno, pero podrían salvaguardar el proceso democrático. Para la historia, los planes golpistas indicaban otra ruta que además se aceleraría con la transformación de un histérico Augusto Pinochet durante el golpe en pleno: Allende, el primer presidente socialista elegido democráticamente de la región, vería truncada su oportunidad de resguardar el sistema democrático, moriría en La Moneda al día siguiente de tomar esta decisión. 

Se trataba de la democracia representativa buscando respirar en el continente.



Espejo en el Porvenir: “Vuélvanse por donde vinieron. Están viniendo de Puerto Rico tres volquetadas con gente y va a ser peor. Vuélvanse antes de que pase a mayores. (…) Si no hubiera esta zanja ustedes estarían correteados por todo este monte y eso se los aseguro. Vuélvanse por donde vinieron, si no deciden volverse vamos a tomar otras medidas”. Según el libro La mañana después de la guerra, del periodista Boris Miranda, así amenazó Ricardo Shimokawa, líder del Comité Cívico de Pando, a la columna campesina que buscaba llegar a Pando el 11 de septiembre del año 2008 y que fue interceptada cerca de Porvenir por una zanja cavada por funcionarios de la entonces Prefectura pandina. Aunque hasta la fecha no se han esclarecido estos hechos, se sabe que los campesinos acudían a Pando a un congreso extraordinario que tenía como fin salvaguardar el proceso agrario que el primer gobierno de Evo Morales había llevado a cabo exitosamente desde el año 2006. Los hechos que sucederían el enfrentamiento verbal en esa zanja serían conocidos hasta ahora como “la masacre del Porvenir” (la cual recordamos tras cuatro años sin que estén totalmente esclarecidos los hechos) y con ellos se iniciaría la caída del bloque cívico-prefectural que, en franca oposición al texto constitucional, habían iniciado una ofensiva contra el Gobierno y el Estado a través de la toma violenta de instituciones sobre todo en los escenarios departamentales de la región del oriente. Corrían tiempos de pugna por la Constitución, tiempos de transición paradigmática en el proceso constituyente.

Se trataba de la democracia intercultural tratando de nacer. 



Espejo en El Alto: “Lo importante es decir que yo no niego que es una crisis grave porque es una subversión y un levantamiento del narcosindicalismo contra el sistema democrático contra la unidad del país, por eso yo no voy a renunciar. Yo no puedo renunciar porque significaría el fin de la democracia y probablemente la desintegración del país”, señalaba Gonzalo Sánchez de Lozada en una entrevista al periodista mexicano Carlos Loret de Mora, el 16 de octubre de aquel 2003.

En la actualidad son tres las observaciones que Estados Unidos ha interpuesto a las 60 razones que permanecen en la memoria de todo un país para justificar la no extradición al país de Sánchez de Lozada y Carlos Sánchez Berzaín. A puertas de recordar un octubre más (el noveno bajo el manto de la impunidad), hemos recibido un golpe de memoria tras escuchar las funestas declaraciones de Sánchez Berzaín, quien desde Estados Unidos no titubeó en señalar que fueron otros actores y por otras razones los que rompieron con la democracia aquel octubre de 2003.

Corrían tiempos en que la democracia buscaba ampliarse, donde el pueblo boliviano buscaba ejercer su derecho a ser consultado sobre las decisiones estatales. A Sánchez de Lozada se le había señalado el camino a la salida por la pugna gasífera y se llamaba referéndum, mas ese gobierno optó por las armas y a nombre de Estado de derecho abrió fuego en nuestra hermana ciudad de El Alto. 

Se trataba de la democracia directa y participativa luchando por existir.

¿Cómo y hasta dónde somos capaces de reflejarnos/mirarnos? Más importante aún, ¿de no hacerlo sólo cuando los espejos se nos ponen al frente mientras el resto del tiempo siguen pegándonos abajo? Ah, son los espejos que persiguen y persisten en reflejar nuestra historia y nuestra memoria. Es nuestra democracia, que se mira a sí misma… y que insiste.

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 Los espejos son y hacen historia. La anterior semana tenía todos los sentimientos/pensamientos encontrados por las fechas históricas que abrumaron y quería decir todo pero no podía decir nada, un artesano me recordó un espejo que recojo en esta columna y me hizo entender que todos conforman nuestra caleidoscópica realidad cuando se miran mutuamente.

Y así nació esta colaboración que salió publicada el día de ayer (16/09/12) en el periódico La Razón (acá el enlace original: http://bit.ly/O9gdAs)

lunes, 10 de septiembre de 2012

Eco de un concierto


Desde que Lila Downs sacará su último disco “Milagros y Pecados”, su afición por las nuevas tecnologías de información y comunicación la harían posicionar entre sus seguidores y seguidoras los #MartesDeMilagro (así con hashtag y guiño tuitero). Y es que sucede que los martes, de forma general, no son “días inteligentes y no se sabe ir más allá”. Pero este último martes fue, sin duda, un martes milagroso; y lo fue la mano de un excepcional cancionista uruguayo (no condice con el término cantautor) que supo, con maestría, transformar un martes cualquiera en una eternidad musical. Y no exagero, lo que Jorge Drexler, sembró el pasado martes en el cine-teatro 16 de julio (y el miércoles en Santa Cruz, seguro) cuenta como primera e íntima vez de la llegada de este yorugua, que se nos queda para toda la vida.

De terno, acompañado en principio de dos músicos, inicia –sin anestesia previa- con Hermana Duda, para continuar luego con Polvo de Estrellas y Mundo Abismal (el nombre de la gira con la que llega hasta Bolivia). Con Eco y Noctiluca llegarían las primeras historias: Drexler rememora Cabo Polonio, ese incógnito lugar en Uruguay donde la luz de un faro ilumina las noches y él reconoce pequeñas luces que, tiempo después, lo llevarían a entender/entrañar el nacimiento de Luca: su hijo. Momento paternal, intenso y brillante. Inoportuna, vendría tras el pedido de alguien del público que, sin sonrojarse, manifestó su amor al yorugua, quien tras escuchar la declaración señala –acostumbrado al vértigo femenino- “gracias por ello en esta época tan desenamorada” y la conmina a pedir una canción desde la bandeja alta del público.

Fusión la pediría un músico del público que supo responder a Drexler cuando preguntó si alguien quería pedir alguna canción que comenzará en Sexta en Re. Complicidad exclusiva para músicos y músicas. Posteriormente Drexler comenta que grabó esta encomiable canción de RadioHead hace mucho tiempo, e inicia los acordes de High and Dry.

Irrumpiría, luego, una entrañable historia en algún lugar de Madrid cuando fue el mísmismo Sabina quien le enseñó a Drexler lo que son las décimas, transfiriéndole seguramente la más íntima y querida forma vérsica que conoce y utiliza actualmente el cancionista, utilizada por primera vez en la Milonga del Moro Judío, canción que inauguraría el momento acústico, privado e introspectivo para él y todos y todas en el concierto. Ese momento se completó con la Milonga paraguaya y fue coronado con Soledad y sus acordes convocando al corazón de “quienes nunca supimos bien cómo estar solos”. Momento cómplice para el almita.

Apelando al coro unísono de quienes nos encontrábamos en el concierto retoma la línea narrativa del concierto con Mi guitarra y vos donde empieza a ejercitar su suprema afinación para iniciar el juego con el público. Preguntas y respuestas: ecos. Luego vendría Aquellos Tiempos, precedido por instrumentos electrónicos (entre ellos el theremin) que convidan futuro, mientras las letras batallan por el deber de la memoria, visitando incluso Mayo del 68.

Deseo llegaría de la mano de un proyecto de grabaciones urbanas que Drexler y sus músicos-sonidistas habrían grabado en varias ciudades, él se encarga de explicarnos y mostrarnos cada una antes de iniciar la famosa canción. Primero conoceríamos a un predicador callejero de alguna iglesia en México señalando aquello que no se debía desear en la vida (menos mal que no tiene éxito, señala Drexler). Luego conoceríamos un ingenioso vendedor de ese tradicional dulce limeño que se oferta al ritmo cantado de “revolución caliente, para enchinar los dientes”. Y, finalmente, la grabación urbana de la banda estudiantil del colegio Don Bosco (sí, como lee, del Don Bosco).

Todas y cada una de ellas tomando turno para acompañar Deseo que no sólo sería acompañado por las grabaciones sino por los ojos de Drexler (mire donde mire, te veo), el magnífico uso del efecto de delay paneado que utiliza en varias de sus canciones y los coros de los y las paceñas (sobre todo las paceñas).

Seguiría Disneylandia y Transporte para luego sorprendernos con la canción que lo llevó a ganar el Oscar aquel 2005, en esa espléndida película Diarios de Motocicleta sobre el Che Guevara: Al otro lado del río, la versión iría a capella, íntimamente, con nosotros/as, bajo el cielo paceño. Terminaría el concierto con Sea, embrujando nuestra parte del aire para que acá también “sea lo que sea”.

Después de todo el bochinche que armamos en el teatro no le quedaba otra que volver una vez más y lo hizo, de la forma más majestuosa: con su historia personal con Bolivia en una mano y una copa de vino blanco en la otra. En 1939, varios migrantes escapan de la Alemania nazi y todas las embajadas latinoamericanas (relata el cancionista) estaban cerradas, excepto la boliviana, a donde llegaría el abuelo de él que aún (nos cuenta) sigue enterrado en Oruro. Con esa honestidad que te dan las vivencias personales, nos regala un Salvapantallas, para luego seguir (parados y bailando) con Todo se transforma, La trama y el desenlace y Las transeúntes.

Quizás podía detenerme en detalles más técnicos sobre el concierto. Pero sucede que este es uno de esos en los que nada brilla por sí sólo, sino por el conjunto. Ese todo maravilloso y entrañable que nos regaló Jorge Drexler y que, como nos dirá su eco, eco, eco constantemente “continuará derivando latente en el éter, eternamente”. 
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Publicado originalmente en el Suplemento IDEAS del periódico Página Siete, en la página 15 de la edición del 09/09/2012 (http://bit.ly/Rzr9HM)

martes, 4 de septiembre de 2012

Levedad/Densidad


 

Tanto lío por el tantalio. Y sí. Sucede que esta última semana hemos asistido a un nuevo episodio del chenko discursivo del cual hemos sido espectadores/actores todos y todas (en mayor y menor medida) últimamente. Ya lo había advertido anteriormente, cuando hablaba de lo que dicen los silencios callando. Valga, entonces, afirmar que también el ruido deviene silencio y ello, claro, también dice mucho.

En medio del litigio gubernamental-mediático por el radiactivo y reciente affaire del supuesto uranio (en realidad mineral) encontrado en la zona de Sopocachi de la ciudad de La Paz, cabe preguntarnos ¿quién y cómo se garantiza la amplia gama de derechos comunicacionales establecidos constitucionalmente en el país?


Sobre todo si quienes con sus acciones hacen Estado, atentan –discursos apresurados e irresponsables de por medio- contra los mismos, generando un ámbito de incertidumbre, desinformación y conjeturas en los ámbitos local, nacional e internacional, que –lógico- los medios se apresuran a reproducir.

¿Quién y cómo los garantiza? Cuando los medios de comunicación campean impunidad-irresponsabilidad por la publicación/difusión de desinformaciones o tergiversaciones en su devenir histórico. O, peor aun, cuando en la inexistencia de ellas son cuestionadas/procesadas por el poder político, como ocurre actualmente.

O, mejor, quién y cómo protege nuestros derechos comunicacionales de nosotros/as mismos/as cuando al solo rumor de una información no dudamos en creernos especialistas en cualquier materia para convertirnos en ocasionales opinólogos/as o, más allá, emitimos juicios de valor sobre hechos o personas sin tener siquiera un poco de información sobre ellos o ellas. Todo esto amplificado hoy por las nuevas tecnologías de información y comunicación, concretamente las redes sociales.

Ah, nuestros derechos comunicacionales, librados a su suerte en el espacio público nuestro de cada día. En manos y responsabilidad nuestra. Sin censuras y sin medidas. Con las palabras de todos y todas, con los excesos de todos y todas. Impidiendo el silencio reflexivo de la sensatez y apelando/alimentando el ruido de la irresponsabilidad.

Estallido de signos. Explosión semiótica. Se dice tanto de nada. Ruido y más ruido. El espacio público está tan lleno de desechos semióticos que la levedad de los discursos deviene en silencio. Ergo, el espacio público pierde densidad. Y la constitución de lo político se imposibilita. No se camina y (peor aun) se desanda lo andado.

Jacques Rancierè afirma que las únicas victorias políticas posibles son aquellas en las que logra constituirse un sujeto político; y esta constitución está sujeta al uso de la palabra: a la densidad del discurso que va materializando realidades (y también viceversa). Construcción del Estado Plurinacional de por medio, toca preguntarnos/preocuparnos al pensar que el (ab)uso de la palabra deviene no sólo en un desgaste de discurso sino en un proceso de desubjetivación de los sujetos históricos que nos marcan el horizonte en este proceso histórico-constructivo.


El silencio de las ideas y de los medios para su difusión (aquella noche dictatorial que vivimos) se sabe, no es bueno para ninguna democracia. Pero tampoco lo es el ruido de juicios, acusaciones y desinformación en el que nos encontramos. Ya lo sentenciaba Joaquín Sabina: “ruido mentiroso / ruido entrometido / ruido escandaloso / silencioso ruido”.

Hasta acá llego por razones de espacio. Que no se piense que es flojera porque ciertamente no me considero una persona floja para las letras. Aunque a esta altura, lo dijo el Aprendiz de Brujo y lo ejerce el Gobierno, “no es lo mismo pero es igual”. ____________________________________________________________________

Publicado originalmente en el Suplemento IDEAS de Página Siete, el domingo 2 de septiembre de 2012, pueden leerla en el siguiente link: http://bit.ly/Ti7ZoJ

lunes, 20 de agosto de 2012

(Re)presentaciones Censales

Son varios los debates de tipo teórico–técnico–político acerca de la pertinencia de la inclusión de la categoría de autoidentificación (cultural dicen algunos, racial los otros) en la boleta censal.

Varias también han sido las propuestas de que este indicador sea reglamentado como un instrumento para la “generación de normativa y políticas públicas”; pero, a saber, tampoco se ha profundizado más en este asunto. Y es que, sin ir muy lejos, lo que en el fondo se está polemizando es un asunto de representación en el plano simbólico.

En términos epistemológicos, representar significa “presentar de nuevo”; estamos hablando de una función en la que se hace presente algo o alguien que no estaba presente y ahora sí lo está.

Ya en el plano teórico, la representación -según autores como Manin, Sartori y Del Rey Morató- se presenta de tres formas: a) como mandato o delegación, b) como semejanza o similitud y c) como responsabilidad. Todo el debate que estamos presenciando se encontraría en la opción b.

¿Y la representación como mandato y delegación? No podemos pues olvidar en el debate censal que es la Ley de Régimen Electoral la que precisamente recoge este principio y que, además, está sujeta a una nueva redistribución de escaños (uninominales y de circunscripciones especiales) en base a un nuevo censo poblacional (artículo 56, párrafo II y artículo 57, párrafo III).

Una de las opciones que ha tomado fuerza los últimos días en torno a esta temática ha sido la de trasladar la consigna “Todos somos TIPNIS” a la práctica, lo que consistiría en que todos/as aquellos/as que se consideren mestizos/as se “autoidentifiquen” como yuracaré, moxeño, tsimán u otro pueblo indígena originario campesino que habite en el TIPNIS.

En términos reales, de lo que estaríamos hablando sería de una postura política (relacionada con un ámbito étnico-cultural) muy parecida a la consigna “nulo” por la que votó una mayoría nacional en las pasadas elecciones judiciales de 2011.

Y si esta campaña llegara a tener éxito -a pesar de la dispersión de opciones que se presentan-, esto tendría un efecto aún imprevisto en la nueva distribución de escaños especiales indígenas; esto partiendo del hecho de que se establecen a partir del principio de representatividad de las minorías; es decir, su objetivo consiste en garantizar escaños para minorías indígenas dentro de cada departamento.

Si, hipotéticamente, “infláramos” este dato a favor (o en desmedro, como resultado final) de uno u otro pueblo indígena originario, no solamente estaríamos distorsionando un dato de la realidad sino que -se pueden hacer varios ejercicios al respecto- podríamos incluso reducir la posibilidad de acceso al curul especial indígena de algunos pueblos indígena originario campesinos en determinados departamentos, si es que se llegaran a constituir en mayorías en espacios rurales. Todas son posibilidades, hipotéticas. Pero todas deben (pre)ocuparnos.

¿Hay (sub)representaciones? ¿simbólicas? ¿de mandato? Ése es un tema para la discusión. Lo que sí es seguro es que aquellos que se identificarían como indígenas en la boleta censal, en noviembre, con las opciones establecidas actualmente tienen siete representantes nacionales. El resto, nosotros mestizos/as-bolivianos/as, tenemos 123. Es un dato para pensar.

La idea es que, lejos de trasladar la cuestión del censo 2012 a un campo politizado, tratemos de pensarla como herramienta que, desde ya, varias leyes y todas las políticas públicas requieren realmente para adecuarse a las necesidades actuales del Estado Plurinacional.

Es difícil, seguro; pero necesario. También es urgente medir las consecuencias de nuestros discursos/posiciones. ¿O estaremos realmente cerca de “politizar la sensatez” (Andreu Vaca, dixit)? Voy a creer, por ahora, que ella está aún en nuestras manos y no de la política. 
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Nota publicada originalmente en el Suplemento IDEAS de Página Siete, el pasado domingo 19 de agosto de 2012, puede ver la publicación original en el siguiente link: http://bit.ly/NcNzhe

Vacas Sagradas

Vacas Sagradas

Sarelisa, las almas gemelas. Los cuentos compartidos. Ellas. Nosotras.

Arcángel

Arcángel

Habrá palabras para la nueva historia y es preciso encontrarlas antes de que sea tarde.

Ángel González

Histérica

Histérica

Los 4 siglos que duró la inquisición fueron llevadas a la hoguera 8 millones de personas, la mayoría mujeres. Lo que da un total de 55 personas ejecutadas diariamente durante sólo 400 años. Si la inquisición me hubiera juzgado sería por hereje, apóstata, materialista, libertina, sediciosa, cismática, blasfema, presbilesbiana, testícula de Jehová, antiperonista, rebelde, pertinaz, contumaz y puta.

Liliana Felipe

Memoria Vigilante

Memoria Vigilante

Y los ratones hicieron una alianza y la serpiente de cascabel le puso el cascabel al gato.

Jairo Aníbal Niño