lunes, 8 de abril de 2013

Apuntes (urgentes) sobre democracia y comunicación


Democracia y comunicación. Comunicación y democracia. ¿De qué forma se define esta relación entre un sistema político y un campo de estudio? ¿Cómo se generan los vínculos y conexiones entre estos dos campos temáticos? ¿Cuáles son los elementos concretos teóricos, técnicos y operativos que permiten que esta relación se constituya en acciones de hecho? ¿Cuántas características son apropiadas por uno o el otro, para consolidar y fortalecer los principios inherentes a la democracia o a la comunicación? ¿En cuántos y cuáles espacios se encuentran para alimentarse/pensarse mutuamente?


Tanto quienes piensan a la democracia como quienes piensan a la comunicación se han hecho varias veces éstas y más preguntas, ya sea desde las acciones y/o estrategias públicas como desde la academia. Si bien, en el país, este debate tiene varios años pero pocos impulsores, ha podido sobrevivir en el tiempo y, con mayor o menor visibilidad, postular nuevas preguntas y generar nuevos debates acordes a este tiempo de reinvención estatal, en el marco de la democracia intercultural. Al parecer, y en ese afán, el Órgano Electoral Plurinacional ha promovido acertadamente la publicación de Democracia y comunicación, obra del —sin duda— más (re)conocido comunicador del país hacia el mundo y por varias generaciones, Luis Ramiro Beltrán. Es un libro imprescindible que repasa a lo largo de 300 páginas, y mediante la recuperación de valiosos textos, la obra de toda una vida sobre esta temática.

En la primera parte Adiós a Aristóteles: la comunicación horizontal, recupera para las generaciones venideras uno de los más profundos y completos recorridos por las corrientes teóricas que han postulado diversos modelos de comunicación. Escrito en 1979, el texto es una base fundamental para comprender la evolución de la discusión teórica sobre comunicación, con especial énfasis en el rol de Latinoamérica en ella y las propuestas, entonces revolucionarias, para democratizar la comunicación en y desde el continente, estableciendo entonces los primeros guiños para avanzar hacia una comunicación democrática.

La segunda y tercera partes, La comunicación política y las transiciones democráticas en el país y Medios de comunicación, elecciones y democracia, recogen un par de discursos brindados por el autor en 2002, en su desempeño como Presidente de la entonces Corte Nacional Electoral. A pesar de no tratarse de documentos académicos sino discursivos, en ellos pueden identificarse importantes claves sobre las funciones y los formatos a través de los cuales la comunicación se constituye como una actora más durante los procesos electorales, transitando así desde su función informativa-opinativa que compone el complejo comunicativo,  hasta su función de marketing político.

La cuarta parte, Marco teórico de las políticas de comunicación del Estado, está constituida por un texto fundamental relacionado con un tema de similar importancia y, sobre todo, constantemente ausente en nuestro país en lo que refiere a la comunicación en el marco del Estado. Se trata, pues, de un recorrido teórico, altamente didáctico y pleno de ejemplos, sobre las políticas comunicacionales y su breve historia en Bolivia.

                                    La foto fue extraída de www.oep.org.bo


En la quinta parte, Información y propaganda: Decir sin engañar, guiar sin imponer, otro texto recuperado permite establecer una distancia entre la información y la propaganda, estableciendo con puntualidad las funciones propias de la información y, a la vez, sus permanentes desafíos.

A través de la sexta parte, La comunicación: Trama de la sociedad y savia de la cultura, y de la séptima, Los méritos de la comunicación en Bolivia, es que el autor logró sintetizar en su momento (y ahora podemos repasar estas reflexiones) los ejemplos más fundantes en América Latina en referencia a la construcción de una comunicación democrática, así como su incidencia en la trama social. Se trata, en ambos casos, de necesarios repasos históricos por experiencias forjadas a pulso en el continente y en el país, en busca de democratizar la comunicación y, como señala el autor, muchas veces haciendo preceder la experiencia ante la teoría.

La octava parte —quizás una de las más entrañables— titula La Radio popular en Bolivia: la lucha de obreros y campesinos para democratizar la comunicación y está compuesta por un texto del año 1993, escrito por el autor del libro, en coautoría con el profesor Jaime Reyes (+) y consiste nuevamente en un minucioso repaso por las profundas aguas de la historia de la comunicación en nuestro país, en la que la radio es la gran protagonista. Este segmento no sólo es crucial para entender el curso de la historia de la comunicación en Bolivia, sino, a la vez, los desafíos que afronta la democratización de ella en el país.

La parte novena, La defensa de los grupos étnicos a través de los medios de comunicación, recupera una ponencia dictada por Beltrán en la que nuevamente a través del repaso por las experiencias radiales, esta vez en el continente, da cuenta de la importancia de la radio para las comunidades indígenas y del proceso de generación, a través de estos usos, de una comunicación alternativa. Narra, también cómo la comunicación se constituyó en esos momentos históricos como una herramienta para responder las cuestiones propias de un paradigma sobre la multiculturalidad, entonces en  construcción y debate. La décima, La victoria de Donato, un comunicador aymara, no hace más que complementar, desde una experiencia personal, la idea de una comunicación democratizadora que da cuenta no sólo de los recovecos más íntimos y lindos de la historia de la comunicación en el país, sino del infinito e inagotable cariño que Beltrán guarda por estas experiencias posibles de comunicación democrática y que, a lo largo del libro, describe como joyas propias de nuestra narrativa nacional.

Finalmente, las tres últimas partes de esta publicación, presentadas de la siguiente forma: Una estrategia, una estructura; La comunicación y el desarrollo democráticos en Latinoamérica: Memoria de una quimera irrenunciable y Comunicación para la democracia en Iberoamérica: Memoria y retos de futuro se constituyen, sin duda, en las reflexiones más completas y complejas de toda la publicación que transitan desde las reflexiones teóricas propias de determinadas épocas hasta las funciones de la comunicación en varios ámbitos de la vida social y política de los Estados y sociedades. Es por ello que estos últimos textos son los que mayor cantidad de respuestas brindan y cómo no, por lo mismo, mayor cantidad de preguntas-desafíos generan.

Como puede ver, se trata de una urgente compilación sobre un siempre vigente tema que, hoy más que nunca, enfrenta desafíos que son necesarios de pensar y encarar.

Así que le sugiero que si le interesa el ámbito de la democracia y comunicación y no conoce la obra de Beltrán, le dé una mirada con carácter de urgencia a esta publicación. Si la conoce, pero no la ha retomado en los últimos años, es necesario que lo haga para (re)pasar el camino andado y hacerse preguntas en torno al camino que toca construir de acá para adelante. Si conoce la obra y ésta le ha generado tantas luces como preguntas a lo largo de su vida, no es necesario que le diga nada, ya sabe que en su biblioteca existe un lugar privilegiado, que estaba esperando por ella. Albricias, entonces.

Este texto fue publicado originalmente en el suplemento Animal Político del periódico La Razón, del pasado 7 de abril de 2013, pueden ver la publicación original en este link: http://bit.ly/ZwTSTb

lunes, 1 de abril de 2013

Periodismo y Redes Sociales




El debate en torno al rol de las redes sociales en el periodismo alcanza nivel mundial y, tras un largo proceso, ha logrado posicionar la idea general de que las tecnologías de información y comunicación, de forma general, y las redes sociales, de forma particular, no sólo están aportando al periodismo, sino que están reinventándolo.


Como a varios otros debates, como país hemos asistido con retardo a éste. Y si bien son pocos y muchas veces casi invisibles los esfuerzos que se hacen por generar una cultura del periodismo digital en Bolivia, por el contrario sí parecen ser visibles y manifiestas las posturas que consideran que, a diferencia de la tendencia mundial, lo que han venido a hacer las redes sociales en los procesos informativos formales (entiéndase periodismo) es más bien perjudicarlos.

No se lo hace manifiesto de forma tan contundente, pero sí se llega a señalar (en artículos y en las propias redes) que la mentira, la especulación, la tergiversación y la falta de seriedad en el flujo informativo hacen que tanto la verdad como el periodismo se vean amenazados.


No podemos negar, claro, que todas las malas prácticas informativas citadas anteriormente hayan encontrado en las redes sociales virtuales un espacio ideal donde no sólo se pueden tergiversar, sino incluso crear determinadas informaciones.

Yéndonos a dos ejemplos recientes podemos citar aquellas declaraciones que pusieron en la boca del papa Francisco, quien habría demostrado misoginia durante la candidatura de la actual Presidenta de su país.

Como reguero de pólvora la noticia copó muros de Facebook mundiales y nacionales, y pronto apareció, incluso, en programas televisivos. La supuesta noticia tenía como fuente una agencia de noticias; muy pocos de los replicantes que compartieron la noticia se tomaron el trabajo tan simple de poner en Google las propias declaraciones para verificar su autenticidad; quienes sí lo hicimos en las primeras horas verificamos que dicha nota no existe, aunque horas más tarde una podía ya encontrarla incluso en medios de comunicación.

Otro ejemplo tiene que ver con la supuesta lapidación que se llevaría a cabo en Túnez a una muchacha de nombre Amina; rápido los indignados del mouse compartieron la noticia repudiándola, pensando que al hacerlo estarían coadyuvando a que tal atrocidad no se consume y estarían cumpliendo así su rol en la defensa de los derechos humanos, cuando en realidad lo que estaban haciendo era consolidar la imagen de una religión como violentadora de derechos humanos en un país en el que la lapidación y la pena de muerte simplemente no son reconocidos jurídicamente.

Los ejemplos sobran en el país y en el mundo, pero no son suficiente argumento para que, en estos tiempos, los periodistas ejerzan el rol de guardianes de la información criticando la influencia de las redes sociales en su trabajo.

Tienen dos opciones: subirse al coche ciudadano que ejerce su irrestricto (por ello ocasionalmente deficiente) derecho a la comunicación en estos nuevos soportes, o servirse de ellos y, peor aún, criticar las formas y características de dicho flujo informativo que alimenta sus noticieros y sus periódicos diariamente.

Hacer lo segundo no sólo es desleal con quienes alimentan diariamente su trabajo, también da cuenta de una ignorancia abismal sobre el funcionamiento de estas comunidades virtuales y, peor aún, demuestra un egoísmo/miedo a perder los privilegios que otorga el poder de la información.  



Nota publicada originalmente en el Suplemento IDEAS del periódico Página Siete, que sale a circulación, extraordinariamente, hoy lunes 1 de abril de 2013. Pueden ver la versión original en este link: http://bit.ly/10syUju

lunes, 18 de marzo de 2013

Yo nací en otra América Latina


La América Latina en la que yo nací ingresaba, en el marco de sus propias dinámicas, a tiempos democráticos, tras una oscura época dictatorial sembrada a lo largo de todo el continente.

Años más, años menos, la tónica continental era la reconstrucción democrática y la reconciliación sociopolítica al interior de cada país.

Para aquel entonces, las lecturas sobre la patria grande de Simón Bolívar y San Martín, o de Nuestra América de José Martí, eran apropiadas sólo para soñadores que buscábamos sedientos dar de beber a la utopía, aquella que, bien enseña Galeano, nunca se alcanza, pues “para eso sirve, para caminar”.

Fue entonces el Consenso de Washington, la matriz ideológica, política y económica que desde el norte cambió la agenda continental, que convidaba a los estados de flamantes democracias reconquistadas a mirarse el ombligo y servir al mercado.

Eran tiempos de mirar la utopía de Martí, San Martín y Bolívar con mayor lejanía y menor claridad.

He oído y leído a muchos preguntar ¿qué tanto hizo Hugo Chávez que el mundo entero giró durante una semana en torno a su partida física?, y aunque se ha dicho de todo al respecto, la mejor respuesta la he encontrado en las palabras de Luis Toledo Sande, quien enfáticamente señala que: “Cuando la historia parecía detenida y algunos teóricos de la política desconfiaban de la viabilidad del socialismo, en aquellos días del fin de la historia, de Francis Fukuyama, y terceras vías, de Anthony Blair, de rendiciones en el ideal del socialismo ‘real’ soviético y de Europa del Este (') una voz solitaria, desde una isla en el Caribe, insistía en que el socialismo sí era posible en aquella coyuntura de desarraigo de las ideas de izquierda y progresistas ('). Cuando el campo socialista se derrumbó y la URSS se desintegró, el imperialismo, con el puñal afilado de su bloqueo, se proponía ahogar en sangre a la Revolución Cubana; Venezuela, un país relativamente pequeño de la dividida América, fue capaz de impedirlo”.

Esto a nivel histórico ideológico y mundial. Y en casa, en la región, ¿qué tanto hizo Hugo Chávez que Latinoamérica entera lo lloró de norte a sur su partida del mundo físico?






También he encontrado una respuesta precisa en las palabras de Boaventura de Sousa, quien sobre él resaltaba que “fue un artífice incansable de la integración del subcontinente latinoamericano. No se trató de un cálculo mezquino de supervivencia o hegemonía, Chávez creía como nadie en la idea de la patria grande de Simón Bolívar. Las diferencias políticas sustantivas entre los países de la región eran vistas por él como discusiones dentro de una gran familia. Cuando tuvo la oportunidad, procuró restaurar los lazos con el miembro de la familia más reticente y más pro estadounidense, Colombia. Procuró que las relaciones entre los países latinoamericanos fueran mucho más allá de los intercambios comerciales y que éstos se pautasen por una lógica de complementariedad y reciprocidad, y no por una lógica capitalista. Su solidaridad con Cuba es bien conocida, pero fue igualmente decisiva con Argentina durante la crisis de 2001-2002 y con los pequeños países del Caribe”.


Esto a nivel histórico solidario y continental.


Silvio Rodríguez, en su Preludio de Girón, ha sintetizado quizás de la mejor forma, hace ya muchos años, cómo es que se siembran aquellos que no mueren; cuando canta “con patria se ha dibujado el nombre del alma de los hombres que no van a morir”.

Y cuando me refiero a la patria, hablo de la grande. Yo ya no necesito explicar lo que es la patria grande en este espacio; después del paso de Chávez por la historia, usted está viviendo en ella.


Esta nota fue publicada originalmente en el suplemento IDEAS del periódico de circulación nacional Página Siete, el pasado domingo 17 de marzo. Pueden ver el link original a la nota, en este enlace: http://bit.ly/109rEep


martes, 5 de marzo de 2013

Escenarios

Al referirse a la reinvención del Estado, Boaventura de Sousa se preguntaba “si durante la vigencia del reformismo el Estado fue el sujeto y la sociedad su objeto, ahora que el Estado se ha convertido en objeto de reforma, ¿quién es el sujeto de la reforma?, ¿acaso la sociedad?”.

Tal duda razonable se asocia con un fenómeno que hemos vivido este último par de semanas, luego de que el pasado 6 de febrero la Cámara de Senadores remitiera en consulta al Tribunal Constitucional Plurinacional (TCP) un proyecto de Ley de Aplicación Normativa cuyo cuarto artículo “está dirigido a determinar el correcto campo normacional del artículo 168 y la Disposición Transitoria Primera Parágrafo II de la Constitución Política del Estado”.

El fenómeno al que hago referencia tiene que ver con lo que ha ocurrido, desde entonces, en el ámbito de la opinión pública.

Con leves pero poco remarcables tránsitos, como sociedad en ejercicio de opinión pública (y publicada), hemos pasado de ser unos avezados tipnólogos (durante todo 2011), a ser unos experimentados constitucionalistas, este 2013, para determinar en los escenarios mediáticos que el presidente Evo Morales no está habilitado para postular a la Presidencia en 2014.

Con una leve pero sutil diferencia entre ambas situaciones: la habilitación (o no) del Presidente para las elecciones es un tema que no sólo hace al ámbito jurídico, sino al amplio marco de la democracia, al espacio estatal, al país y al enorme paraguas que alberga la historia nuestra de cada día, en su conjunto.

La democracia intercultural, se sabe, construye y transita aún sus propias rutas, y en ellas todas las decisiones que cada uno de los órganos que constituyen el Estado Plurinacional está tomando -proceso de reinvención estatal de por medio-, no sólo edifican la construcción de este nuevo Estado sino, además, le dan continuidad al proceso posconstituyente por el cual el país optó como ruta histórico-política.

A la luz de esta reinvención estatal y transición paradigmática es que no podemos limitar la deliberación de un tema de tal envergadura al plano únicamente jurídico aunque, claro, ésa sea la primera tentación heredada de una tradición jurídica monista.

Por el contrario, es vital (y es, además, sintomático) que todos estemos ya en este debate, pues no es un asunto de competencia estrictamente judicial sino, por el contrario, histórico, democrático, social y político.

La imagen es, como siempre, del genial Abecor.

En el campo democrático-institucional llama la atención que hayan sido precisamente los defensores de la institucionalidad, en el marco de la democracia liberal, quienes vertieron las primeras críticas al único hecho tangible que hasta ahora ha ocurrido: la remisión del proyecto de ley al TCP, enfocando los dardos hacia la intención del presidente Morales de ser reelegido en 2014, centralizando el debate en la credibilidad que se le puede otorgar al Presidente, siendo que éste es un asunto de juicio público que, usualmente, es juzgado en urnas.

Sabemos que no existen otras vías legítimas y que ofrezcan certidumbre sobre determinados aspectos más allá de las democráticas, y la vía de la consulta constitucional al órgano encargado de ello (cuya legitimidad hoy existe) es, por donde se vea, un camino legal y legítimo, del cual queda aguardar respuesta.

El escenario está planteado y es más amplio y complejo de lo que las tentaciones leguleyas nos invitan a mirar; no olvidemos pues que, en procesos de reinvención estatal, ya lo dijo Boaventura: “la lucha se produce en un espacio público mucho más amplio que el espacio público estatal: un espacio público no estatal del que el Estado no es sino un componente más”.
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La nota fue publicada originalmente en el suplemento IDEAS, de Página Siete, el pasado domingo 3 de marzo, pueden ver la versión original de la misma en el siguiente link: http://bit.ly/Z6LKFB

miércoles, 20 de febrero de 2013

El país de las mujeres

En la novela El país de las mujeres, la gran Gioconda Belli narra las razones por las que se funda el Partido de la Izquierda Erótica (PIE), que luego asciende al poder para ocuparse de defender los derechos de las mujeres tomando, en la obra, decisiones bastante drásticas, como dejar a los violadores enjaulados y expuestos para que sean humillados públicamente.

Ante la enorme crisis que se describe en la obra, los protagonistas encuentran que la toma absoluta del poder es el único mecanismo de lucha para acabar con los abusos al género femenino.

Es lindo poder introducir una idea a partir de literatura o la fantasía, porque siempre es reconfortante soñar. Es preocupante, eso sí, encontrar soluciones para problemáticas reales en la escritura fantástica, porque eso quiere decir que estamos leguas más allá del límite permitido para ciertos hechos que (des)hacen a la sociedad nuestra de cada día.

Es cierto, también, que mucho se ha (mal) utilizado ya el título de la famosa novela de García Márquez (en todas sus variantes) para nombrar ensayos, historias, poemas, ¡hasta tuits!; pero es aberrante saber que, sin variantes ni reparos de ningún tipo, lo que Hanalí Huaycho sufrió ha sido una “muerte anunciada”, capítulo por capítulo.

Suena absurdo, pero no es alejado de la verdad señalar que cada uno de nosotros fue personaje de alguno de los capítulos de la trama que pasó la joven periodista asesinada; por acción u omisión, como prefiera. Por eso nos duele, por eso nos involucra tanto a todos.

La muerte de Hanalí ha servido para destapar varios secretos a voces que todos conocemos, desde que tenemos uso de razón, sobre nuestra cultura y sociedad.

Todos de alguna forma han tratado de movilizarse estos días para aportar con su granito de arena a la causa, sumar al repudio, coadyuvar a la investigación, difundir la denuncia, participar de la marcha, proponer políticas públicas, acciones de hecho o legislación sobre el tema. Y todo ello es valioso y suma, siempre y cuando sea practicado sostenida y cotidianamente.

Como todos, he presenciado estos días varias manifestaciones de nuevos militantes de las causas femeninas, pero debo rescatar a un par de mujeres que se han atrevido, como homenaje a Hanalí, a contar sus historias de maltrato a la sociedad, como ejercicio de valentía, como cambio de actitud real.

Y yo sé que lo hemos repetido durante todo el pasado miércoles. Todos y todas nos hemos encargado de alzar consignas y manifestar posturas concretas, por ello esta nota no es ninguna novedad. Pero sí es una invitación a cambiar actitudes hoy mismo, mañana, pasado, cualquier día; desde todos los flancos.


Una movilización social/política/mediática constante es lo que necesitamos si queremos cambiar las más profundas raíces de nuestra cultura patriarcalista, machista y colonizadora.

Y, toca decirlo, no una movilización política cuando se trata de violencia política. Ni un alto desplazamiento mediático, cuando se trata de alguien del rubro comunicacional. Porque ahí empezamos a darle más valor a la vida de una frente a la de otra. Ahí empezamos nosotros mismos a reivindicarnos.

Como lo hace, con honestidad, la misma Belli reivindicando el carácter femenino innato que nos hace amar a todas nosotras y sentencia, en pleno ejercicio femenino: “a todos amo con un amor de mujer, de madre, de hermana, con un amor que es más grande que yo toda, que me supera y me envuelve como un océano donde todo el misterio se resuelve en espuma”.

Y sí, es que así amamos las mujeres. No lo olviden, varones, miren lo que nos están devolviendo. Y, sobre todo, no olviden esa forma de amar, mujeres, especialmente cuando enfrentemos el espejo.
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Esta nota fue publicada originalmente el pasado domingo 17 de febrero en el suplemento IDEAS del periódico Página Siete. Pueden ver la nota original en este link: http://bit.ly/XMEkmm

lunes, 4 de febrero de 2013

Pilares

El año 2006, cuando Evo Morales llegó al Gobierno, una de las primeras medidas que tomó el Ejecutivo fue la de esbozar los lineamientos estratégicos del Plan Nacional de Desarrollo “Bolivia Digna, Soberana, Productiva y Democrática, para Vivir Bien” (PND); estos lineamientos tomaron forma de agenda de políticas públicas durante el segundo semestre del 2007 y si bien la primera gestión de Gobierno tenía un mandato claro -relacionado con el proceso constituyente- entonces toda la burocracia estatal central tomó como horizonte este plan para avanzar en lo que refiere a la gestión pública, al menos durante el periodo 2006-2010.

Lo que le seguiría sería el proceso histórico constituyente, en medio de una pugna política sobre la visión de país, y deliberaciones estructurales sobre cuál sería el “sur” del país en las siguientes décadas. El 2009, el horizonte parecía claro y tenía bastante coherencia con el PND, pues el mismo había sido elaborado con varios de los principios que los movimientos sociales del MAS propugnaban y habían aportado para la visión de país.

No me consta que la construcción del PND haya sido participativa, pero sí sabemos que fueron varios meses de trabajo y consulta los que lograron reunir las aspiraciones de varios sectores y actores/as sobre el horizonte de resultados que esperábamos de la gestión pública del Gobierno. El 2009, Asamblea Constituyente de por medio, decidimos apostar por una Bolivia democrática, plurinacional, comunitaria, intercultural y con autonomías.

El año 2011, en el que los lineamientos discursivos y el relato de país estaban más claros, sólidos y legitimados que nunca, fue un año en que pesaron más los conflictos que los logros de gestión (al menos en lo simbólico/mediático) y empezaban a escucharse las voces críticas señalando que el Gobierno no tenía objetivos de gestión definidos y no existía una agenda de políticas públicas, esta vez, con el claro objetivo de implementar/consolidar el Estado Plurinacional, establecido en la Constitución.   
    
Este último 22 de enero el presidente Morales ha presentado al país la Agenda Patriótica 2025, materializada en los “13 pilares de la Bolivia Digna y Soberana” (que se basa y recupera algunos puntos del Manifiesto de la Isla del Sol). Y si bien, se tratan de 13 puntos que dan cuenta de un fuerte enfoque productivo e industrial que es necesario valorar, es importante también resaltar la ausencia de varios puntos que hacen al relato de país, de Estado Plurinacional.

Me refiero puntualmente a la construcción/consolidación de la democracia intercultural que se constituye como uno de los ejes que posibilita la plurinacionalidad y la interculturalidad, preservando y reinventando un sistema político que es apuesta de todos/as.

En segundo lugar, se extraña la presencia de un pilar que refiera a la construcción de un Estado autonómico, recordando que las Autonomías Indígena Originario Campesinas son también condición y resultado de la implementación de un Estado Plurinacional.

Y en tercer y urgente lugar, también se extraña la presencia de un pilar que apunte y proponga una reforma de la estructura judicial del país, que tenga como objetivo ofrecerle al país, por vez primera, un sistema judicial que garantice lo justo a las personas jurídicas y naturales en este país.

Garantizar un proceso participativo y democrático para la construcción/ajuste de estos pilares, así como deliberar en torno a ésta y otras propuestas para la Agenda Patriótica es tarea del Gobierno, no sólo porque hacerlo garantiza un alto grado de coherencia entre los planes anteriores y la Constitución con esta nueva agenda; sino porque se trata de una agenda, precisamente, patriótica y, como tal, no se constituye como un plan de Gobierno, mucho menos de partido, sino como un horizonte posible de construcción de políticas públicas estatales.

Haciéndola entre todos/as podremos creer, y sólo así será posible crear.
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La nota original fue publicada el pasado domingo 3 de febrero en el suplemento IDEAS del periódico Página Siete. Este link los lleva a la versión original: http://bit.ly/VFzg8P

martes, 8 de enero de 2013

Re-presentaciones

Hace poco menos de un año aplaudía, en este espacio, la acertada decisión de la Asamblea Legislativa Plurinacional de elegir a dos mujeres como cabezas de ambas cámaras para que condujeran el camino de este Órgano del Estado a lo largo de este año legislativo que está cerca de concluir.

Si bien lo hacía, en cierta forma, por sus cualidades de género y generacionales y por lo que ello implica en el plano simbólico -ahí donde se crean nuevos lenguajes y nuevas gramáticas que amplían y complejizan el espacio discursivo- también lo hacía esperanzada en que el Gobierno y el partido oficialista habían escuchado las interpelaciones y reflexiones que había sembrado el, hasta ahora, año más triste del proceso de cambio: aquel 2011.

Pensaba entonces y confirmo ahora que, Gabriela y Rebeca representan sin duda, algunas de las características más nobles y más ricas de este proceso. Y cuando digo representan, quiero anclarme en la palabra, es decir, alcanzar todos los múltiples imaginarios que esa palabra como cuerpo simbólico alcanza en la mente de cada uno/a y en nuestra memoria colectiva, en la diversidad de resonancias que tiene para varios/as bolivianos/as.

Digo representan pensando, por ejemplo, en que simbolizan a ese sector de la clase media que ha entendido que la inclusión de los sectores excluidos implica renuncias de privilegios clasistas. Digo representan pensando en que encarnan los más dialógicos puentes entre las compañeras del campo y las de la ciudad. Digo re-presentan pensando en que vuelven a presentar a la posibilidad de deliberación como valor y principio democrático (no es casualidad que hasta la oposición haya reconocido su trabajo en busca del consenso). Digo representan pensando en que muchos y muchas nos sentimos así: presentes a través de ellas.

La imagen es, como siempre, del gran Abecor.

Si bien el año legislativo que concluye en las próximas semanas ha sido un año con menor grado de cumplimiento de agenda legislativa que los anteriores, en términos de cantidad, es justo también reconocer que buena parte de esta gestión legislativa, la Asamblea ha sido el lugar donde varios conflictos, incluso que competían al Ejecutivo, encontraron solución.

Si bien es cierto que, como señala el Presidente, en gestiones anteriores, los problemas de coordinación entre el Poder Ejecutivo y el Poder Legislativo pasaron inadvertidos del espacio público mediático; en ésta específicamente permitieron mostrar la cualidad institucional y democrática del mismo, cuando éste confió en el Tribunal Constitucional Plurinacional para la solución de divergencias internas, absolutamente legítimas y válidas.

Quizás hay esferas dentro del Gobierno que no lo noten, pero las muestras de divergencias internas son sanas, posibilitan soluciones creativas, generan dinámicas democráticas, son base y pulmón de la deliberación. Por lo tanto, enaltecen a la Asamblea, a nuestros/as representantes, nuestra cultura y espíritu democrático y, a la vez, al mismo Gobierno.

Quizás haya sectores del partido de Gobierno que aún lo resistan, pero el reconocimiento de la oposición al trabajo de las directivas es importante; es necesario que reconstruyamos el pluralismo político y el lugar es la Asamblea.

Finalmente, quizás haya grupos o personas que no lo entiendan, pero el simbolismo es significativo; pues funda y encarna futuro cuando la apuesta se la hace de manera efectiva y con resultados.

Como venga la mano los próximos días, Gabriela y Rebeca pasarán a la historia como dos mujeres que se queman. Ya sentenciaba pues, el poeta Jorge Fuentes, que “La sociedad está dividida / en tres grandes clases: Los explotadores. / Los que se queman. / Los que prefieren no quemarse.”
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La nota fue publicada originalmente el pasado 06 de enero de 2013, en el suplemento IDEAS de Página Siete, pueden consultarlo en este link: http://bit.ly/VC8WrH

Vacas Sagradas

Vacas Sagradas

Sarelisa, las almas gemelas. Los cuentos compartidos. Ellas. Nosotras.

Arcángel

Arcángel

Habrá palabras para la nueva historia y es preciso encontrarlas antes de que sea tarde.

Ángel González

Histérica

Histérica

Los 4 siglos que duró la inquisición fueron llevadas a la hoguera 8 millones de personas, la mayoría mujeres. Lo que da un total de 55 personas ejecutadas diariamente durante sólo 400 años. Si la inquisición me hubiera juzgado sería por hereje, apóstata, materialista, libertina, sediciosa, cismática, blasfema, presbilesbiana, testícula de Jehová, antiperonista, rebelde, pertinaz, contumaz y puta.

Liliana Felipe

Memoria Vigilante

Memoria Vigilante

Y los ratones hicieron una alianza y la serpiente de cascabel le puso el cascabel al gato.

Jairo Aníbal Niño