Hace poco menos de
un año aplaudía, en este espacio, la acertada decisión de la Asamblea
Legislativa Plurinacional de elegir a dos mujeres como cabezas de ambas
cámaras para que condujeran el camino de este Órgano del Estado a lo
largo de este año legislativo que está cerca de concluir.
Si bien lo hacía, en cierta forma, por sus cualidades de género y
generacionales y por lo que ello implica en el plano simbólico -ahí
donde se crean nuevos lenguajes y nuevas gramáticas que amplían y
complejizan el espacio discursivo- también lo hacía esperanzada en que
el Gobierno y el partido oficialista habían escuchado las
interpelaciones y reflexiones que había sembrado el, hasta ahora, año
más triste del proceso de cambio: aquel 2011.
Pensaba entonces y confirmo ahora que, Gabriela y Rebeca representan
sin duda, algunas de las características más nobles y más ricas de este
proceso. Y cuando digo representan, quiero anclarme en la palabra, es
decir, alcanzar todos los múltiples imaginarios que esa palabra como
cuerpo simbólico alcanza en la mente de cada uno/a y en nuestra memoria
colectiva, en la diversidad de resonancias que tiene para varios/as
bolivianos/as.
Digo representan pensando, por ejemplo, en que simbolizan a ese
sector de la clase media que ha entendido que la inclusión de los
sectores excluidos implica renuncias de privilegios clasistas. Digo
representan pensando en que encarnan los más dialógicos puentes entre
las compañeras del campo y las de la ciudad. Digo re-presentan pensando
en que vuelven a presentar a la posibilidad de deliberación como valor
y principio democrático (no es casualidad que hasta la oposición haya
reconocido su trabajo en busca del consenso). Digo representan pensando
en que muchos y muchas nos sentimos así: presentes a través de ellas.

La imagen es, como siempre, del gran Abecor.
Si bien el año legislativo que concluye en las próximas semanas ha
sido un año con menor grado de cumplimiento de agenda legislativa que
los anteriores, en términos de cantidad, es justo también reconocer que
buena parte de esta gestión legislativa, la Asamblea ha sido el lugar
donde varios conflictos, incluso que competían al Ejecutivo,
encontraron solución.
Si bien es cierto que, como señala el Presidente, en gestiones
anteriores, los problemas de coordinación entre el Poder Ejecutivo y el
Poder Legislativo pasaron inadvertidos del espacio público mediático;
en ésta específicamente permitieron mostrar la cualidad institucional y
democrática del mismo, cuando éste confió en el Tribunal
Constitucional Plurinacional para la solución de divergencias internas,
absolutamente legítimas y válidas.
Quizás hay esferas dentro del Gobierno que no lo noten, pero las
muestras de divergencias internas son sanas, posibilitan soluciones
creativas, generan dinámicas democráticas, son base y pulmón de la
deliberación. Por lo tanto, enaltecen a la Asamblea, a nuestros/as
representantes, nuestra cultura y espíritu democrático y, a la vez, al
mismo Gobierno.
Quizás haya sectores del partido de Gobierno que aún lo resistan,
pero el reconocimiento de la oposición al trabajo de las directivas es
importante; es necesario que reconstruyamos el pluralismo político y el
lugar es la Asamblea.
Finalmente, quizás haya grupos o personas que no lo entiendan, pero
el simbolismo es significativo; pues funda y encarna futuro cuando la
apuesta se la hace de manera efectiva y con resultados.
Como venga la mano los próximos días, Gabriela y Rebeca pasarán a la
historia como dos mujeres que se queman. Ya sentenciaba pues, el poeta
Jorge Fuentes, que “La sociedad está dividida / en tres grandes clases:
Los explotadores. / Los que se queman. / Los que prefieren no
quemarse.”
_________________________________________________________________La nota fue publicada originalmente el pasado 06 de enero de 2013, en el suplemento IDEAS de Página Siete, pueden consultarlo en este link: http://bit.ly/VC8WrH







