En la novela El país de las mujeres,
la gran Gioconda Belli narra las razones por las que se funda el
Partido de la Izquierda Erótica (PIE), que luego asciende al poder para
ocuparse de defender los derechos de las mujeres tomando, en la obra,
decisiones bastante drásticas, como dejar a los violadores enjaulados y
expuestos para que sean humillados públicamente.
Ante la
enorme crisis que se describe en la obra, los protagonistas encuentran
que la toma absoluta del poder es el único mecanismo de lucha para
acabar con los abusos al género femenino.
Es lindo poder
introducir una idea a partir de literatura o la fantasía, porque
siempre es reconfortante soñar. Es preocupante, eso sí, encontrar
soluciones para problemáticas reales en la escritura fantástica, porque
eso quiere decir que estamos leguas más allá del límite permitido para
ciertos hechos que (des)hacen a la sociedad nuestra de cada día.
Es
cierto, también, que mucho se ha (mal) utilizado ya el título de la
famosa novela de García Márquez (en todas sus variantes) para nombrar
ensayos, historias, poemas, ¡hasta tuits!; pero es aberrante saber que,
sin variantes ni reparos de ningún tipo, lo que Hanalí Huaycho sufrió
ha sido una “muerte anunciada”, capítulo por capítulo.
Suena
absurdo, pero no es alejado de la verdad señalar que cada uno de
nosotros fue personaje de alguno de los capítulos de la trama que pasó
la joven periodista asesinada; por acción u omisión, como prefiera. Por
eso nos duele, por eso nos involucra tanto a todos.
La
muerte de Hanalí ha servido para destapar varios secretos a voces que
todos conocemos, desde que tenemos uso de razón, sobre nuestra cultura y
sociedad.
Todos de alguna forma han tratado de
movilizarse estos días para aportar con su granito de arena a la causa,
sumar al repudio, coadyuvar a la investigación, difundir la denuncia,
participar de la marcha, proponer políticas públicas, acciones de hecho
o legislación sobre el tema. Y todo ello es valioso y suma, siempre y
cuando sea practicado sostenida y cotidianamente.
Como
todos, he presenciado estos días varias manifestaciones de nuevos
militantes de las causas femeninas, pero debo rescatar a un par de
mujeres que se han atrevido, como homenaje a Hanalí, a contar sus
historias de maltrato a la sociedad, como ejercicio de valentía, como
cambio de actitud real.
Y yo sé que lo hemos repetido
durante todo el pasado miércoles. Todos y todas nos hemos encargado de
alzar consignas y manifestar posturas concretas, por ello esta nota no
es ninguna novedad. Pero sí es una invitación a cambiar actitudes hoy
mismo, mañana, pasado, cualquier día; desde todos los flancos.

Una
movilización social/política/mediática constante es lo que necesitamos
si queremos cambiar las más profundas raíces de nuestra cultura
patriarcalista, machista y colonizadora.
Y, toca decirlo,
no una movilización política cuando se trata de violencia política. Ni
un alto desplazamiento mediático, cuando se trata de alguien del rubro
comunicacional. Porque ahí empezamos a darle más valor a la vida de una
frente a la de otra. Ahí empezamos nosotros mismos a reivindicarnos.
Como
lo hace, con honestidad, la misma Belli reivindicando el carácter
femenino innato que nos hace amar a todas nosotras y sentencia, en pleno
ejercicio femenino: “a todos amo con un amor de mujer, de madre, de
hermana, con un amor que es más grande que yo toda, que me supera y me
envuelve como un océano donde todo el misterio se resuelve en espuma”.
Y
sí, es que así amamos las mujeres. No lo olviden, varones, miren lo
que nos están devolviendo. Y, sobre todo, no olviden esa forma de amar,
mujeres, especialmente cuando enfrentemos el espejo.
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Esta
nota fue publicada originalmente el pasado domingo 17 de febrero en el
suplemento IDEAS del periódico Página Siete. Pueden ver la nota original
en este link: http://bit.ly/XMEkmm







